10.1.19
28.1.12
Con la venia
(Alegato en favor del sentido común ante una
sociedad contaminada por la política, la publicidad, y la televisión basura).
Día:
1/28/2012
Por
Raúl Vacas Polo
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24.8.09
Callejero
El alcalde de Salamanca vuelve a celebrar -brindando con ron Cacique- otro de sus logros "democráticos". Bastaron unos minutos, en un pleno extraordinario, para votar en contra de la propuesta presentada por el grupo socialista de revocar el cambio de nombre de algunas calles dictado por el alcalde a título personal, sin pasar por ningún pleno municipal ni comisión.

Y recuerdo también la casa de Paqui, en la calle Traviesa, dónde hicimos más de una travesura literaria.
A mí, en cambio, me gustaría vivir en la plaza del Ahorro o en la calle Compañía. Pero me tocó en suerte vivir cerca del paseo del Rollo.
Quizá algún día viva en la calle del Limón, cerca de Viki, o en la calles del Aire o Dos Encinas, o en la plaza del Jilguero, o en Zamora, junto a Elena, que me llevaba y traía por la calle de la Amargura.
A veces la vida y el callejero coinciden y uno vive en la calle de su historia. Como Déborah, que trabajó con niños en Chiapas y vivió el año pasado en la calle Guerrilleros, o Miguel, que hasta encontrar novia vivió en la calle Soledad y cuando la perdió (la novia) y cambió de piso no encontró alquiler en la calle Consuelo ni en el paseo del Desengaño.
Qué hermoso sería para un excarcelado vivir en la plaza de la Libertad; para un alumno de primer curso en la calle Licenciados; para un amante del vino en las calles Lagar, Bodegones o La Viña; para un niño en la calle Recreo; para un egoísta vivir la Calle Santa Rita; para dos novios enfadados en la calle Las Paces o la calle El Perdón.
Qué duro para un suspenso vivir en la calle de la Fe; para un balsero en la calle Cuba; para un feo en la calle Espejo; para un alcalde que pierde los papeles en la Calle Gibraltar, para un adicto al parchís en la calle Oca; para un anciano en las calles Gurruminas, Raspagatos y Sordolodo que ya no existen; para un enterrador en la calle Marmolistas y ser vecino de Pedro y Pablo; para un pescador vivir en la calle Carniceros o para un aficionado al saxofón en la Calle Silencio junto a la casa de los frailes claretianos.
Y qué escándalo sería vivir en la calle Galileo y que toda mi vida girara en torno a ti. O en la Plaza de los Gascones y ser tu Cyrano y empañar tus ojos cada noche con el vaho de mis versos. O en la calle Santa Bárbara y acordarme de ti cuando truena. O en la calle Trébol y compartir contigo la suerte de mis cuatro hojas. O en la calle Orégano, junto a un monte. Pasa la mañana. Me detengo un instante en la calle Mediodía. Miro el reloj. Me pita un coche. Será mejor que me calle.
Día:
8/24/2009
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Raúl Vacas Polo
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17.8.09
Decíamos ayer
Después de un largo paréntesis, vuelvo a abrir las ventanas de este desatendido blog y a airear sus estancias con el propósito de asomarme a la red y compartir con todos vosotros información y poesía.
He vuelto para hartarme de preguntas y escarbar tus ojos, para romperte el corazón con un zapato gris, para robarle al jueves una duda más y merendar a solas por la tarde o nunca.
He vuelto para herirte los recuerdos que prendiste en tu piel con alfileres, para ordenar el tráfico nocturno. Para trepar al límite del frío y calcular tus sueños.
He vuelto con tu sombra de la mano para invitarte al cine o al amor, para quedar contigo en un paso de cebra y abrazarnos sin prisa y sin palabras.
He vuelto para entrar en tu locura, para frotar tu cuerpo con el mío hasta inventar el fuego, para mirarte atento y escondido como si fuera algún ladrón.
He vuelto con la luna en el bolsillo para hacerte un poema a la medida. Para abrir las costuras de tu herida y colarme, tal vez, en tu silencio.
He vuelto para hablarte de los hombres, para errar otra vez y una vez más, para entrar en el fondo de tus sueños sin apenas oxígeno y encontrar un perla con tu nombre.
He vuelto para arder en tu desván, cuando el sol se derrame en las persianas y las bañe de yema y caramelo, para tocarnos con la prisa de los niños, para fumar cigarros a escondidas y adivinar tus bragas de algodón.
He vuelto a confesarte que te quiero como a un árbol, a tender mi tristeza en tu ropero, a decirte algún plan para la muerte, a acampar para siempre en tu futuro y bailar como un pájaro en la lluvia.
He vuelto como el sol de las cosechas que se afana en dorar los girasoles, como vuelven también las golondrinas, como vuelven las olas indecisas, como vuelve el amor y el bumerán.
Día:
8/17/2009
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Raúl Vacas Polo
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31.12.08
Operación Navidad
Chiste: Forges
Todo en estas fiestas son operaciones: la de salida y entrada por -carreteras nacionales y autopistas- en el nuevo año, la de los cirujanos que escayolan los huesos de quienes dieron vueltas y vueltas de campana sobre campana hasta caer en la cuneta o el arcén, las operaciones contra los camellos y las burras cargadas de chocolate, las dermoestéticas, la de los policías que siguen el rastro intermitente de la estrella de la paz en Euskadi y las operaciones bursátiles de los corredores de bolsa el día de San Silvestre.
Yo prefiero imaginar la Navidad de hace 2008 años con la Virgen empadronando al niño, dándole la teta, vacunándolo contra la polio y la tosferina; cambiándole los pañales entre tomillo y romero y llevándolo al quirófano para operarlo de vegetaciones.
Y prefiero desenchufar las luces del belén para escuchar el hipo de los peces del río, remendarme y no quitarme el remiendo y colocar en el portal un burro “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón” como el de Juan Ramón Jiménez.
Estoy enfermo de Navidad. Toso con los anuncios que nos venden ilusiones. Me sube la fiebre en las noches de este invierno ultracongelado. Estornudo, y me dicen Jesús, cuando miro al niño en los nacimientos de las librerías. Carraspeo en silencio por mis décimos de fiebre. Y para colmo se me caen los mocos en el pavo trufado. Así que sólo se me ocurre regalarles un pequeño romance:
Que se nos va un nuevo año,
como un ladrón, de puntillas,
delatado por el baño
de limón de las bombillas.
Mientras sueñan los mendigos
con besos de moscatel
y explotan los polvorones
en la estepa del mantel
de la casa de la viuda.
Mientras juegan las abuelas
a casar higos con nueces
que se enredan en las muelas,
y el alcalde oye campanas
sin saber dónde ni cuándo
prometió no estar a uvas
en el año que está entrando.
Mientras pienso en cuellos blancos
y muñecas de famosas
donde se posan las joyas
igual que las mariposas.
Mientras hay en nuestras calles
obras de la caridad
y el tráfico nos anuncia
que estamos en Navidad.
Que el dos mil ocho se va
y aún no tengo cotillón
para hacer, si no hay remedio,
de mis tripas corazón,
disfrazarme de burbuja,
balbucear estupideces,
emborracharme y gritar:
¡Vaya unas felistas fieces!
Versión de un texto publicado en Al fondo a la derecha
Día:
12/31/2008
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Raúl Vacas Polo
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29.12.08
Mordazas en Salamanca
se amordazó el corazón;
le sofocó la mordaza;
se murió del sofocón.
