Pasa al interior y ponte cómodo

3.8.19

Dejar huella quería

Dejar huella quería 
Presentación del libro “Prisma de huellas” Ángela Mancebo


Buenas tardes, y muchas gracias por acompañarnos en esta reunión de amigos cuyo propósito es celebrar la escritura de Ángela Mancebo, Angelina para los amigos, y dar aliento a este libro que hoy presentamos: Prisma de huellas.

Y para acompañarla en este momento vívido y vivido estamos hoy aquí, Fernando E. Gómez, amigo y vecino de Angelina, quien prologa su libro y un servidor.

Gracias a la Diputación de Salamanca por hacerse cargo de la edición y a la Casa de las Conchas por acogernos y cedernos este espacio y por apoyar una y otra vez la cultura local.

Permítanme un breve recordatorio de cómo conocí a Angelina. Fue hace unos veinte años, que como dice el tango “no son nada”. Entonces no peinaba canas sino que era un poeta alevín con ganas de aprender el oficio de las palabras. Coincidí con Angelina en el Ateneo de Salamanca, lugar que me concita muchos buenos recuerdos. Desde allí emprendimos juntos, y por separado, el camino, de manera sencilla, sin otra pretensión que la de ser y estar en la poesía. Con el tiempo volvimos a encontrarnos en esta casa, donde coordino un taller de escritura desde hace años. Y aquí estaba Angelina cada lunes, fiel a la cita con la poesía, siempre dispuesta a aprender y a compartir su memoria y sus versos. Gracias, querida amiga, por tanto.

Saben ustedes que las palabras, en ocasiones, se las lleva el aire, o el tiempo que es una forma de aire suave, una brisa imperceptible que acaba por hacer mella en el tuétano. Así que por eso he escrito unas líneas que he titulado “Dejar huella quería”, un verso de Jaime Gil de Biedma en el que nos dice que es pasada la juventud cuando descubrimos que la vida iba en serio.

Hay una cita que prende la llama de mis palabras. Se trata de un poema de Manuel Díaz Luis titulado “Las cosas” que recoge con precisión la labor del poeta y que le sienta muy bien al libro de Angelina:
Y porque estoy aquí de paso y sé
que quizá nunca vuelva,
quiero dejar los ojos en las cosas,
quedarme un poco en ellas,
y en ellas verme y ser
y darme, hacerme entrega.

Y aunque jamás regresen, los que pasen
que sientan mi latido y sepan
que hemos estado juntos, que hemos sido
camino para los que vengan.

 Allá van, ahora sí mis palabras:

 La memoria es un árbol de hoja caduca cuyas raíces se abren paso en el recuerdo, ese lugar y ese lagar donde volvemos una y otra vez para prensar nuestra nostalgia y hacer recuento del que fuimos. Hay en la memoria un filamento casi inadvertido que se enciende si pulsamos el interruptor del verbo recordar. De este modo vibran y resuenan los acordes que se ordenan y desordenan en la partitura que interpreta el corazón. Recordar es esto mismo: pasar por la cuerda más o menos tensa del latido las experiencias que marcaron nuestra vida o aquellas circunstancias que malograron la cosecha del vivir.
Somos huella. Y las huellas tejen con su fino contorno de hilo nuestra vida. Dice en uno de sus versos Chantal Maillard: “Siempre están los hilos, la maraña de hilos que la memoria ensambla por analogía. De no ser por esos hilos la existencia sería un cúmulo de fragmentos”. Huella y paisaje somos. Hitos que marcan la distancia recorrida, los pasos que dejamos atrás y que hicieron camino. Meandros que dibujan nuestras vidas y que van a dar a la mar, que es el morir. Somos camino. Pero de cuando en cuando es necesario detenerse y mirar a atrás, como Lot; desenredar el hilo, desandar lo andado, volver a las huellas de nuestras primeras pisadas, reencontrarnos con la sombra del que fuimos una vez, con el niño o con el joven que aún se esconde en nosotros, con la tierra en que arraigamos y crecimos.

Este es el propósito de Ángela Mancebo –Angelina para los amigos– en este libro: estimular los recuerdos, volver a la raíz, al origen, descubrir el paisaje exterior e interior de la infancia, desde el silencio de la encina y la meseta, ese otro paisaje íntimo que forma y conforma la mirada y el pulso.

Angelina tiende sus recuerdos al oreo, blancos como las sábanas o el folio blanco: “Mi verso es ropa tendida / en los prados bajo el cielo” dice en uno de sus poemas. Y esos versos me recuerdan a Claudio Rodríguez quién también puso a secar su alma en un poema. Dice así el poeta zamorano:

Me la están refregando, alguien la aclara. 
¡Yo que desde aquel día 
la eché a lo sucio para siempre, para 
ya no lavarla más, y me servía! 
¡Si hasta me está más justa! No la he puesto 
pero ahí la veis todos, ahí, tendida,
ropa tendida al sol. ¿Quién es? ¿Qué es esto? 
¿Qué lejía inmortal, y que perdida 
jabonadura vuelve, qué blancura?
 Como al atardecer el cerro es nuestra ropa 
desde la infancia, más y más oscura 
y ved la mía ahora. ¡Ved mi ropa, 
mi aposento de par en par! ¡Adentro 
con todo el aire y todo el cielo encima! 

 Angelina remueve las brasas del recuerdo con la badila del tiempo, tal y como hace el escritor Georges Perec en su libro “Me acuerdo”, una lista de 480 recuerdos que conforman un paisaje colectivo. A la luz del carburo la escritora alumbra su memoria y por ella transitan la casa de la infancia (“mi pulso está habitado / por el grito de sus huellas” dice Angelina) , su madre ("En la casa habitada / estabas presidiendo / el pan y los arrullos, / la lumbre / y sus destellos”), su abuelo (“Recuerdo que entonces / mi abuelo soñaba / con verme a su lado / por tenderme alas”), la escuela, esa misma escuela donde como dice Juan Carlos Mestre en un poema, aletean todavía en la pizarra / las mariposas blancas de la melancolía”).

Palabra sobre palabra se anda el camino. Somos palabras. Palabras que nos revelan quiénes fuimos, que reescriben nuestras huellas, que son memoria de lo andado.

La palabra “prisma”, que da nombre al título del libro –Prisma de mis huellas– es “un medio transparente limitado por caras planas no paralelas con el que se producen reflexiones, refracciones y descomposiciones de la luz”. No podía ser otro el título de este “caleidoscopio de recuerdos” como dice Fernando E. Gómez en el hermoso prólogo, una mirada transparente al pasado y a las huellas, a la luz de la reflexión y del recuerdo, una mirada perfumada de nostalgia.
La nostalgia es, precisamente, la puerta de atrás de la rutina, el espejo lleno de azogue, la oscuridad más amplia, la ventana más alta, el mirador del tiempo.

Y así, como Penélope, va tejiendo Angelina su ajuar de nostalgias, va hilvanando recuerdos uno a uno para coserlos después con un hilo irrompible y evitar que los descosa el tiempo. Y ahora encendamos esos recuerdos que aviva el libro con la voz cálida y pausada de Angelina. Yo te preguntaría, y así te cedo la palabra, si esas preguntas del poema con el que abres el libro son las que te empujan a escribir y si son los poemas que dan forma a este “Prisma de huellas” las respuestas:

¿Tiene la querencia peso?
¿Contabiliza pisadas?
¿Tiene color lo intangible?
¿Tiene medida reglada
 el alma cuando se abre
y se atreve a ser palabra?

9.2.19

Entrevista a Gonzalo Rojas, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana


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“No soy un literato literatoso”

La Universidad de Salamanca emprendió, con Gonzalo Rojas, un ciclo de recitales y coloquios con el que pretende acercar la poesía a los jóvenes.
El poeta chileno, premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, invitó a su auditorio “a escribir en el viento”.


-Pregunta: ¿Cómo reconciliaría la poesía con la gente joven?
-Respuesta: Esto es una urgencia de nuestros días. Yo no propongo una defensa de la poesía en la cuerda estrictamente literaria. NO soy un literato literatoso. Creo profundamente que no hay divorcio entre la imaginación científica y la imaginación poética. Pienso que debería haber en las Universidades, de nuevo, una atención a la palabra poética pero en diálogo con el ejercicio científico.
¿Qué es lo que ha pasado con la juventud? ¿Qué ha pasado para que se haya pospuesto la palabra poética y la adhesión de la juventud a la poesía? Creo que es esa suerte de anquilosamiento en lo meramente literario. El hombre de hoy, que se mueve por otras dinámicas, se cansa. Se podrían hacer, tal vez, seminarios, talleres, diálogos sobre estos temas de ciencia y literatura.

-P.: ¿Cómo recuerda usted sus poemas de juventud?
-R.: Yo no era ningún dechado. Era un hombre moroso: aprendí a escribir demorándome y no tenía ninguna impaciencia. No tenía ningún ánimo de publicidad. Simplemente escribía mis papeles, los anotaba casi en el aire. Esto era una germinación de pensamiento, no más. Vigilaba mucho la armazón, el instrumento. La imaginación puede estar disparada a toda velocidad, pero el instrumento ha de estar aquí, en la mano. La verdad es que uno no sabe de lo que escribe y, sin embargo, sabe.

-P.: El humor y el erotismo son claves importantes en su obra.
-R.: Yo creo en el eros más allá del gozo sensorio, en un eros me lleva a una libertad en todo sentido. He escrito texto de apariencia erótica, pero eso no tiene nada que ver con lo porno. Parezco un libertino, un lascivo para los que no me sepan leer. Pero en el fondo de ese libertino hay un místico concupiscente.
El humor es decisivo. Cuando el poeta se pone sentimental, cuando se desquicia en un patetismo, hace un arte menor. En cambio, el que trabaja desde la ironía y el humor establece una buena distancia e incluso se divierte un poco. Hay que tomar el mundo como es, como viene, un poco rientemente. Aunque te mueras. Eso no importa nada.

-P.: Usted dice no considerarse un poeta panfletario…
-R.: Yo siempre he atendido a la circunstancia histórica y social y a todos los problemas que implican la injusticia, el horror. Hace algún tiempo las dictaduras primaban, no hay que olvidar esto.
Seguramente no carecían de una utopía en un primer momento pero se convirtieron en situaciones policiacas, menesterosas de libertad. Frente a todo esto yo tuve una postura fuerte, terca, clara, pero sin entrar en la consigna, en el panfleto que e tan odioso y feo. Cada vez que escribí un poema, lo escribí con la máxima libertad y desde un grado más bien herético. Yo he escrito poesía política y no reniego de ello, todo lo contrario, porque la he hecho con cautela y sin hacer concesiones a la baratija.

-P.: ¿Cuáles son las circunstancias que le invitan a escribir?
-R.: La maravilla del mundo, este disparate, este absurdo. Vivir entre estas urgencias, en esta vibración tan difícil de lo contemporáneo. Yo escribo siempre desde la circunstancias y desde las contradicciones, desde lo que se me da como contradictorio. Ya les conté que se murió mi mujer. Yo me imaginaba morir, me estremecí, por supuesto, por su desaparición, y seguiré sufriendo mucho, sin duda, pero la vida es la vida y hay que asumir también desconsuelo. Ustedes ven, no soy un pesimista radical.


Tomás Sánchez y Raúl Vacas 
Salamanca, 16 de octubre de 1995

Entrevista a Desiderio García, mozo de laboratorio de la Facultad de Medicina


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“Yo cojo un cadáver como quien coge un cenicero”

Desiderio García Sánchez ocupa, sin duda, el puesto de trabajo más fúnebre de la Universidad de Salamanca. Su labor diaria transcurre entre huesos, frascos de formol y cadáveres diseccionados. Él es mozo de laboratorio en la Facultad de Medicina.

A Desiderio García se le conoce en la Facultad de Medicina como “Desi”. Esta familiaridad no sorprende a nadie, ya que lleva 35 años desempeñando allí su trabajo como mozo de laboratorio. En ese tiempo ha conocido a varias generaciones de alumnos y profesores, ha visto construir el edificio que hoy ocupa la Facultad de Medicina y se muestra muy orgulloso de todo ello. Aún guarda el recuerdo del antiguo edificio de Fonseca donde una vez fue retratado por las cámaras de la televisión en el programa “Vivir cada día”.

Cadáveres 

“Desi” empezó a trabajar a los siete años en la Facultad como ayudante de su padre. Cuando éste dejó la plaza, “Desi” le sustituyó. Tal vez sea por eso que no siente el menor rechazo a la hora de trabajar con cadáveres. Su labor consiste en prepararlos para que los futuros médicos realicen sus prácticas: “Yo cojo un cadáver igual que un cenicero o cualquier cosa y no me impone nada. Tengo que sacar los huesos, las calaveras, los cadáveres y colocarlos en las mesas de las salas de disección”. Además e esto, Desiderio debe preparar los cuerpos para poder “trabajarlos”: “Cuando traen un cuerpo hay que afeitarlo entero”, dice. “A veces me piden unos huesos y tengo incluso que descarnar los cadáveres. Hay que cocer las parte a descarnar y luego quitarle la carne, ya reblandecida. Una y otra vez, hasta que queda el hueso blanco”

Pese a la frialdad que demuestra al hablar de su trabajo, Desiderio ha pasado por duros tragos que le han marcado. Recuerda éste como uno de los peores: “Una vez trajeron unos cadáveres en mal estado, pues ya les habían hecho la autopsia y no estaban embalsamados. Estos fermentaron y hubo que sacarlos con mascarillas. Me dio tanto asco que desde entonces ya no como carne; sólo embutió y sesos porque los demás se me hace estopa en la boca. Antes, incluso me comía el bocadillo entre los cadáveres. Desde aquel día ya no”. También confiesa haber pasado por experiencias que le han sobrecogido: “Hace unos años descarriló un tren en Fuentes de Oñoro. Yo tuve que ayudar a transportar los cadáveres y, a una mujer embarazada que traían muerta, le sacaron la criatura viva de las entrañas.

Alumnos 

Desiderio conoce muy bien cuál es la reacción de los alumnos de Medicina al enfrentarse a un cadáver por primera vez: “Hay alumnos, sobre todo las niñas, a los que les da cierto reparo. Sin embargo, otros hasta se ofrecen para ayudarme a sacar los cadáveres del depósito”. Para los alumnos es muy importante que el depósito de cadáveres esté bien provisto, ya que de ello dependen sus prácticas. Desiderio afirma que “hay momentos de escasez, ya que los cuerpos se obtienen únicamente de las donaciones y de la gente que muere sin que nadie reclame su cuerpo”.

“Desi” está acostumbrado a la muerte, pero no ha perdido por ello su sensibilidad: “Cuando muere algún conocido no me quedo tranquilo hasta que lloro”. Su naturalidad y sencillez le han hecho merecedor del afecto de los alumnos. Sobre ellos opina que “los de antes era más listos, más empollones. Ahora hay muchos que son muy buenos y llevan todos los apuntes al día, pero también los hay muy malos”. Esta distinción, sin embargo, no impide que Desiderio trate a todos por igual: “Yo soy muy respetuoso con los alumnos y los trato con mucha amabilidad, quizá es por eso que me aprecian tanto”.


Tomás Sánchez y Raúl Vacas
Fotografía: José María Peña
Salamanca, 9 de octubre de 1995

30.1.19

Entrevista al bolso de María Barranco


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“María me da muy mala vida

El día que el equipo de Morirás en Chafarinas vino a Salamanca a presentar la película se despertó, como es natural, una gran expectación. El director y los actores tuvieron, en cuanto a aplausos y cotilleos, un rival de lo más curioso: el popularísimo bolso de María Barranco.
Protagonista de un anuncio de TV y conocedor de cada secreto de la actriz, el bolso –por boca de su dueña- respondió a nuestras preguntas.



-Pregunta: ¿Qué es lo que María Barranco lleva realmente dentro de ti?
-Respuesta: Lleva una agenda enorme, una bolsa con maquillaje, lleva una cartera, lleva bolígrafos, lleva un chupete por si su niña se lo pide, ¡qué más lleva!, voy a mirar… tabaco, unas gafas de sol y generalmente los guiones.

-P.: ¿Qué tal te trata tu dueña? 
-R.: Pues muy mal, me ira en cualquier sitio, no es nada cuidadosa, me arrastra. ¡Mira, me he roto por aquí! Me da muy mala vida. A veces se compra bolsos pequeños porque, claro, conmigo va cargadisima y después no los utiliza porque como no entra nada. Me trata mal; en los rodajes siempre me tiene por ahí tirado, perdido.