14 de noviembre, 1929
Miguel de Unamuno
Desde hace años, diferentes personas del mundo de la cultura de Salamanca sufrimos el veto sistemático del Ayuntamiento y de su alcalde, Julián Lanzarote Sastre, quien ha ordenado a sus técnicos que no cuenten con nosotros en la programación cultural de la ciudad. Esta decisión se debe a nuestra actitud crítica con relación a la política cultural del ayuntamiento y del propio alcalde.
No somos los únicos afectados por esta forma tan impopular de hacer política. Muchas otras personas, ya sean del mundo de la cultura o de otros ámbitos, también se sienten amordazadas y acalladas por el alcalde y su dictadura del miedo.
Nuestro propósito no es luchar, únicamente, por una causa personal sino por una forma diferente de hacer cultura en la que no se aparte de las fundaciones culturales a otros grupos políticos para hacer y deshacer a capricho, en la que la educación tenga el lugar que se merece de la mano del IME (Instituto Municipal de Educación) en claro peligro de extinción, en la que las asociaciones culturales tengan una mejor consideración y sirvan para promover la cultura en los barrios, en la que los artistas locales sean respetados y valorados por su trabajo, en la que el ciudadano se sienta partícipe de la cultura (no sólo consumidor) y en la que, en definitiva, se impongan la sensatez, el criterio y el interés común.
No queremos una cultura sometida a la vigilancia y al control. No queremos las ideologías políticas influyan en el modo de sentir la cultura. No queremos que el miedo a una actitud crítica se convierta en censura o en falta de solidaridad con algo que nos atañe a todos: la cultura.
Preguntado el alcalde por esta cuestión, en el último pleno municipal, su respuesta fue (en realidad él no contestó sino su teniente de alcalde, Fernando Rodríguez): “Las razones por las que ahora no se contrata a estas personas son las mismas por las que antes sí se las contrataba”, respuesta que equivale a aquella canción de Sabina: “como te digo una co..., te digo la o...”
Necesitamos que difundas este email entre tus contactos para que se conozca y se juzgue la situación cultural de Salamanca, una ciudad que presume de cultura pero que la practica muy poco.
Si estas de acuerdo con nosotros y compartes nuestras ideas puedes enviarnos unas líneas de adhesión al correo electrónico: lasmordazas@yahoo.es Colgaremos tus palabras en nuestro blog: http://www.lasmordazas.blogspot.com/ donde tendrás información puntual de todas las actividades que haremos para denunciar y tratar de concienciar a la gente sobre todas estas cuestiones.
Gracias por todo y un saludo
Día:
12/29/2008
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Raúl Vacas Polo
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14.6.08
Tiempo de cerezas

IV Encuentro de Animadores a la Lectura
La naturaleza de la creación.
No cantéis a la rosa, oh poetas
hacedla florecer en el poema
Vicente Huidobro
La poesía es fruto. Fruto de la mirada y el trabajo, de un proceso lento de germinación y cultivo que tiene su sentido último en el apetito lector. El poeta –como el hortelano– estercola la página; la prepara para recibir la simiente que dé origen al poema; mira a su alrededor; busca la forma de contener el mundo en esa pequeña semilla que prenderá, echará raíces, crecerá y dará su fruto.
Gottfried Benn y T. S. Eliot afirman sobre ese proceso de germinación: “Hay primero un embrión inerte o germen creativo y, por otra parte, el lenguaje, los recursos de las palabras bajo el imperio del poeta. Este tiene algo germinando dentro de sí, para lo cual debe encontrar palabras; pero no puede saber qué palabras quiere hasta que las ha encontrado: no puede identificar este embrión hasta que ha sido transformado en una disposición de las palabras justas en el orden justo.”
Y señala Jacques Maritain: “No hay experiencia poética sin que se dé un germen secreto, por insignificante que sea de un poema” El poeta se vale de la experiencia propia y ajena para escribir; lee a otros poetas; mira a su alrededor; prende la mirada en las cosas; busca sus raíces y esparce por el folio el resultado de esa labor atenta y delicada, hecha con amor, que es nombrar las cosas, darles vida propia, tal y como señala José Luis Puerto en su poema-letanía “Camino de las raíces” de su libro Señales:
CAMINO de las raíces,
Entre luces, entre sombras,
Río arriba, río arriba,
Hasta encontrar lo que importa.
Hasta encontrar la semilla
Que llevamos y nos nombra;
Hasta encontrar el jardín,
La lengua generadora.
La lengua que crea el mundo,
La que revela las cosas
Y la que llama a los seres
Con sílabas salvadoras.
Camino de las raíces,
Por el bosque, entre la fronda;
La voz del corazón dice:
Lo que amamos sólo importa
La semilla del poema es la idea misma, el sentimiento que impulsa al poeta a nominar las cosas. Cada idea necesita de la palabra que la haga eficaz, que la abone, que la convierta en emoción. La vida empieza en la semilla, en el semen, en el germen:
Así lo afirma José Ángel Valente en su poema “Rotación de la criatura”:
En el ojo de Dios verde y profundo
la primera semilla aún busca el fondo,
y todo gira allí del limo al hombre
para que el mundo empiece todavía.
Aunque la semilla, por sí sola, no garantiza la vida o el poema; es preciso el cuidado, la atención, la vigilia constante para que el agua, la luz y la tierra envuelvan la promesa del fruto. Pero no siempre tenemos la suficiente serenidad para organizar nuestra prisa y nuestra espera del mismo modo en que lo hace el moribundo del poema “La esperanza” de Gastón Baquero:
Recuerdo siempre al moribundo aquel,
el que prorrogaba su vida contemplando una rama,
al extremo de la cual solo quedaba una hoja,
nada más que una hoja resistiendo al cierzo
y a la tramontana: una hoja empeñada en no morir.
En esta espera es importante pensar en los agricultores que, año tras año, siembran las tierras para pasado un tiempo cosechar, o en quienes repueblan los bosques arrasados por las llamas con nuevos árboles o en la generosidad del que planta un árbol centenario para que lo disfruten generaciones futuras. También escribir es un trabajo de reforestación permanente; una manera eficaz de dar forma a las semillas de nuestra imaginación. Pero para que el resultado sea satisfactorio, tenga sentido y sea verdaderamente natural, debemos de ser pacientes. Toda precipitación es mala, y mucho más en la poesía.
El resultado de este trabajo, de esta labor conjunta entre el hombre y la naturaleza siempre vale la pena. Y así nos lo recuerda Manuel Diaz Luis en “Valdrá la pena”, uno de los poemas que forman parte del libro Labor de hombre:
Si no quedara nada para hablar
De lo que fuimos
Si la vida del hombre y su labor
Fueran baldías
Sólo por respirar en plenitud
Y haber amado
Valdría la pena ser abono y ser
Sustento y suelo
De otros que han de seguir los mismos pasos.
El cultivo del huerto y de la poesía son procesos similares; dos ciclos vitales que tienen su catenaria en la vida y la muerte. La materia orgánica no se crea ni se destruye sino que se transforma. La muerte es el origen de la vida; lo que da sentido a nuestra existencia. Sin la conciencia de la muerte, nuestro paso por el mundo sería distinto; de ahí la importancia de vivir y hacer vivir, año tras año, los frutos de nuestro huerto. Ese es el recado de Leopoldo de Luis en su poema “Por un vivir activo” y que forma parte de su libro Juego limpio:
1
No es verdad que tengamos que morirnos.
Nadie se muere si en la tierra deja
una clara semilla que la reja
del arado del tiempo ahínque. Irnos
quedando en los demás día tras día,
dándonos en amor y en esperanza.
Si nuestra voz segura se afianza
en la verdad, no sonará a vacía.
No sonará a desnuda, inútil caja,
sonará a corazón: verso, obra, hijo:
a lo que rumorosamente crece.
Arrancad a la vida esta mortaja
con vuestro propio ser: un amasijo
de tierra y sueño y luz que no perece.
2
De tierra y sueño y luz que no perece
es esta carne que a la tierra damos
porque somos igual que verdes ramos
por los que un árbol grande y vivo crece.
La vida de la tierra enriquecemos,
en nosotros su gran mar muere y nace
y estos huesos de cal que se deshace
en ese mar son necesarios remos.
Pequeños remos que a mover ayudan
el navío. La vida está encallada,
hundida está en un cieno indiferente.
Que los remos de cada uno acudan
y remuevan la negra agua estancada
y remen, remen más, contra corriente.
Es labor del poeta y del labriego bregar en esta vida, bregar con las palabras y la tierra, dar forma al fruto que la tierra y el amor nos deparan. Y una vez recolectado el beso o el poema, una vez saboreado el premio ya maduro de algún sueño o una idea, nuestra labor de hombre, nuestro esfuerzo, se verá compensado. Por eso poeta y labriego han de arar y cantar con entusiasmo, siempre con la esperanza y la mirada puesta en el fruto de su trabajo, aunque la desolación y el hastío empañen a veces su esfuerzo. Es la reflexión que hace Gabriel y Galán en este fragmento de su poema “Ara y canta”, del libro Campesinas. En él invita a la alegría a quienes piensan si vale la pena tanto sacrificio, si no es mejor poner la vista en otras lindes, más allá del folio o la tierra de labor que tan duro oficio acarrean:
I
Labriego, ¿vas a la arada?
Pues dudo que haya otoñada
más grata y más placentera
para cantar la tonada
de la dulce sementera.
¿Qué has dicho? ¿Qué al desgraciado
que pasa el eterno día
bregando tras un arado
jamás cantó la alegría,
si alguna vez ha cantado?
Es una queja embustera
la que me acabas de dar
¿No sabes que yo sé arar?
Pues déjame la mancera,
y oye, que voy a cantar.
II
“Labriego poco paciente:
si crees que sólo tu frente
vierte copioso sudor
que sorbe innúmera gente,
sal de tu error, labrador.
Lo dice quien es tu hermano,
quien canta tu lucha brava;
lo dice quien por su mano
siega la mies en verano
y el huerto en invierno cava.
¿Qué sabes tú del tributo
que el mundo al trabajo rinde,
ni qué sabes de su fruto,
si no has traspuesto la linde
del terruño diminuto?
Si el mundo aquel te impusiera
yugos que impone al mejor,
pensaras que tu mancera,
si no es la más llevadera,
tampoco es la cruz mayor.
[...]
¿Qué espíritu engañador
o torpe decirte quiso:
“Llora y suda, labrador,
que el mundo es un paraíso
regado con tu sudor”?
[...]
Ara tranquilo, labriego,
y piensa que no tan ciego
fue tu destino contigo,
que el campo es un buen amigo
y el dulce miel su sosiego,
y es saludo el puro día,
y estas bregas son vigor,
y este ambiente es armonía,
y esta luz es alegría...
¡Ara y canta, labrador!”
Ya hemos insistido en que el poema y el fruto son el premio al esfuerzo del poeta y el hombre de campo. La tierra es prodigio y madre, como lo es la imaginación. Nada hay bajo la tierra –señala Claudio Rodríguez en su poema “Cosecha eterna”– que no salga a la luz. Así también es la génesis del poema, que tarde o temprano aflora sobre el terreno virgen del folio y se nos revela como fruto:
Y, nada, nada
habrá bajo la tierra que no salga
a la luz, y ved bien, a pesar nuestro,
cómo llega la hora de la trilla
y se tienden las parvas,
así nos llegará el mes de agosto,
del feraz acarreo,
y romperá hacia el sol nuestro fiel grano
porque algún día se alzará la tierra.
¿Quién con su mano eterna
nos siembra claro y nos recoge espeso?
¿Qué otra sazón sino la suya cuaja
nuestra cosecha? ¿Qué bravío empieza
a dar sabor a nuestro fruto? ¡A ese,
parad a ese, a mí, paremos todos:
nuestra semilla al viento!
Pero qué importa. ¡Ved, ved nuestro surco
avanzar como la ola,
vedle romper contra el inmenso escollo
del tiempo! Pero qué importa. ¡A la tierra,
a esta mujer mal paridera, demos
nuestra salud, el agua
de la salud del hombre! ¡Que a sus hijos
nos sienta así, nos sienta
heñirla sin dolor su vientre a salvo!
Y qué bien sabe el fruto del esfuerzo, el fruto hecho poema con las palabras que –en boca de Carlos Edmundo de Ory– el poeta hurtó del árbol, del dulce verbo celestial divinas.
He aquí una breve muestra de frutos: una patata cultivada por Domingo López Torres en su libro Lo imprevisto, una sandía de la huerta poética de Salvador Rueda y una hermosa naranja arrancada del árbol titulado Libro de las loas de Antonio Oliver:
LA PATATA
Descansabas, incauta, adormecida,
azul en tu indecisa adolescencia,
verde en la distracción de los quehaceres,
de tu casa, tu sexo, tu ventura.
La tierra, blanca, negra o colorada,
ponía ya un estigma a tu destino
de blanda, dura, amarga
o dulce carne.
Podías navegar por las alturas
de los mares más hondos,
o perderte en la insulsa algarabía
del discurrir más tonto
por el cauce normal de la costumbre.
Así, sin conocer el jubiloso grito
de la entrega sin qué, ni cómo, cuándo,
que multiplica en 7 lo que es 1,
un 16 cualquiera, entre mis manos,
temblorosa, indecisa, sucia, negra,
caíste.
El filo más agudo del deseo,
de mi sangriento amor,
mi ruin coraje,
te arrancaba la piel entre mis dedos,
y los gritos, lamentos y suspiros
se perdieron sin eco entre mis manos
de asesino inexperto.
Cuando tu cuerpo blanco, mutilado,
cayó sobre las aguas de tu cielo,
el gris estaño de tu desventura,
se partió en mil pedazos.
LA SANDÍA
Cual si de pronto se entreabriera el día
Carmín incandescente parecía
Tajada tras tajada, señalando
Las separó la mano de repente,
LA NARANJA
¡Qué gozo da, naranja,
tenerte entre las manos!
¡Qué gozo tu volumen
que sideral, alcanzo,
como quien de la noche
llega a coger un astro!
Si constelas
el árbol,
sobre la mesa pones
los resplandores áureos
que apartan la tiniebla,
el duelo y el quebranto.
Naranja, mundo en ciernes,
dulce globo terráqueo,
dicha redonda
al tacto.
Te miro, con delicia;
con arrobo, te palpo;
más que fruta, eres hembra
cuando apuro tus gajos.
En el balcón tu cáscara
es un rizo dorado,
tirabuzón de bella,
chorro de luz,
escándalo.
Gloriada sea la tierra
que te encendió en su parto
para que perfumases
la vida, el ser, el ámbito.
Gran milagro y prodigio el de la maduración de un poema o un fruto. Ambos exigen de una atenta espera, pero también de luz y agua, de savia, de aliento, antes de llegar al paladar, de regalar su pulpa y su esencia.
Pero a veces el fruto no madura y se malogra. O se pudre en silencio. Y vuelve a la tierra o al origen con el propósito de abonar y fertilizar la tierra pues no se presta al bocado. Atendamos pues al poema y al consejo de “La pera verde y podrida” de Concepción Arenal para que el fruto verde y el adolescente completen su maduración y no caigan del árbol antes de tiempo:
Iba un día con su abuelo
paseando un colegial
y debajo de un peral
halló una pera en el suelo.