-P.: Siendo el bolso de una actriz, ¿se conoce a mucha gente?
-R.: Se conocen muchos sitios y mucha gente. Una de las ventajas de ser el bolso de una actriz, aparte de que puedes vivir otro tipo de vida, es que tienes la oportunidad de conocer a mucha gente, de viajar. A María le encanta viajar.

-P.: ¿No estás un poco cansado de tanto ajetreo? 
-R.: Un poco, no. Completamente. Una cosa es un viaje de placer y otra cuando vas a hacer un trabajo. Me lo paso mejor cuando voy de vacaciones, claro.

-P.: ¿Qué es lo más sorprendente que has llevado?
-R.: Esa es una buena pregunta. Cuando fue a los Goya sé que llevó otro bolso para meter todos los que le concedieron a Imanol Uribe. No pensó que fuera tantos porque, si no, hubiera ido con una malta. Yo, una vez, tuve que llevar a su perro. Fue en un hotel donde no dejaban entrar a perros. Pero, al final, entramos muy disimuladamente.

-P.: ¿Siente envidia del bolso de Rossy de Palma? 
-R.: No, yo a Rossy la quiero mucho. Rossy, además de buena actriz, es muy amiga de María.

-P.: ¿Cuál es el último guión que llevas dentro? 
-R.: Se llama Pon un hombre en tu vida, se lo dieron ayer y lo ha traído hoy. Seguro que lo lee esta noche, mientras va a dormir.

-P.: ¿Sabe quién se lo ha ofrecido? 
-R.: La directora Eva Lesmes y la productora Boca a boca.

-P.: ¿Y qué opinas de Morirás en Chafarinas, la última película de María Barranco? 
-R.: Estoy encantado. Porque viajamos a Melilla y lo pasamos muy bien. Es muy divertido hacer una película de aventuras, porque no es un género que se suela hacer mucho en el cine español, y fue divertido para ella interpretar ese tipo de mujer, muy hecha, muy enigmática. Ella ha pasado, con esta película, de ser una mujer a la que le ponían los cuernos a ser una mujer adúltera.

-P.: En Melilla hay mucho surtido en bolsos y baratos, ¿tú eres de marca? 
-R.: Pues mira, creo que María no es nada predilecta por las marcas. Le gusto porque soy suavito, porque mi piel es lisa aunque, a veces, prefiere su mochilita de loneta (enfadado).

-P.: ¿Qué tal te llevas con la agenda de tu dueña?
-R.: Depende del día. La odio esos días en que está tan llena de cosas. Los días que María está tan ocupada.

-P.: ¿Qué es lo que nunca llevarías en tu interior? 
-R.: No sé, quizá una Parabellum, por ejemplo.


Tomás Sánchez, Carmen Carmona y Raúl Vacas
Fotografía: José María Peña
Salamanca, 15 de mayo de 1995

28.1.19

El patio de mi casa es particular

Vuelve el diario “La Gaceta” con su ofensiva contra las Ferias del Libro en la ciudad de Salamanca. Una ofensiva patrocinada por algunos hosteleros y por políticos que piensa más en gobernar para el turista, y el de fuera, que para el ciudadano. ¿Y ese argumento de primero los de aquí dónde se lo han guardado? Será que los de aquí no invertimos en la ciudad y el madrileño y el turista sí.





Ahora es Begoña F. Orive la periodista que redunda en la idea de “okupación” que dicho medio plantea desde hace tiempo para referirse a la celebración de dichas Ferias en el espacio público de la Plaza Mayor. Y no es deliberado el uso de dicho término, a La Gaceta Regional de Salamanca, mucho más provincial que regional,  le gusta insistir en esta idea de “okupación” para crear aún más dudas sobre si no se estará “usurpando” en exceso este espacio con tanta celebración. Como si la Plaza fuera un patio particular en lugar de un ágora pública.

Este año, de hecho, la Feria del Libro se ha desplazado en el calendario varios días para evitar que coincida con el puente del primero de mayo. Según la Gaceta Regional, y los hosteleros que les azuzan, Salamanca se llena de madrileños y otros turistas que vienen a la ciudad para hacerse sus selfies en la Plaza y las casetas afean la imagen. Como si este lugar emblemático fuera reducido a un trampantojo para un photocall permanente. Ah, y el montaje de las casetas también les ocasiona muchas molestias a los turistas. Pobres.

Las casetas, insisten otra vez más, afean la estética de la Plaza. Las otras casetas, las que diseminan por todas las calles del centro durante las Ferias y Fiestas para ofrecer vinos y tapas a granel, no parecen ser feas. Pero tampoco parecen afear la estética de la Plaza los estandartes de las diferentes cofradías que se cuelgan de sus balcones en la Semana Santa o las torretas de luz que coloca Iberdrola para el festival “Luz y Vanguardias” o cuando en época de mundiales se llenan las terrazas de cables que se conectan a enormes pantallas de televisión. Eso es engalanarla.

Tampoco afeó la Plaza durante años el medallón de Franco. Ni aquella pancarta que el Ayuntamiento exhibió en su balcón con el lema “Venceréis pero no convenceréis”, usado de manera torticera para defender la unidad del Archivo de la Guerra Civil. Defender la estética de la Plaza Mayor pero sin plantearse ninguna cuestión ética, al respecto, parece no importarles. Como tampoco parece importarles degradar la cultura refiriéndose a las Ferias como "espectáculos de medio pelo". 

¿Fue estética la “okupación” que se hizo de dicho espacio cuando una empresa hostelera de la Plaza ocupó parte de ese espacio público para una fiesta privada? ¿Las moquetas verdes y los maceteros que se colocaron en el ágora no afeaban los selfies de los madrileños y turistas que veían como únicamente la gente de postín ocupaba aquel espacio cerrado al resto de viandantes? Aquella celebración vulneró el reglamento de uso de la Plaza pero el Ayuntamiento parecer ser más partidario de multar a posteriori (con rebaja de multa incluida) que velar por el incumplimiento de las normativas.

¿Habrá que cambiar dicha normativa donde se señalan como preferentes para su celebración en la Plaza Mayor las Ferias del Libro de la Ciudad y los acontecimientos de las Ferias y Fiestas de la Ciudad? Se habla de que la remodelación de la Plaza de los Bandos se está haciendo para acoger en el futuro las Ferias del Libro y otras actividades que tienen lugar en la Plaza. ¿Es entonces ésta la crónica de una muerte anunciada? ¿Está tomada ya la decisión de trasladar las Ferias?

Fue el propio Alfonso Fernández Mañueco, alcalde de la ciudad hasta hace poco, quien impulsó hace años la normativa de uso de la Plaza Mayor, aprobada  en pleno por el Ayuntamiento de Salamanca. Ahora las voces críticas contra la Feria lo consideran un reglamento inútil.  En ese reglamento se regula el espacio de la Plaza Mayor, un lugar público que pertenece a la ciudad pero que el Ayuntamiento entrega a manos privadas cuando le interesa o que convierte en el patio particular de su casa otras tantas.

Como hizo Franco en 1937 cuando recibió al embajador alemán Wilhelm Von Faupel “engalanando” la Plaza Mayor con grandes esvásticas. Aquella “escenografía franquista” fue un insulto grave para la ciudad. Esta otra escenografía que cada cierto tiempo impulsa el diario también lo es. La Plaza Mayor de Salamanca es de uso público y no particular.

Particular fue, por ejemplo, el uso que se hizo de ella para contentar al gremio de hosteleros que promovió el concierto de Dj Luciano como experimento de difusión de la imagen de la ciudad.  Solo dos meses después de la aprobación de la normativa ésta se vulneró por completo con la autorización de este concierto. Por cierto, el vídeo de promoción turística de la ciudad que se pretendía con esa actuación tiene 7,253 visualizaciones y cero comentarios en Youtube. ¿Es ésta la promoción auténtica de la ciudad a la que se refiere Begoña F. Orive?

Hay quien pretende otorgar el rango de “evento prioritario” a la Nochevieja Universitaria bajo el pretexto de que la imagen de la ciudad recorre el mundo entero. Y esa pretensión la avalan políticos y hosteleros de la ciudad. ¿En serio? Hasta el excalde Julián Lanzarote, a quien no quiero señalar como bueno en este artículo, se refirió a este evento como lo que es: “un botellón disfrazado” que “deja la ciudad como un vomitorio”. ¿Está es la marca Salamanca que queremos exportar fuera? ¿Aspiramos a ser como Magaluf?