Mírala, cógela, muerde;
mas presto arroja el bocado,
que muy podrida de un lado
estaba y del otro verde.
Abuelo, ¿cómo será,
decía el chico escupiendo,
que esta pera que estoy viendo
podrida, aunque verde, está?
El anciano con dulzura
dijo: vínole ese mal
por caerse del peral
sin que estuviera madura.
Lo propio sucede al necio
que, estando en la adolescencia,
desatiende la prudencia
de sus padres con desprecio;
al que en sí propio confía
como en recurso fecundo
e ignorando lo que es mundo
engólfase en él sin guía.
Quien así intenta negar
la veneración debida
en el campo de la vida
se pudre sin madurar
Abramos los ojos. Sepamos ver en el poema maduro la simiente de donde surgió, la emoción que palpita entre sus letras, la vida que contiene, su valor proteico. Y aprendamos del que sale al campo a respirar, a trepar por las ramas de los árboles y la fantasía, a soñar verso a verso, tallo a tallo. Y probemos con fruición versos y frutos. Saboreemos su carne y su jugo. Vivamos con intensidad el milagro de la vida. Sintamos la savia al respirar, intuyamos la raíz y los presentimientos, cortemos las rosas del instante. Cosechemos nuestros propios frutos. Sintamos la naturaleza –como afirma Aníbal Núñez en su libro Naturaleza no recuperable– germinar en nuestros sentidos, la ciencia de la vida en libertad, el fruto de la poesía:
Ir al campo bebernos todo el campo
subirnos a las ramas
¡qué maravilla andarse por las ramas!
confundirnos las bocas con cerezas
oler a jara el cuerpo
merendar la cascada y chocolate
trenzarte una corona de juncos del arroyo
contar las veces que la piedra roza
con el agua aprender
botánica sin flexo
zoología sin matrícula
Pero el señor rector y sus bedeles
nos tienen encerrados a la sombra
del Árbol de la Ciencia
y lo siguen regando
con tinta de tampón
¡Maldito frutal éste
que no da más que peros!
Raúl Vacas e Isabel Castaño
Escuela del Campo “De Vacas y Castaño”
Día:
6/14/2008
Por
Raúl Vacas Polo
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16.3.08
XIX Carnaval Literario

El arca de Noé y otros espacios misteriosos
Gençana es un proyecto educativo que inició su andadura hace veinticinco años y que nada tiene que ver con la enseñanza tradicional. Quien conoce de cerca sus aulas, sus métodos de trabajo, su equipo de profesores y quienes conforman la cooperativa descubre que la educación de calidad es posible, y que la enseñanza no se limita únicamente a un horario reglado y lectivo, sino que va mucho más allá.
Porque Gençana es, en realidad, una gran familia donde todo el que llega de fuera es acogido con dedicación y cariño, y donde comparten responsabilidades padres y maestros.
Me siento orgulloso de haber compartido dicho proyecto -durante seis días- con niños, profesores, jóvenes, padres, cocineras, personal de administración y dirección y todos los que trabajan día a día por educar a niños y jóvenes.
En Gençana, una vez acabada la jornada escolar, los niños y jóvenes (y también algunos padres) permanecen en el colegio sin mostrar ningún interés por volver a casa.
Las puertas del colegio y del instituto siempre están abiertas y los chicos pasan allí la mayor parte del día.
Pero este gusto por la escuela también es compartido por los padres, quienes se implican y toman protagonismo en la tarea formativa, y por los profesores, que nada tienen que ver con el habitual funcionario de la enseñanza. Ese grado de compromiso personal, ajeno a muchos colegios e institutos al uso, es lo que caracteriza a esta escuela. Y el que cada aula cuente con una biblioteca propia, y el que la motivación de los profesores sea distinta, y el que no haya un libro de texto para cada materia, y el que exista una librería con más de dos mil volúmenes que responden a un criterio de selección muy riguroso y selecto.
Gençana es sinónimo de recreo, de placer por la lectura, de gusto por la música y el teatro, de ejemplo educativo y cultural. Todos los años trabajan sobre un tema a lo largo del curso. Eligen materiales y lecturas, preparan disfraces, bailes, coreografías, piezas de teatro. Escriben, pintan, crean y comparten opiniones e ideas con escritores invitados, cuentacuentos, animadores, ilustradores, editores, titiriteros, artistas.
Este año han pasado por Gençana nombres de la talla de Ana Pelegrín, Bartolomé Ferrando, Joan Manuel Gisbert, Carlos Marzal, Antonio Santos, Mario Merlino, Primigenius, La Chana, Andrés Ibáñez, Etienne Delessert y aún faltan por pasar Miguel Calatayud y Felipe Benítez Reyes. Formar parte de esa nómina es para mí un placer, sin duda.
Gracias a Pedro y a Sofía, a Virginia, a Rafa, a Jesús (por su acogida y su trato), a Mari Carmen, al resto de profesores y equipo de Gençana, a niños y jóvenes, a los padres y, sobre todo, a Federico Martín Nebras, por confiar en mi trabajo e invitarme a vivir esta maravillosa experiencia.
Una pequeña muestra del fantástico desfile literario de este año:






Día:
3/16/2008
Por
Raúl Vacas Polo
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Leer juntos, crecer juntos

Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.
JULIO CORTÁZAR
Uno de los principales beneficios de la lectura -más allá de la imaginación y la literatura- es la posibilidad de tejer lazos y transitar caminos parecidos.
Saber que profesores, padres e hijos comparten lectura y tratan de descifrar juntos los mecanismos de la poesía es, para un escritor, lo que da sentido a su tarea de escribir y un buen ejercicio de comunicación familiar. Gracias por ello a todos los que buscan en el libro Consumir preferentemente la mejor oferta poética. Sólo espero que muchos salgan de esa búsqueda con las manos y el corazón llenos.
Cifuentes
La tarde en que tenía que reunirme con el grupo de Leer Juntos en Cifuentes la pasé junto a Helena Castro -excelente coordinadora y anfitriona- en Mejorada del Campo viendo la Catedral que está construyendo allí Justo Gallego. Y lo cierto es que regresamos, al menos yo, con el ánimo y la motivación renovados. Saber que un hombre dedica su vida y su trabajo para hacer real un sueño resulta estimulante para afrontar con esa misma decisión cualquier empresa. Helena me contó que había cierta expectación con relación a mi visita. El trabajo con lo chicos, en el Instituto, fue muy bien. Muchos llegaron a sus casas con una visión diferente sobre la poesía y compartieron con sus padres la experiencia. Algunos tenían la sospecha de que el tal Raúl Vacas era un fingidor, en el sentido que señala Pessoa: “el poeta es un fingidor / finge tan completamente / que hasta finge ser dolor / el dolor que, en verdad, siente”. Otros vislumbraron a un poeta con oficio, sobre todo en los poemas que exigen del dominio de ciertas destrezas métricas. Otros intuyeron a un joven, ya metido en la treintena de años, capaz de hablar desde la pasión y su propia vida. Y otros descubrieron, con envoltorio comercial, la cantidad de músculos, ideas y resortes que es capaz de mover el amor y también la muerte.
Escuchar a los padres y madres que forman parte del proyecto “Leer Juntos” en Cifuentes (Guadalajara) fue un placer. Porque la poesía, a pesar de las muchas carencias y prejuicios que impiden disfrutarla y sentirla con pasión, es una de las experiencias lectoras más completa. Leer un poema es jugar a disfrazarse, a mirarse por dentro, a descubrir palabra sobre palabra el sentido de cuanto nos rodea. Leer poesía es apostarlo todo al rojo, al corazón.
De la mano de Toni y Helena -impulsores del proyecto “Leer Juntos” en Cifuentes- un grupo de padres y madres se reúnen para leer y para compartir, cada cierto tiempo, un encuentro con alguno de los autores leídos. Todo ello en un ambiente relajado y cálido, al que contribuyen con efectos comprobados el moscatel y los dulces, que ayudan a digerir algún poema o algún párrafo o afrontar con determinación las intervenciones. Pero si tiramos del hilo de ese placer por la lectura en Cifuentes llegamos hasta Huesca y descubrimos a dos de las artífices de esta empresa cimentada con tiempo y con muchas horas de entrega y esfuerzo: Merche Caballud y Carmen Carramiñana. Ambas pusieron en marcha este proyecto hace más de una década y continúan estimulando a propios y extraños para contagiar -vía oral o escrita- su pasión por los libros.
Todo ese esfuerzo después de muchos años nos hace pensar en el compromiso personal y colectivo del lector y es, tal vez, la mejor de las campañas para hacer real el entusiasmo por la lectura.
Resulta reconfortante y esperanzador saber que la pasión por los libros se sustenta en gente con ganas de generar complicidades, de aprender, de crecer en familia en torno a la literatura. Y en esa tarea (en la que todos debemos ser cómplices) de devolver a niños, jóvenes y mayores el gusto por los libros, es fundamental el trabajo de quienes creen en las palabras y quienes contagian con su ejemplo y su trabajo su pasión por la lectura.
Y así, de ínsula en ínsula, uno descubre el entramado de relaciones literarias y extraliterarias que genera el proyecto de Leer Juntos, verdaderas autopistas para el tráfico de libros. Uno puede pensar que la lectura es un ejercicio íntimo, que los libros son habitaciones de hotel donde cada quien entra y sale, hace y deshace a su antojo. Pero leer es un acto solidario y es, sobre todo, una tarea colectiva. Del mismo modo en que aprendemos a leer y escribir en el colegio junto con otros niños, debemos aprender a compartir los entresijos de la lectura; intercambiar ideas, despejar incógnitas, saborear versos y párrafos. Que un padre y un hijo intercambien ideas y sentimientos con relación a un mismo libro es una tarea más que necesaria. ¿De qué sirve leer y registrar lo leído en nuestra memoria si no somos capaces de compartir los efectos secundarios de la lectura y poner en común las sensaciones y sentimientos que ha despertado en nosotros un determinado libro? Leer no significa pasar hojas y suspirar de emoción o bufar de rabia al llegar al final. Leer es crecer, compartir, sacar factor común, dar, recibir, enseñar, aprender; y todo esto se hace mucho mejor en grupo, aunque cada cual sostenga el placer y el privilegio de leer por sí mismo.
Yo creo en la literatura que gradúa la vista; que es capaz de imantar la mirada, de disgregarla, de envolverla en el papel, de regalarnos ideas y sentimientos. Creo en los libros capaces de amaestrar los sueños; en las enciclopedias abiertas por la palabra “amor”; en los diccionarios de sinónimos que nos enseñan a degustar, saborear, paladear cada palabra como manzanas de feria.
Fernando Savater lo dice con mejores palabras: “Ser por los libros, para los libros, a través de ellos. Perdonar a la existencia su básico trastorno, puesto que en ella hay libros. No concebir la rebeldía política ni la perversión erótica sin su correspondiente bibliografía. Temblar entre líneas, dar rienda suelta a los fantasmas capítulo tras capítulo. Emprender largos viajes para encontrar lugares que ya hemos visitado subidos en el bajel de las novelas: desdeñar los rincones sin literatura, desconfiar de la plazas o las formas de vida que aún no han merecido un poema. Salir de la angustia leyendo; volver a ella por la misma puerta. No acatar emociones analfabetas. En cosas así consiste la perdición de la lectura. Quien lo probó, lo sabe."
Gracias a quienes, día a día, sostienen la tarea y el compromiso con relación a la lectura. Y gracias a todos los que en Cifuentes me hicieron sentir el privilegio de ser escritor y con quienes compartí un encuentro inolvidable.
Raúl Vacas
Encuentro con alumnos en el IES de Cifuentes


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3/16/2008
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Raúl Vacas Polo
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17.10.07
Porque sois buena gente
El desván del duende acaba de publicar su primer disco
"Eres buena gente". www.eldesvandelduende.com/
Esta es mi particular celebración:
A todas las gentes buenas se informa aquí que se vende (Razón: El desván del duende) un disco, y a manos llenas. Y al abrigo de las penas del corazón que retumba pero nunca se derrumba voy a cantar al desván un tiri ti tran tran tran al compás de alguna rumba.
Que hoy sin vértigo, a tu lado, estoy dispuesto a volar de tus labios hasta el bar. ¿Por qué está el suelo mojado? Porque dicen que han regado las macetas de colores de Cáceres y alrededores y en Mineápolis, creo. ¿Te apetece de papeo pinchitos y unos licores?
El primo José Manuel templa con ron la garganta y en los ratos que no canta se deshoja, a flor de piel, entre papel y papel. Llena sus cajas vacías con cogollos de marías y su locura ordinaria, y hasta en una funeraria te canta por alegrías.
Cuando se pone el sol feo, siempre al margen de la ley, el Antonio Rumbakey comienza a montar jaleo y a animar el bailoteo. Y en medio de la función es tal su re-percusión que en las cosas del amor y al compás del buen humor te toca hasta el corazón.
A Miguel vivas le gritan las niñas de puerto en puerto, y al acabar el concierto en su escotilla le citan y entre sus brazos tiritan. Con un nudo marinero en su corazón viajero va tocando la guitarra del escenario a la barra, poropo porompom pero.
Y en verano, a la solana, y al pie del ventilador, la sombra de un cantautor se entretiene en la ventana con ganas de armar jarana. Y no hay niña buena o mala, ni tímida colegiala que no le brinde un suspiro. Oye Jorge date el piro que la moza se acicala.
Brindo con fino y jerez por el bajo de este grupo y del que ahora me ocupo porque le toca la vez. No quisiera ser soez pero a este tipo guaperas le chiflan las enfermeras. De Badajoz a Sumatra no hay, como Carlos, pediatra, que te toque las paperas.
Ningún crítico de arte negará después de verla que esta chica es una perla y sabe como embrujarte, así que punto y aparte y a gritar juntos, a coro: ¡ay niña como te adoro! Y que nadie se preocupe porque si canta la Lupe se llena todo el aforo.
Antes de que cante el duende debéis de comprar el disco porque desgrava en el fisco y baratito se vende, que aquí el que no enseña aprende del derecho y del revés. Cuenta uno, dos y tres, no te vayas por las nubes, escribe tres dobles uves y el desván del duende es.
(A los amigos de El Desván del Duende)
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10/17/2007
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Raúl Vacas Polo
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12.8.07
¿Opinar es de sabios?

Indignante el artículo “Adiós a Espinoza” firmado por Alberto Estella y publicado en la sección de Opinión de LA GACETA REGIONAL de Salamanca el día 4 de agosto de 2007.
¿Qué fue de la elegancia, en el estilo y en las formas, del periodismo? ¿Qué ocurre con los medios de comunicación, de unos años a hoy, para que den voz a tantas y tantas palabras corrosivas y llenas de bilis, sobre todo en lo que a política se refiere?
¿Cree el señor Estella que la pérdida de comicios de la “izquierdorra salmantina”, tal y como la califica en su artículo, se debe precisamente a la sensatez y la cultura de su signo político? Ni mucho menos.
¿Cree, también, el señor Estella que referirse a Espinoza como “flor de la verdulería”, “ecolojeta”, “pleitista mayor de la provincia”, “indocto” “ex paria de la tierra” es propio de alguien que coordinó nada menos que un programa cultural en Salamanca en 2005? ¿Esa es la cultura y la limpieza que reza en el eslogan municipal?