No importa que la empresa Brugal proyectara sus anuncios sobre las paredes de la Plaza Mayor durante la celebración de una de esas Nocheviejas aunque la normativa sea clara en este sentido, prohibiendo en este espacio público las acciones que promocionen el consumo de alcohol. Brugal únicamente se llevó un mínima sanción y listo.

Begoña F. Orive insta al nuevo alcalde a tomar medidas contra el uso de la plaza durante las Ferias del Libro: “Pero ahora el nuevo alcalde, Carlos García Carbayo, tiene la oportunidad de regular la utilización del recinto monumental, buscando otras ubicaciones para los libreros que “okupan” durante un mes la Plaza y permitiendo solo aquellos acontecimientos que sí supongan una auténtica promoción de la ciudad” ¿Es la Nochevieja Universitaria una promoción de la ciudad?

Las huestes napoleónicas expulsadas por Wellington mutilaron las narices de muchas de las efigies de reyes y héroes esculpidas sobre los medallones de la Plaza.
Los hosteleros y el gobierno del PP quieren echar ahora a los libreros del mismo lugar y con ellos a quienes consideramos que la cultura tiene que ocupar el centro de la ciudad, porque la cultura sí que debería promocionar a una ciudad que presume de culta pero sólo se mira en el espejo de la herencia recibida. ¿Hasta cuándo vamos a vivir de Fray Luis de León y de la piedra de Villamayor? ¿Esa es nuestra única riqueza? Se echan en falta en este asunto algunas voces críticas de la Universidad, asentada curiosamente en la Calle Libreros. Algo deberían señalar con relación a esta expropiación cultural, ¿no?

Cerramos esta reflexión con las palabras que  Alfonso Fernández Mañueco firmó en el prólogo del último programa de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión:

“Las casetas invitarán a sus libros a convivir con las personas en nuestro privilegiado foro de la Plaza Mayor entre el 20 de octubre y el 4 de noviembre, a mezclarse con ellas, a ocupar un espacio y un tiempo en sus vidas. Acérquense a las librerías, paseen a su vera, déjense atrapar en alguno de los expositores, abran las tapas de un libro y a la vez su mente para ser partícipes de esa transmisión. 
Los conciertos y el teatro programados en las actividades paralelas serán un aliciente que se sume al atractivo de la lectura y al que siempre adorna nuestra Plaza Mayor. 
Las 21 librerías de 9 provincias españolas muestran el buen posicionamiento de esta feria salmantina en el panorama nacional, como corresponde a una ciudad cuyo nombre está vinculado a la cultura”.

Puro cinismo.

11.1.19

La voz del animal bajo tu piel



El viernes, 17 de noviembre, tuve la inmensa fortuna de presentar, en la Librería Letras Corsarias, el libro "La voz del animal bajo la piel" de mi querida Celia Corral Cañas. Estas fueron mis palabras:


Señor Rector
Señor Decano de la Facultad de Letras
Señores Cónsules generales
Señores Profesores
Señoras Señoritas Señores
Niños
criadas de servir
trabajadores obreros
gatos y perros
hormigas


Así, con este poema titulado “Lección de apertura a los cursos de Mitologías Orientales en la Facultad de Letras de La Universidad de X” es como Carlos Edmundo de Ory, un extraordinario poeta que murió hace unos años, se presentaba en algunos foros donde leía sus poemas.
También tenía una forma curiosa de encabezar las cartas, con un “Muy ruiseñor mío”.
Así que muy ruiseñores y ruiseñoras nuestros sean bienvenidos a Letras Corsarias y a esta presentación.

Hay un conocido haiku de Chosui que dice:

El horizonte,
con gente en bajamar
cogiendo almejas


Permítanme un pequeño cambio en el último verso para dar la bienvenida a César García, editor de Bajamar, que hoy está con nosotros en esta presentación y que ha tenido la deferencia de viajar desde Asturias para acompañar a Celia en su horizonte poético. El nuevo haiku sería: El horizonte, / con gente en Bajamar / haciendo versos. Este es uno de los propósitos de esta editorial, aprovechar la marea baja de este gran océano que es la poesía para dar a conocer el trabajo de muchos escritores y escritoras jóvenes.
Rafa Pontes, autor del prólogo de este libro que hoy presentamos, señaló en una ocasión con relación a la escritura: “Si no es endecasílabo no es verdad”. Celia sabe de esta aseveración pues su libro está escrito con ese traje a medida que es el endecasílabo desde el título: “La voz del animal bajo tu piel” hasta la última de sus páginas. Aunque esos versos de once sílabas conviven con otros de cinco y de siete disfrazados de haikus.

¿Qué voz se escucha tras la piel de este animal llamado libro? En primer plano la voz inconfundible de Celia, pero también la voz de todos esos animales que viven con nosotros y en nosotros en forma de emoción, juego, miedo, recuerdo o grito. Los humanos somos en ocasiones domésticos, acariciables y tiernos. En otros momentos somos juguetones pero también hay instantes en que nos domina la fiera que llevamos dentro. Todos estos seres que conforman el cóctel de personalidades que somos –como decía Oliverio Girondo– se muestran con mayor evidencia en el terreno íntimo del amor o en nuestra relación con los iguales. La piel esconde el ronroneo pero también el grito o el rugido.

Decía el poeta Gabriel y Galán:

Al ver ciertos niños
me digo yo a veces:
mamíferos, aves,
reptiles y peces.


Somos animales dotados de razón pero en ocasiones ésta, la razón, no basta para domar a ese animal que ora aúlla, ora gime u ora canta. Quizá muchos de ustedes tengan claro qué animal o animales conviven con usted. Yo últimamente me siento mirlo, incluso estornino. A veces ruiseñor.
Este breve texto de Galán nos recuerda el haiku de Celia:

Somos ovejas,
zorros, lobos o hienas,
a veces hombres.


Hay una interesante anécdota relacionada con el poeta Miguel Hernández. En la casa de la Calle de Arriba, en Orihuela, donde vivía con su familia había entre los moradores del hogar un hermoso pájaro, un canario. La estancia en la que pasaba las horas, dentro de su jaula, se llenaba de amarillo con el canto y el breve vuelo del pájaro y todo era luz y alegría. Pero un día (Ay, qué pena me da que se me ha muerto el canario) muere el simpático pajarito y Encarna, la hermana pequeña de Miguel llora desconsolada por las esquinas. El poeta piensa en una manera de consolarla y sale al patio, a la huerta, y arranca un limón del limonero que introduce por la portecilla en la jaula. Sí, cierto que un canario amarillo no es un limón pero ambos comparten la misma luz y la misma presencia. Con ese sencillo y metafórico gesto Miguel dota de vida a un limón, lo convierte en ave. Años más tarde el poeta palentino Francisco Vighi escribiría: “Cuando murió mi canario / metí en la jaula un limón / soy un caso extraordinario / de imaginación”.

Celia Corral Cañas sabe que el endecasílabo y la metáfora son dos pilares del hecho poético, de ahí su empeño en convertir en verdad nuestros impulsos y nuestros pulsos animales.
Señala Rafa Pontes en el prólogo: “Celia vive en el mundo con párpados, labios y metáforas: ve, nombra, trasciende. Así acontecen los días de la artista en esta selva de hombres que, por mor de la palabra, se transfigura en la ciudad ideal de los animales. Un espacio donde los seres convivimos, amantes y amados, civilizada y salvajemente”.

Voz, animal y piel son los puntos cardinales que permiten a Celia explorar el mundo con la brújula de la metáfora pero son también parte constitutiva del poema.
Un poema ha de tener voz y música y ritmo y cadencia, y el endecasílabo se encarga de afinar las palabras para que suenen en un hilo de voz y un hilo musical que enfatiza su mensaje, su ADN interno. Pero el poema también ha de tener piel y éste debe respirar hacia dentro y hacia fuera de la epidermis. Mirar debajo del caparazón, del corazón coraza que señalaba Mario Benedetti en uno de sus conocidos poemas.
Y el poema ha de ser también ese animal que vive y se defiende por sí solo. Que nos muestra los miedos y nos invita a mudar la piel o el sentimiento.
Todos los seres que se concitan, a modo de bestiario, en este libro conforman el ecosistema habitual de Celia, su hábitat natural. Ella es en sí misma muchos de los animales aquí reseñados y nos enseña a buscar la oveja de nuestra pareja. Un bestiario, como bien señala José María Cumbreño –en una de las citas del libro– es un “álbum de familia”.