El respeto y la elegancia son dos cualidades que distinguen al hombre culto. Esa forma de escribir, o de regurgitar, del señor Estella es lo que suscita el resentimiento y la división.
Señor Estella: tal vez debería rectificar sus palabras, sin poner en peligro sus ideas, y demostrar que la rectificación es cosa de sabios.
Creo que el verdadero currículo de las personas está en el compromiso con las ideas y en la sabia creencia de ser mucho más de lo que significan los títulos.
Es muy dichoso, tal y como escribió Fray Luis, el estado de quién busca la sencillez y la humildad y decide no ser envidiado ni envidioso”. ¿De qué le sirve a usted ser doctor para inocular, como lo hace, el virus del odio y la falta de respeto, entre tantísimos lectores? Creo que nos merecemos mucho más.
En defensa de nuestro compañero Luis Enrique Espinoza
COMUNICADO DE LA JUNTA DE PERSONAL DOCENTE E INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA A TODO EL PROFESORADO
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8/12/2007
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Raúl Vacas Polo
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25.7.07
REW

Fin del encierro. La manada descansa en los corrales. Poco después el público de la plaza, en pie, aplaude el paso de los toros, y se sienta para aguardar la llegada de los corredores y los toros al ruedo vacío.
Los mozos más rezagados corren delante de los toros en el callejón, donde un montón de corredores en el suelo se levantan y tropiezan para proseguir la carrera. Cerca de la curva de Telefónica hay una ambulancia. Una mujer acaricia el pelo de un joven ensangrentado que deja de gritar de dolor, separa los brazos de su cabeza, salta sobre el cuerno del toro, se pone en pie y vuelve la vista para ver al morlaco que se le acerca con peligro. Otro de los toros pisotea a un corredor que está en el suelo y lo empitona antes de caer y de correr torpemente por la calle Estafeta. Y un mozo siente el asta y acaricia el lomo de un jabonero que alcanza su paso antes de tropezar en la curva izquierda de Mercaderes y de golpearse después con la valla protectora a la que se encarama de un salto uno de los pastores.
La manada corre hasta la altura del Ayuntamiento. Cientos de mozos vuelven la cabeza para no perder de vista a los cabestros que preceden al grupo de vitorinos. Atrás queda el peligro de Santo Domingo donde la carrera se hace más rápida y apenas hay lugares seguros donde rehuir el miedo.
Los jóvenes se detienen. Algunos calientan los tobillos y se santiguan. Otros miran expectantes como los toros inician la carrera tras flanquear los corrales. La puerta se cierra a su paso. Suena un cohete. Los mozos cantan sus plegarias a San Fermín y agitan sus periódicos, ahora desenrollados, con los nervios cada vez más tranquilos. Dos o tres minutos y ochocientos metros separan la muerte de la vida. Corredores y público buscan su lugar en el encierro. Suena la canción de diana de La Pamplonesa. El alba da paso a la noche. Los toros corren, siguiendo a los pastores, hasta los Corrales del Gas. Suena el primer clarín. Va a comenzar el encierrillo. Los policías despejan el recorrido. El mayoral distribuye a los pastores. El reloj da las once.
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7/25/2007
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Raúl Vacas Polo
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3.7.07
Sobre el estado de la emoción

Señor Rajoy: después de escucharle en el debate sobre el estado de la nación, le invito a otro debate, mucho más íntimo, sobre el estado de su emoción, y a que piense, con la mayor objetividad del mundo (y no me refiero al periódico que le instruye), a pensar en la emociones de los ciudadanos que conforman el Estado en que vive.
Me parece una falta de responsabilidad política y moral que eche en cara a los socialistas el espíritu de revancha de la Ley de la Memoria Histórica, o que acuse al Gobierno de establecer una división entre buenos y malos. La principal división que ha habido en este país, más allá de la que existe actualmente por la política insidiosa de su partido, fue la conocida como “división azul” que luchó del lado del nazismo. Y no olvide que la memoria, cuya ley pone en duda, fue monopolio exclusivo de Franco y sus gobiernos afines que erigieron cientos de monumentos a su propia memoria, nominaron miles de calles y editaron lemas y consignas en fachadas, sellos y monedas que aún hoy, en medio de una convivencia pacífica, nos recuerdan el horror de una guerra y sirven de estímulo y guía para muchos de sus votantes.
Y me parece una falta de objetividad y de credo político, además de una imprudencia (usted que presume de ser extraordinariamente prudente) tachar los contenidos de la disciplina “Educación para la Ciudadanía” de “catecismo socialista” y de estrategia para influir moral e ideológicamente en los ciudadanos, cuando la doctrina social de la Cadena COPE, avalada por la Conferencia Episcopal y defensora de los valores de su partido, ha consistido única y exclusivamente en el engaño, la difamación, la manipulación, la demagogia y la mentira. ¿Cree usted verdaderamente que la mentira, tal vez la palabra que más emplea en sus acusaciones al Gobierno, podrá hacernos libres?
La demagogia, la retórica y la propaganda de su partido han hecho mella en muchas personas lúcidas y responsables que han acabado creyendo como válida la verdad resultante de muchas mentiras repetidas. Ese es el principal precio político de su gestión, carente de confianza en el diálogo, de proyecto futuro, de alternativas políticas y de lealtad.
Señor Rajoy, usted dijo en el debate que no pretende hacer leña del árbol caído, pero no sólo ha hecho leña, y en abundancia, sino que derriba intencionadamente verdades como árboles para asegurar la brasa de su discurso político, además del voto, con el único argumento del terrorismo
No ponga, por favor, en su boca sentimientos y frases de otros si no son para fines lícitos. Es una falta de rigor que cite a Ortega para hacer balance del número de errores del Gobierno cuando ustedes nunca han sabido reconocer y pedir perdón por los propios.
Permítame que cierre mi réplica con una convicción: usted me suscita las emociones más oscuras y cavernarias, por emplear su propia terminología, y un estado de anemia política que, no obstante, nunca me hará perder el juicio.
Si su primera intervención le pareció dolorosa, obligada como dijo por las circunstancias, espero que su dolor más íntimo, tras conocer los resultados de las próximas elecciones generales, sea mucho más recto y verdadero.
Y permítame una ironía: ¿Si al señor Zapatero le ha faltado gallardía, a usted no le ha faltado Gallardón?
Dos perlas de Rajoy:
Dale al play y escucha el
Politono Mariano Rajoy
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7/03/2007
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Raúl Vacas Polo
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19.5.07
Salamanca, la negra
(Dedicado a Josetxu Morán, Fernando Saldaña, Victorino García Calderón, y a todos los que son o han sido víctimas de alguna forma de censura o lista negra)
En todas las ciudades hay un patio que ver, alguna casa, un niño enfermo, un gran hotel y dos o tres museos. En todas las ciudades hay una calle más, algún depósito, un medallón de Franco, cementerios caros, zonas azules, azafatas que miran con un silencio aéreo.
En todas las ciudades hay turistas, abogados, dictadores, legionarios de Cristo, transeúntes, chatarreros y mujeres sin prisa con los labios rojos.
En todas las ciudades hay borrachos y palomas y balcones con geranios y señoras de luto y culturistas y academias llenas y extranjeros.
Cada ciudad esconde tras de sí otra ciudad muy diferente. Y esa ciudad, de la que viven los cronistas de sucesos, tiene otra historia y otra vida y otros hombres que pagan sus impuestos o sus culpas.
Aquí también hay dos ciudades. La Salamanca culta y limpia de los folletos de turismo. La muy noble, leal, apacible y hospitalaria. La Salamanca blanca. La renaciente maravilla de Unamuno. La que alentaba el corazón de los tenderos y los estudiantes con las muchas industrias de sus gentes y su historia, hija de la imaginación, la magia y la literatura. La del alto soto de Torres. La que vivía del arte y para el arte. La que nació de un sueño.
Y la oculta e impía. La negra. Esa otra ciudad sumergida que se obstina en vivir y morir cada minuto. La que, después de muchas páginas –algunas casi vírgenes en las bibliotecas- decidió olvidar su historia y vivir de las rentas. La que enseña sus escrúpulos y no deja dormir a los que sueñan. La Salamanca del hambre y la miseria, la violencia, el abandono y la incultura. La Salamanca derrotada por el tiempo; la que es mercado de saberes y de encuentros, de sueños urbanizados, de una cultura importada; la que empaña el color de las postales; la vendedora de noches y de piedras; la que calla y otorga. La Salamanca de postín y de fachadas. La del alto soto de grúas. La Salamanca Sociedad Anónima. La de los pueblos fronterizos. La Salamanca de las inmobiliarias. La de los bandos. La de charanga y pandereta, la derruida, la ostentosa, la sucia, la negra.
Aquella otra, la de la copla, era mantenida por cuatro carboneritos de los que entonces llegaban de la sierra con el mineral para ayudar a pobres y estudiantes a vencer el frío La negra, en cambio, se mantiene sola, intacta, ajena a la cultura y al pasado. Lejos de toda pretensión. La Salamanca que impone sus leyes, la que subyuga, la que invita al destierro, la de los medios que consienten, la de los fines ilícitos, la de los pícaros, la de los ciegos, la que censura a quienes la defienden.
Hay ciudades de vivos y de muertos, ciudades con historia y con futuro. Y hay ciudades (adiós, señor alcalde) que aprenderán un día. Ojalá que el 27 sea ese día.
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5/19/2007
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Raúl Vacas Polo
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7.5.07
A veces ocurren cosas

Ballobar es un municipio de la comarca del Bajo Cinca en la Provincia de Huesca. Un lugar apacible y lleno de vida donde tractores y libros cultivan, por igual, tierras y habitantes. Allí, junto al río Alcanadre, a veces ocurren cosas.
Todas las semanas un grupo de ballobarinas se reúne para leer y compartir su afición por los libros, hábito que, desde hace más de diez años, forma parte de sus ocupaciones diarias y que llevan a la mesa de sus casas como el pan diario.
Alegría, carnicera del pueblo y según Gonzalo Moure auténtica metáfora de Ballobar, es una lectora comprometida y un derroche de júbilo. Al igual que el resto de madres y abuelas que leen juntas, su deseo es contagiar a jóvenes y niños su entusiasmo y hacer posible un mundo mejor. “Más libros, más libres”, dice Moure.
Si atendemos al significado de la palabra “labrar”, podemos considerar la literatura y la ilustración como aperos típicos del pueblo. Porque labrar es trabajar, hacer, formar algo y hoy, Ballobar, es un referente para muchos otros lugares donde la lectura, relegada al ámbito de lo personal, quiere ser un fenómeno colectivo.
Hace apenas unas semanas concluyeron las III Jornadas Aragonesas de Bibliotecas y Promoción de la Lectura y la Escritura en esta localidad. Bibliotecarios, Escritores, Maestros y lectores de todas partes de España pusieron en común sus cosechas literarias. Dichas jornadas, impulsadas por Carmen Carramiñana y Mercedes Caballud con ayuda de Gonzalo Moure, Mariona Martínez, Samuel Alonso y Antonio Martínez, son prueba del compromiso y el esfuerzo diarios por acercar la literatura a la familia, la escuela y la biblioteca de forma activa y duradera.
Y en este empeño maravilloso colaboran madres e hijos, abuelos y nietos, maestros y alumnos, bibliotecarios y lectores. Cada cual aporta su experiencia de vida, su herencia literaria, su trabajo.
Todo en las jornadas pasa por las manos de la gente: desde las presentaciones en las mesas redondas hasta la intendencia. Un claro ejercicio de entrega y generosidad que emociona a todo el que se acerca hasta allí, una gran fiesta (que no feria) del libro sin ninguna pompa ni oficialidad. Una sueño cumplido y aún por madurar.
Humildad, cercanía, cariño, espontaneidad y voluntad conforman el índice de ese gran libro abierto que es Ballobar y del que acabo de leer y vivir el primero de los capítulos.
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5/07/2007
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Raúl Vacas Polo
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26.3.07
Guerra, S.L.
Alguien ha calculado en vidas su venganza. Alguien que, ajeno a la razón y al miedo, se ha lavado las manos con la sangre futura y ha negado las voces que defienden la vida. Alguien que ha propiciado el crimen y la rabia.
Por eso, y porque el sueño y el deseo de la Paz aún tienen luz y defensores (a pesar de la guerra), os pido que gritéis todos los días como el que siente cerca el ruido del disparo.
No permitáis que el mundo se resuelva a nuestra espalda. No consintáis el uso de la vida en manos del verdugo. No admitáis el fracaso y la desesperanza. No os conforméis con detonar el grito. No toleréis que el pulso de los hombres se discuta con armas y resoluciones, que la muerte sea excusa o garantía para librar al hombre de otros hombres, que la fuerza se imponga a la cordura.
No alentéis a los hombres que olvidaron un día la palabra amor. No abráis la puerta al lobo de las pesadillas. No sostengáis el peso de la destrucción y el frío. No apuntaléis los sueños abatidos ni mostréis la verdad y las heridas sin dignidad y arrojo. No enmascaréis al ogro de los cuentos para hacerlos más tibios e inocentes. No silenciéis a aquellos que negocian el precio de la vida, a aquellos que ahuyentaron los sueños de los débiles, a todo el que declara la renta de sus balas. Nunca honréis a la muerte como a vosotros mismos. Nunca rindáis el grito y la saliva. Nunca juzguéis al hombre que saneó su juicio. No admitáis eufemismos ni chantajes. No calculéis la angustia y el abismo que separa al relámpago del trueno, al grito de las bombas, a la muerte del sueño y de la luz.
Tal vez un día el corazón del hombre –a punto de pudrirse– madure y se haga dulce como un beso. Tal vez la vida no cierre sus puertas esta primavera por defunción o miedo. Tal vez los hombres y mujeres que soñaron dormidos una madrugada –a pesar de las bombas y sirenas– no pierdan nunca la esperanza. Tal vez no pierdan nunca las palabras. Tal vez no pierdan. Tal vez no. Tal vez.
No a las armas. No a las imposiciones. No a las mentiras. No al terrorismo. No a los bastardos unidos. No a las dictaduras. No a la guerra.
(Artículo publicado en el libro Al fondo a la derecha.)
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3/26/2007
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Raúl Vacas Polo
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La verdad

Nunca como ahora la verdad fue tan maleable y estuvo tan devaluada. La verdad del que jura con solemnidad ante el juez. La verdad del periodista que cree en la cláusula de conciencia. La verdad dialéctica del parlamentario. La verdad que nos ha de hacer libres, como profetizaba San Juan.
Hoy, la verdad verdadera es tan sólo el eslogan de una compañía de móviles. Poco más.
Una y otra vez se invoca a la verdad desde la duda y la mentira sin importar su verdadero valor o su constitución, únicamente sus consecuencias. Una y otra vez las medias verdades, o las mentiras, se enarbolan con fines políticos o partidistas. Una y otra vez dudamos si la verdad ya es únicamente patrimonio de niños y borrachos. Se cree y se confía en la verdad como castigo (verdades como puños que golpean) o como prueba testifical, pero nunca como valor añadido.