Busquen una foto familiar de algún momento importante en sus vidas, un bautizo o una boda, por ejemplo. Escriban qué ven en esa foto, qué emociones y sentimientos pasan por cada uno de sus protagonistas. Hagan después un ligero cambio. Dónde escribieron padre pongan “lobo”, donde pusieron abuelo escriban “búho”, donde anotaron novia pongan “gacela”. El resultado será una fábula –con moraleja o no– y el escenario donde tuvo lugar esa instantánea se convertirá por unos momentos en bosque.

En un espléndido ensayo titulado “En la traza. Pequeña zoología poemática” Chantal Maillard acude a la imaginería zoológica para explicarnos el trabajo de creación del poeta.
El erizo y el cangrejo ermitaño –dirá Maillard– son ejemplo de descubrimiento. Al creador poco le importan las alturas, no es el fénix o el águila con su omnisciente vista de pájaro el que atrae únicamente su atención. El poeta ha de mirar a ras de tierra la realidad que existe y ha de aprender a devanarla como a un ovillo. Hay un poema, cercano al haiku, de Julien Vocance (seudónimo de Joseph Seguin) en el que relata una de sus muchas visiones de la Primera Guerra Mundial:

Quince días a ras de suelo,
mi ojo conoce los más leves montículos,
las mínimas hierbas.


Para Chantal el poema es “como el erizo de Derrida, un pequeño animal que se cierra sobre sí mismo. Un animal temeroso y humilde que solamente se abre en la mano de quien está a la escucha. El poema para mí es algo así. Es algo que se encuentra a ras de suelo.”
El cangrejo ermitaño, por su parte, toma su vestimenta de un muerto, del mismo modo que el poeta toma sus palabras de otros poetas vivos o muertos en un ejercicio de tanatocresis. Porque la poesía está hecha de velos y desvelos. Un poema, o un poeta, como una cebolla, tienen muchas capas. Y todas se complementan.
Junto al acto creativo que descubre, encarnado en el erizo y el cangrejo ermitaño, está el poema que construye. El mundo y su materia no son una realidad dada, hay que manufacturarla. La araña se encarga de tejer y destejer como Penélope las distancias y las esperas, el día a día. Este sería el modelo de construcción que propone Chantal.
Y junto al descubrimiento y la construcción de la realidad tendríamos el estremecimiento y el cuestionamiento que nos producen las cosas al mirarlas, incluso antes de ser nombradas.
La realidad no es algo estático sino inestable. A Maillard le interesa, más que la materia y la forma, el ritmo y la trayectoria que alteran dicha materia.
Y aboga por una escritura que cuestione las cosas y su concepto, plena de inocencia, que anteponga el estremecimiento que producen esas cosas antes de ser nominadas, cuando parecen muertas. Siempre el “esto” antes que la flor, dirá Maillard, para referirse al niño al que ya le han explicado qué es una flor pero vuelve a preguntar: ¿qué es esto?
El escritor y su escritura han de ser, en este sentido, como un caracol, humildes, han de trazar con hilo de baba el intersticio de las palabras y las cosas, sin pretensión alguna.
“El caracol pasa sin defenderse. Transita. En la mano, apenas sentimos una ligera humedad que luego cristaliza”, señala Chantal.
Celia es erizo, cangrejo ermitaño, araña y caracol. Y su literatura planea sobre su vida y muchas veces no acertamos a advertir cuándo está fuera o dentro del poema.

Todos ustedes conocen la máxima de Terencio: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto”, con perdón. “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno” o más certeramente “Hombre soy (y pienso que) nada de lo humano me es ajeno”. A Celia nada de lo animal le es ajeno de ahí que comience con el breve poema “Animal soy”. Y dirá también Celia en el pequeño envase de un haiku:

Es el humano
el peor animal
para el humano


Celia nos muestra qué misterios, además de las llaves, guarda el fondo del mar, qué hay en el océano, las “placenta de los dioses” como escribe la autora.

Pero también señala los secretos que nos aguardan en tierra como la araña que teje con su hilo la madeja “del te quiero y me quieres” que diría Lorca. Una araña que nos envuelve con su tela, que es frágil caparazón, o trampa o enredo. ¿No es la vida acaso un continuo tejer y destejer hasta que una de las Parcas corta el hilo definitivo?
Todos tenemos una máscara, o un papel animal que interpretar. Pero poco sabemos de esa trastienda donde ocurre todo. Así que Celia nos pasea por las bambalinas donde muda el animal su cuerpo o su piel y se transfigura. Somos oruga pero también mariposa.
Pero hay un animal, entre la fauna que transita por las páginas, que despierta con un rocío especial la curiosidad de Celia: la medusa, ser eléctrico, ser mitológico, ser divino pero también un ser doméstico en muchas de las playas y que provoca a un tiempo admiración y miedo.
Rafael Pérez Estrada, en su libro Diario de un tiempo difícil, un hermoso poema que concluye con medusas, en una comparación inolvidable:

[…]
En ocasiones es fácil confundir a los paracaidistas
náufragos con las grandes medusas.


También, en muchas ocasiones, nosotros confundimos al hombre o la mujer con el animal que late bajo su coraza. Hay un paralelismo continúo en los poemas de Celia entre hombre y animal. Tal vez las palomas, símbolo de paz y animal querido por su voluntad mensajera, nos recuerden el drama de muchas mujeres que pasaron de ser queridas a odiadas y maltratadas.
Ese es el ejercicio hermenéutico al que Celia nos invita al desentrañar, como augures, sus poemas. Y en esa tarea de exégesis descubrimos como la lucha fratricida entre hermanos puede ser contada por dos ratones que se enfrentan por el queso.
Cada animal refleja o simboliza una pulsión humana, de ahí que los seres de este libro tengan mucho que mostrarnos, tal y como hacían las fábulas de Esopo o La Fontaine. Pero aquí la moraleja está en manos del lector y de su capacidad de análisis o mimetismo.

Miremos por tanto al hombre a través de la piel del animal o viceversa y hallaremos poemas amables, dóciles como animal querido. Pero también poemas duros que esconden entre sus vísceras el grito y el dolor. Uno de esos textos titulado “La bestia” me recordó un poema que escuché a Laura Giordani aquí en Salamanca. Ambas autoras nos muestran a ese animal humano que es capaz de arrebatar la vida a unos frágiles gatos o perros recién nacidos y acabar con sus alientos en un saco de plástico en medio del río que es el morir.

¿Cómo es la vida de unos peces en esa región minifundista de agua que es una pecera? ¿Qué extrañas aves anidan en nuestras miradas? ¿Cuándo asoma en nosotros el tigre con sus garras o la libélula con su elegancia y levedad? ¿Qué cuentan a cerca de Colón y el genocidio del descubrimiento las aves del paraíso en sus tuits o en sus crónicas? ¿Qué nos enseñan animales como el perro, el gato, el pájaro, el hámster, los peces, los dragones? ¿Qué gime el animal herido que a veces somos?

Lean el libro y podrán despejar todas estas incógnitas pero cojan aliento antes del final pues Celia reserva para ese momento un poema collage, o un poema anaconda, donde enuncia con el metrónomo del endecasílabo qué hay más allá del transparente velo de la medusa, qué oscuras intimidades se ocultan en la piel, la suya propia, la de la medusa, la nuestra. Con el título “La oscura intimidad de la medusa” la autora teje un poema torrencial donde conviven Batman y Penélope, Ulises y Caperucita Roja, un ejercicio de patchwork donde lo real y lo irreal confluyen, un poema que es síntesis de una cultura globalizada y posmoderna donde la clásico y lo digital se dan la mano, donde literatura y música señalan sus convergencias, donde cabe la expresión del amor en sus dos variantes de alianza y condena. Un poema intenso y revelador que eriza nuestra piel tras una serie de poemas breves y de haikus, mucho más contenidos y cerrados.

No hay duda de que los animales han atraído desde siempre la curiosidad científica y social del hombre: sus modos de vida, su hábitat, su orden jerárquico, sus costumbres. Pero también los seres de fantasía que ocupan muchas páginas en los bestiarios han seducido a los poetas.
Pablo Neruda, Julio Cortázar, Borges, Juan José Arreola escribieron bestiarios con seres naturales o sobrenaturales. Existen bestiarios hasta en formato haiku como el de José Juan Tablada, poeta mexicano al que gustaba jibarizar el verso. Es comprensible entonces que Celia también se interese por las criaturas que pueblan nuestra vida y nuestra imaginación. Y por eso nos ofrece aquí, tras la piel de este libro, su voz y sus huellas. Corresponde ahora al lector explorar y reconocer esos rastros y esos indicios para saber qué voz late o grita en cada verso. Porque como bien dice la autora en otro haiku:

Todas las huellas
hablan del animal
que las observa


Quizá las tres edades de la alegoría de Tiziano sean en realidad cuatro y en cada una de ellas tal vez vistamos una piel distinta: de patito en la infancia, de cebra en la adolescencia, de gaviota en la juventud y de tortuga en la madurez. Cada piel con su voz y por tanto muchas voces diferentes.

Llegamos al final de estas palabras. Y he elegido para cerrar esta alocución un poema que arropa con su emoción la zoología de extravíos de mi querida Celia cuyo primer apellido, “Corral”, es casa y piel para el mío, “Vacas”. Se trata del poema dedicatoria que Ángel García López, un poeta del que he aprendido mucho, incluye en su libro “Bestiario”. Con él me despido:

Amados animales, monstruos míos,
mis familiares de lo cotidiano,
mis ingenuos, malvados enemigos,
compañeros de selva y de escenario,
de rostro semejante e igual oficio,
con los que vivo y envejezco y hablo
sin eco sobre un páramos infinito,
exactitud de oxígeno y de espacio.
En vosotros, a imagen, me defino.
Me nombro vuestro, os siento mis hermanos.
Os amo porque os odio, sois yo mismo,
espectros como yo, triste relámpago.
Gemelos de mi sombra, estáis conmigo,
edificados de mi mismo barro;
de misma carne, corazón, latido,
identidad de garras y de hálito.
Os amo porque os siento mis testigos
de tanta defunción de tantos años,
de tanto daño como el tiempo hizo.
Por eso os odio. Y por eso os amo.


Muchas gracias


Os dejo con un videopoema que Ada Trzeciakowska hizo sobre uno de los poemas de Celia:

10.1.19

Fieramente existiendo


Imagen: Joan Brossa

“La poesía es un arma cargada de futuro” dice el ingeniero de la poesía Gabriel Celaya en uno de sus grandes poemas. Y Roger Wolfe, con la pólvora aún reciente de ese verso, acciona el percutor de sus palabras y añade: “Y el futuro es del Banco de Santander”.

Hoy quiero invertir mi tiempo y mis palabras en un banco de peces, nadar contracorriente en un océano sin nombre hasta alcanzar la orilla que me salve. Recoger uno a uno los pecios y recuerdos que nos devuelve el tiempo, actualizar mis cuentas aún pendientes con la vida y el amor, repasar uno a uno los movimientos –sístole y diástole – de mi devaluado corazón, sacar del plazo fijo mis poemas y canjearlos por cromos en los parques, dar crédito a mis sueños, poner al día la cartilla de mi infancia, romper los bonos del tesoro aún no escondido, saldar todas las letras que me ahogan.

Porque la vida se nos va en cada suspiro, haciendo cuentas y balances, poniendo nuestros sueños en remojo para el día de la fiesta, ordenando los días y las noches como si fueran los juguetes de aquel niño que nunca más seremos. Y entre tanto, el futuro se nos escapa de las manos como un globo de helio y sólo conjugamos los verbos en presente.

Y en ese lento discurrir del tiempo las palabras pierden interés, se devalúan, dejan de ser preferentes, se cotizan a la baja. Y no encontramos ni sentido ni valor alguno en el poema y nos quejamos de lo que suben los libros y no de lo que baja la esperanza y apenas advertimos el valor añadido de un buen verso que nos haga temblar de lluvia y emoción, que nos mueva a reinventar el futuro desde la sensibilidad, desde el amor, desde nuestras acciones cotidianas.

Y mientras tanto los mendigos y los desahuciados de esta sociedad deficitaria se envuelven con sus cajas en las cajas y los bancos. Y los ancianos aguardan el temblor de los días siguientes sentados en un banco a la intemperie, desengañados de todo, repasando uno a uno los pocos granos cosechados después de tanto esfuerzo, de tanta lucha y tanto sufrimiento.

Y así seguimos. Depositando una y otra vez nuestros bienes y nuestro futuro en los mismos bancos que nos engañaron, dando crédito a los mismos políticos corruptos, hipotecando una vez más nuestros sueños.

Hoy voy a abrir de par en par las puertas de mi blindado corazón para que salgan a volar, como vilanos, los números rojos de mis sentimientos. “El corazón, ese órgano bursátil”, como diría Susana Barragués, esa sucursal de uno mismo, esa caja de caudales donde atesoramos lo que verdaderamente importa, lo que puede cambiar el curso de las cosas, lo que nos hace ricos de verdad: la emoción, la pasión, el amor.

Así quiero vivir, fieramente existiendo.

8.1.19

Entrevista a Nicomedes de Castro "Medes", un armuñés universal


Pincha en la imagen para ampliar


“El baile charro, cuanto más parao más bonito”

Medes, armuñés ejemplar, hombre polifacético, popular tamborilero, poeta, cantautor…
Un hombre que ha recorrido medio mundo. Siempre estuvo dedicado al campo, pero el tamboril le ha dado fama y mundo: Italia y Francia entera, Bélgica y casi toda España: Marruecos. Su particular museo “El Rincón Salmantino” está compuesto por piezas de la más diversa índole y procedencia.



-P: ¿Qué significa lo charro para un charro?
-R: Salamanca. El traje charro es lo más grande que tiene España, y el baile más bonito de España es el baile charro. Un catalán, ná, y un andaluz, venga con las manos; pero el baile charro, cuanto más parao más bonito. Cuanto más asentao más bonito.


P: El Mariquelo es el tamborilero más conocido ahora…
-R: El Mariquelo es un chulo serrano, que sé de dónde es. Una vez, en el festejo de una peña de tamborileros me ofreció su gaita para tocar porque decía que “ha tocado donde no ha tocado nadie, donde no ha subido nadie”. Y le dije: “esta gaita toca tú con ella todo lo que quieras. Antes de nacer tú ya había subido este charro donde tú has subido”.


P: Usted es de Villamayor, tierra de canteros…
-R: Salamanca le debe mucho a los canteros de Villamayor, ya está bien todo lo que ha tenido que trabajar este pueblo. Los canteros son parte de mi vida. Tengo en mi museo las herramientas del gran labrante, cantero y tallista de Villamayor José Hernández “Pepe el Limones” y uno de mis poemas dice “Te tengo dentro del alma, pedestal de piedra franca”.


-P: Con tanto mundo como tiene, tendrá mucho que contar, habrá conocido a mucha gente…
-R: Franco una vez me dijo: “¿Cuesta mucho tocar estos instrumentos?” Y yo le dije que el tamboril y la porra lo toca cualquiera: la gaita es la que jode. Y luego me puso el brazo encima del hombre y dijo: “Así que la gaita es la que jode, ¿eh?”
Con Pío XII hay una anécdota que me costó hasta llorar. Él me dijo: “¿Y tú de dónde eres?. De Salamanca, le respondí. Y abrió los brazos y dijo: “¡Oh, Universidad!, ¡Oh, Salamanca!” como si estuviera abrazado a ella (Llora de emoción cuando nos lo cuenta).
También conocí a Juan Pablo II y me dio un pergamino conmemorativo de su estancia en Salamanca.


El Rincón Salmantino
La entrada al museo de Medes se franquea mediante el permiso de una vieja carraca que antaño anunciaba la Semana Santa en el pueblo.

En la planta de arriba, el visitante puede ver: pequeños frascos en los que hay tierra de Nazaret y de las catacumbas de San Calisto…, un coral griego, un fragmento de lava volcánica, balas de la guerra de la Independencia, bayonetas francesas, un fusil, un casco alemán, granadas, un cohete de aviación, muestras pétreas de Egipto, del Templo Nubio Debod, de la Alhambra, de la Torre de Pisa, de la Basílica de San Pedro, de las Catedrales de Viseu, Segovia y Orense.