La verdad está en boca de todos pero no en el ánimo, el corazón o la mente. El desuso o la mala utilización que hacemos de ella ha conseguido destruir su inmutabilidad. La verdad ya no es indubitable.
Dice el refranero que “la verdad más firme, surge de una mentira solidamente repetida” ¿Es esta verdad la que nos hará libres? ¿Es ésta la verdad que esclarece? ¿Qué uso hacemos, individual o colectivamente, de la verdad?
Ahora se impone el rumor, la ambigüedad, la falacia, la confusión. Y a medida que avanzan las discusiones ―señala de nuevo el refranero― retrocede la verdad.
Todos, de un modo u otro, hemos faltado en alguna ocasión a la verdad para obtener un pequeño favor o un beneficio, para defendernos de la opinión mayoritaria o para salir indemnes o con éxito de una situación difícil. Mentimos, si es necesario, para encubrir o defender a un amigo, o incluso para regalarle los oídos: “Si dices las verdades, pierdes las amistades”, insiste de nuevo el refranero. Pero ahora el uso es indiscriminado. Ahora cualquiera puede arrogarse con aquello de “Yo soy la verdad”.
Y hay quien se acostumbra a la mentira y la prefiere, aunque piadosa, a una verdad.
“Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera... pero ella prefería escuchar mentiras piadosas”, canta Sabina.
Nunca la verdad estuvo tan devaluada. La verdad de los políticos y de los curas. La verdad de los editoriales. La verdad del tomate. La verdad de la máquina de la verdad. La verdad de los jueces. Y hasta la verdad de Perogrullo.
A decir verdad ya pocos creen en la verdad.
Artículo publicado en el semanario "Avuelapluma"
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3/26/2007
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Raúl Vacas Polo
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4.2.07
Las manos
Me gustan las prendas hechas a mano, las palabras manoseadas, las manos capaces de hacer magia, las manos que operan, los mano a mano.
No me gustan las manos que manipulan, ni las manos de hierro, ni las manos largas o las manos blandas como las de los hombres sin hueso ni los besamanos.
Me gustan las manos limpias, las manos llenas de chapapote, las manos pintadas solicitando el vuelo de la paz, las manos que hacen música en el manubrio, la mano izquierda.
No me gustan los que roban a manos llenas, los que untan la mano, los que se traen entre manos maniobras extrañas, los que levantan la mano (y no para hablar). No me gustan las bombas de mano.
Me gusta ser mano en el juego, echar una mano, estar siempre a mano, ponerme en buenas manos. Me gusta la mano que mantiene, la mano que masturba, la mano que manufactura, la mano bien metida en la falda, la mano que da vida a unas sombras, el equipaje de mano.
No me gusta echarme las manos a la cabeza, la mano dura, ir de mano en mano como la falsa moneda, ni llegar a las manos o a manotazos. Y tampoco me gusta estar a trasmano.
Me gusta tener siempre a mano un periódico para buscar, en los anuncios por palabras, alguna oferta de segunda mano: se necesita mano de obra para construir un sueño a medida. Se ofrecen manos para manicura. Empresa líder en el sector busca amanuense para escribir un manifiesto contra la mano siniestra. Recibimos con la mano abierta, de antemano. Abstenerse todos aquellos que se lavan las manos.
Pero también te quiero a ti por tus manos. Y con la mano en el corazón, y con palabras de Benedetti, te pediría una y otra vez la mano: “Tus manos son mi caricia / mis acordes cotidianos / te quiero porque tus manos / trabajan por la justicia”
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2/04/2007
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Raúl Vacas Polo
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30.1.07
De altura
Recuerdo entonces con nostalgia el depósito de mi infancia, junto al antiguo parque de bomberos de Campoamor.
Cuántas veces soñé tener dinero suficiente para defender su estructura de hormigón armado –la primera en España– de la ruina y las gaviotas.
Aquel depósito de ciudad fue, en mis sueños, una sala de exposiciones con horario nocturno, una plataforma giratoria para ver el cielo en los días de lluvia, una emisora de radio que repartía el sonido de los pájaros por los autobuses urbanos, un restaurante de lujo con sabor a pueblo.
La altura produce muchos males, como el vértigo o la sensación de dominio (muy habitual entre los políticos que vuelan a diario para defender sus intereses) pero también produce muchos bienes: como el sonido de las nubes más pesadas, la mirada que teje en el horizonte su hilo invisible de araña o la emoción del que sueña con los ojos abiertos.
Aquí, en el cielo de la Salamanca rural, las estrellas se acomodan en lo alto mucho más pronto que en la ciudad.
Aquí la vida es una cuestión de altura y, en ocasiones, andamos por los tejados, como gatos, para quitar goteras, orientar la señal de las antenas o expropiar el nido a más de un pájaro.
Y es costumbre mirar al cielo para predecir la lluvia, observar el vuelo de los tordos y los arrecángeles, trepar hasta el árbol más alto para huir del mundanal ruido o desafiar
la altura con las palabras: “Poetas. / ¿Y para qué poetas a esta altura? /A esta altura de sed y de pregunta. / A esta altura fundada contra el vértigo / por vocación de salto y plenitud". (José Manuel Díez, colaborador de Avuelapluma)
Un saludo para el padre de Daniela (que es piloto) y una recomendación: pasear la mirada por el libro La tierra vista desde el cielo, un libro que no hay que pasar por alto.
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1/30/2007
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La ausencia
Echo de menos la primera caricia, el amor estrenado, el lenguaje del llanto. Echo de menos tu ombligo, tus manos breves, tus sueños nítidos, la forma de abrazarme contra el frío y la noche, tus palabras tranquilas, tu mirada exacta.
La ausencia, cuando se instala en el corazón y la memoria, se convierte en equipaje del silencio, manual del exiliado, turrón de la viuda. Nadie es ajeno a la ausencia. Nadie que no sientan la palabra vacío en el estómago podrá decir que está rotundamente vivo.
Esas son fechas para contabilizar carencias y echar en falta un abrazo, un regalo, un hogar, un anuncio. El amor es suma de ausencias y presencias, un menú elaborado con presentes y pretéritos en la medida justa.
Basta con perder algo para recordar el lugar que ocupaba en nuestra pirámide isósceles de querencias, para otorgarle de nuevo su valor y recuperar su sentido primero.
San Antonio y San Cucufato entienden, ya sea por devoción o coacción, de pérdidas reparables e irreparables y a ellos acudimos, en primera instancia, cuando echamos algo en falta.
Hace unos días perdí la cartera y con ella una parte de mi vida: el bono del metro que nunca cogí, un surtido de fotos atadas al recuerdo, las tarjetas sin crédito, mis carnés poco hechos, mi identidad. Pero sentí mucho más tu ausencia de dos días. la ausencia que, en palabras de Borges “... me rodea / como la cuerda a la garganta, / el mar al que se hunde.”. La ausencia que al instante se presiente y que Neruda distribuye en la palabra “nosotros”: “Apenas te he dejado, / vas en mí, cristalina / o temblorosa, / o inquieta, herida por mí mismo / o colmada de amor, como cuando tus ojos / se cierran sobre el don de la vida / que sin cesar te entrego.”.
Sólo el recuerdo de lo perdido mitiga el vacío de la pérdida. Solo su regreso al presente. Perder es importante para aprender a ganar. Perder es importante para sentir. Perder es importante para vivir: perdemos la inocencia, la virginidad, el sentido, la vista, el oído, la vida, perdemos el amor. Pero la oficina de amores perdidos, aún brilla por su ausencia.
Día:
1/30/2007
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Raúl Vacas Polo
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