Calaveras y huesos de animales y personas, una seta de 5 kilos, fósiles de todo tipo (hasta de un cocodrilo), el escudo que le concedió la Reina Berenguela a una mayordomo de Villamayor, toda clase de aperos de labranza, instrumentos musicales de todos los lugares, un viejo gramófono, careles de ferias y de toso, su antiguo lecho nupcial, la cuna que arrulló a su numerosa prole, su pupitre de escuela y hasta un libro titulado “¿Qué se puede hacer sexualmente a partir de los 50 años?. No falta en el museo un altar donde dice: ¡Señor!, ¡Señor! / que tengas piedad de mí. / Yo te pido este deseo / y que ruegues por los que entran / en este pequeño museo.

También forma parte del “Rincón Salmantino” la Taberna de Chirico, un antiguo bar que él trasladó a su museo. La leyenda de este clásico lugar dice que “el que entre en la Taberna de Chirico tiene que mojar el pico” Nosotros, por supuesto, no faltamos.


Planta baja
En la puerta de la planta baja, hay un letrero que dice: Esta puerta bien se ve que ha quedado un poco baja. / El que quiera entrar por ella / que agache la calabaza…
Su mujer, su hijo y uno de los que suscribe no hicimos caso del anuncio y, claro… En esta parte del museo, contigua a la casa, nos encontramos con reproducciones del retablo de la Catedral Vieja, una réplica de la “Colada” del Cid, poemas dedicados a Gabriel y Galán, a Unamuno, sus premios, diplomas y demás galardonas…
Además, un busto de Medes y la maqueta de su estatua emplazada en Pizarrales, ambos realizados por Agustín Casillas.
Una variopinta colección de sombreros pone un toque exótico a su particular muestra: de guardia civil, de militar, de chófer, de lugares como China, África, Cipérez… Uno de ellos tiene una significación especial para é, pues se lo dio un muchacho de Palencia que murió en sus brazos en la batalla de Teruel.


Obras musicales
Son muchas las piezas musicales compuestas por Nicomedes. De entre ellas destacan sus dos Zarzuelas Charras tituladas “Aires Armuñeses” representadas en Salamanca por las compañías “Ases Líricos” y “Educación y Descanso”. Una de estas zarzuelas fue instrumentada por don Aníbal Sánchez Fraile. En su repertorio También se incluyen pasodobles, coplas, un himno a la Peña Unionista, charradas y una marcha a la Virgen de la Vega que dice: A la Virgen de la Vega /, le tengo yo que decir /, que la traigo y que la llevo /, en mi gaita y tamboril. / Yo te llamo Reina y madre / que otra charra no asemeja / y por esbelto palacio / tienes la Catedral Vieja…


¡Quién en sueño lo diría!
¡Oh! Peñón de piedra franca
que historia le diste un día
a la ciudad de Salamanca.
… Peñón de Canteras Recias
tienes sonrisa de niño,
de abolengo castellano,
olor de anís y tomillo
…Morada de agreste roca,
lozana espiga de trigo,
entierra parda de Armuña
hoy mil veces te bendigo.

Fragmento de su poema “Peñón de las Canteras Recias”


Tomás Sánchez y Raúl VacasLunes, 16 de mayo de 1994
Foto: Manuel Sánchez

4.1.19

Entrevista a Maese Antonio, de la Covachuela, el supermán de la bandeja



“Saber recibir, saber atender, saber despedir”


La Covachuela, inaugurada el 12 de febrero de 1964, es una de las tabernas más típicas de Salamanca. El arte, la poesía, la música y la genialidad de maese Antonio con su clásica bandeja han hecho de este lugar casa y cátedra del vino, el buen yantar y la cultura.


-P: ¿Por qué “la Covachuela”?
-R: Covachuela, según la Real Academia de la Lengua Española, es sótano de grandes monumentos. El gran monumento está arriba, en la Plaza Mayor… Cuando yo cogí este local, mi madre me dijo que me había quedado con una de las covachuelas de las del juzgado. Estas se llamaban así porque lo que hoy es el Gran Hotel, antes era el Juzgado. El nombre de covachuela se le daba, también, a todos estos locales que estaban debajo de los soportales, donde se vendían tripas para hacer la matanza y aperos para el campo.

-P: ¿Es lo mismo maese Antonio que la Covachuela?
-R: Pues mira, maese Antonio siempre tan trabajado en la hostelería bastante diferente a los demás. Desde muy niño, el público iba a verme trabajar porque les agradaba muchísimo. A través de los años la gente me empezó a llamar maestro de la profesión, hasta que Agustín Casillas me bautizó con el nombre de maese Antonio y desde entonces todo el mundo me llama así.

-P: Su arte con la bandeja y las monedas, ¿cómo nació?
-R: Surge como surgieron otras muchas facetas en el modo de trabajar. Yo encuentro un poco tosco el recoger y andar escarbando una a una las monedas que me dejaban en la bandeja para cobrar unos vinos. Siempre he buscado la parte más elegante y la forma más inverosímil de realizar las cosas. La práctica, después, te hace maestro. A la gente le gustó tanto que venían para ver cómo hacía volar las monedas. La cosa tomó tanto interés que casi todas las televisiones me han llevado a realizar “la bandeja europea! en programas como “Qué gente tan divertida”, de Tele 5. “El show de la 1”, “Más estrellas que en el cielo” y “A vista de pájaro”, en TVE. O incluso en Hispanoamérica, en el espacio “300 millones”

-P: ¿Qué es para maese Antonio su profesión?
-R: Lo importante de todo esto, en esta profesión en la que llevo desde los catorce años y a la que tengo tanto cariño es el respeto hacia el público, el saber recibir, el saber atender, el saber despedir.

-P: Los camareros de hoy, ¿ya no son cómo los de antes?
-R: Nunca se ha alternado más que ahora y nunca ha exigido menos el cliente que ahora. Este no exige nada. Quiere que le sirvas bien, quiere que le atiendas bien, pero el camarero de hoy no está tan pendiente del cliente como lo hemos estado nosotros, que así no enseñaron desde pequeños.

-P: Por la Covachuela han pasado ilustres de España…
-R: Tengo varios libros con nombres y firmas que han pasado por Salamanca y han dejado huella en esta casa… ¡Déjame la gafas, éste… Rafa! Por ejemplo: Farina, Gloria Fuertes, Torrente Ballester, Arévalo, Arturo Fernández, El cordobés, Pepe Ledesma, Venancio Blanco, El Viti, Agustín Casillas, Ramón Melero y el Coro Universitario, cuyos miembros afirman que la Covachuela es su segundo lugar de ensayo.
Por aquí han pasado grandes personajes que antes eran estudiantes y que cuando los he visto en la tele he dicho: ¿pero es posible que éste haya llegado a esto con lo que le gustaba el tinto?

-P: Con tanto estudiante, habrá buenos casos de picaresca…
-R: Hay veces que vienen cinco estudiantes. Piden tres vinos y dos no toman nada porque dicen que están mal del estómago. El estómago es la cartera, ¿sabéis? Yo entonces, en lugar de poner tres, pongo cinco y les digo que al final de mes veremos. Quiero deciros con esto que conozco bien a los estudiantes. Como a aquel tuno que nos gastó una “broma” a los tres inteligentes de la casa: a Mundi, a Nica y a mí. Cuando el chato de vino valía dos pesetas, hace 25 años, uno al que llamaban el Judas, me pidió prestadas diez pesetas porque tenía un compromiso con unas chicas. Resultó que luego nos enteramos que nos las había pedido a los tres. Cosas de la picaresca estudiantil.

-P: Salamanca….
-R: Salamanca la llevo tan dentro que te tenido ocasiones de establecerme en cualquier parte de España pero me acuerdo de los estudiantes, de la Plaza Mayor y… claro, siempre me he quedado aquí porque me tira mucho esta ciudad.
Siempre que mi señora y yo hacemos algún programa de televisión lo iniciamos cantando estrofas de canciones charras y recitan a Salamanca.

-P: ¿Cuál es el encanto de la Covachuela?
-R: La gente disfruta con el entorno que tiene la Covachuela porque, por desgracia, van quedando pocas tabernas típicas clásicas de este estilo. Cuando me quedé con este local le dije a Ramón Melero y Agustín Casillas que lo vinieran ver porque quería hacer una decoración de taberna típica castellana y nadie mejor que ellos me podía orientar. Y con poco que le dije… Esta taberna creo que ha gustado a todo el público. Tanto es así que Don Rafael Laínez Alcalá, entonces catedrático de Historia del Arte, me dijo: “Ya es hora de que se haga una taberna donde se dé vida al Lazarillo de Tormes”. Mucho antes de que se pusiera en el Puente Romano o en el Regio, ya puse yo al Lazarillo en mis paredes y techos. Y ay decía entonces: “El Lazarillo de Tormes / se metió en la Covachuela / y dicen que desde entonces / su historia en el mundo suena”.

-P: Maese Antonio… París siempre será París…
-R: ¡Pero le falta la Covachuela! Raro es el día que no recibo una carta de estudiantes de todo el mundo que recuerdan los buenos ratos que han pasado en mi taberna. Uno de ellos me envió una postal desde Francia en la que me decía: “De verdad, maese Antonio, te digo que París siempre será París, pero le falta la Covachuela”.


La Covachuela es un bar
donde brotan los almendros,
mezclados con vino tinto
y amasados con mis sueños.
Covachuela es el lugar
de estudiantes y vencejos,
reunión de lindas chicas
como primavera al viento.
si no es por ti ¡Qué bien muero
vino de la Covachuela!

(Fragmento de un poema de Pilar Mesonero)


Tomás Sánchez y Raúl Vacas
Foto: Manuel Sánchez
2 de mayo 1994

15.5.14

UNO SOLO, cuaderno de apuntes

El próximo domingo, día 18 de mayo, Aquilino González y un servidor presentaremos UNO SOLO, un libro editado por la Diputación de Salamanca e incluido con el número 59 en la serie "Autores salmantinos".
Será en el marco de la 34 Feria Municipal del Libro de Salamanca, en el Espacio municipal de actividades (Plaza Mayor), a las 12,00 de la mañana.
Nos acompañarán en la presentación Manuel Tostado, Diputado de Cultura, e Isabel Sánchez, bibliotecaria de la B.M. Torrente Ballester y buena amiga.
Aquí tenéis la portada de este Cuaderno de Apuntes y libro de autor a la vez.





Y aquí podéis disfrutar del prólogo del libro y algunas imágenes del interior


Apuntes, despuntes, pespuntes


 “Queridos compañeros carpinteros y ebanistas,
les traigo el saludo solidario de los metafísicos […]”[1]

Juan Carlos Mestre


De este modo convoca Mestre al hombre, en asamblea, en lo más alto de su casa roja.

Aquí, en este otro territorio de papel, nosotros traemos asimismo el saludo efímero de los funambulistas, el azaroso gesto del crupier, la claridad del que dejó palabras en el bosque para reconocer su vuelta a casa, la plenitud del que aprendió a desalambrar las formas y colores para respirar en toda su extensión el mar.

Uno solo es nuestra forma de sentir e interpretar al hombre en soledad o en medio de la multitud. El hombre víctima del tiempo y la rutina, aferrado a la península del sueño por una hebra de luz. El hombre que olvidó su sombra en medio de la noche. El hombre que nunca renunció a ser hombre.

Este libro es un enjambre de miradas y deseos. En él, junto a los textos, hay sólo una pequeña parte del trabajo gráfico que Aquilino González recogió en más de 50 cuadernos en los que resumió su actividad diaria durante largos años: dibujos, notas, fechas, recortes, apuntes, bocetos… todo cuanto en el día a día llegaba a sus manos y se convertía en huella, signo, cicatriz.

Puedes, lector, como sugiere Mestre en “El arca de los dones”, arrancarle al libro sus páginas y darle “al hurón la oscuridad de la palabra búfalo y al búfalo la inmaculada pradera del billar de los bares”[2]. Todo cuanto contiene este cuaderno de apuntes está ahora en tus manos con la intención de que se extienda más allá de los márgenes y del papel, germine en la mirada a la luz del asombro y prenda, como tallo o llama, en nuestros sueños.

Los textos e imágenes de Uno solo se agrupan bajo dos títulos: Instantáneo (donde se incluyen apuntes rápidos, hechos a vuelapluma) y Soluble (un trabajo mucho más técnico y reposado).

Pero el título no sólo responde a ese vínculo entre el hombre y la soledad sino a la materia prima de la mayoría de las ilustraciones, hechas con café y, en algunos casos, con vino y betadine como hiciera el poeta José Hierro, al que gustaba dedicar sus libros en las sobremesas de las cenas y comidas.

Aquilino, gran amante del café, emplea dicho elemento en su recorrido por las cafeterías por donde pasa, especialmente la de la Facultad de Bellas Artes de Salamanca, lugar donde ejerce su magisterio. El café permite dar color y textura a muchas de sus ilustraciones, trabajadas con técnicas mixtas: aguadas, acuarelas, rotulador, lápiz, ceras... El resultado es un libro lleno de fuerza y color, con gran variedad de imágenes que se corresponden con diferentes formas métricas y estilos (haiku, égloga, soneto, verso libre, prosa).
Así “Patrón para un sueño a medida”, toda una invitación a pensar en la flexibilidad del sueño, se acompaña de un texto que no está sujeto a ningún metro y que se cierra con una página en blanco.

En “Dietario”, en cambio, se advierte el orden en la composición gráfica, de ahí que el texto sea un soneto, construido bajo un patrón.

En la serie “Cinco sentidos” se impone la sencillez, el trazo limpio y la caligrafía exacta  que recuerda al arte japonés. Aquí la mejor solución para el texto es el haiku que se aparta, sin embargo, de su espíritu objetivo y transparente para formular un pensamiento. Pero la imagen, no obstante, permanece fiel a los sentidos.

Estos son algunos ejemplos de cómo ilustración y texto se conjugan y se complementan para formar una unidad de sentido.

Si te detienes a escuchar en cada página advertirás el rumor de la lenta catarata del tiempo, con sus días rojos como extintores; oirás el grito desgastado del náufrago y sentirás la desesperación del que huye de sí mismo y de la sociedad para encontrar sus puntos cardinales que, según Vicente Huidobro, son tres: el Sur y el Norte.

Aquí dejan su huella el fósil que edulcora la rutina, la rutina que encharca la mirada, la mirada que escarba en el espejo, el espejo que nombra nuestras horas, las horas que se enquistan en los ojos, los ojos que en amor todo lo envuelven.

Pasa al interior del libro como quien se adentra en el mar: con emoción y respeto pero con la esperanza de que la ola más inesperada te devuelva a tu origen.

Y si al final del recorrido, miras atrás y ves que hay polvo de mariposas en tus recuerdos, tal vez estos poemas  y estas imágenes se hayan grabado en los microsurcos de tus sentidos y aún haya tiempo para soñar.

Toquemos de nuevo a las puertas de Juan Carlos Mestre para cerrar este pórtico y dejemos el marcapáginas cerca de las palabras del libro que nos permitan creer en los sueños, en la esperanza y en la melancolía: “Yo no espero otra luz que la tristeza / de quien regresa a una escuela abandonada / donde aletean todavía en la pizarra / las mariposas blancas de la melancolía.”[3].


Raúl Vacas
Salamanca, noviembre de 2013



[1] De “Asamblea” en La casa roja
[2] De “El arca de los dones” en La poesía ha caído en desgracia
[3] De “La citroneta azul” en La casa roja







En el libro va encartada una separata con la "Égloga de los esposos", iluminada con el trabajo de Aquilino González.






Ya avanzaremos más detalles sobre el libro y la presentación. Sirva este pequeño entrante de aperitivo.


31.12.13

Presentación "Animal de huida"

Dice Benjamín Prado que “La poesía es todo lo que hay entre un disparo y el animal herido”. Vida, muerte, intensidad, todo late –si atendemos al poeta– en el corazón del poema. Y del mismo modo en que un disparo tiene su efecto dentro y fuera del verso, la sensación de peligro –con todos los mecanismos que pone en marcha el miedo– también tienen su réplica: la huida.

Emily sabe de disparos, ella está letraherida con ese arma cargada de futuro que es la poesía. Le duelen las tres heridas de Miguel Hernández: el amor, la muerte, la vida. Pero también sabe de huidas por eso rehuye el tiro, por eso huye antes de ser herida o durante la herida.




Si tecleamos la palabra “huida” en el buscador de Google nos encontramos, entre la maleza, con la siguiente explicación del “comportamiento de huida”: “Se denomina comportamiento de huida al comportamiento animal específico complejo que frente a estímulos que indican peligro producen una respuesta adecuada que aleja o protege al individuo. En los casos en que la reacción es puramente refleja se denomina reflejo de huida. Se usa el término en sentido más general para referirse a todo comportamiento que evita situaciones desagradables. Los comportamientos de huida se dan sobre todo en invertebrados como cefalópodos, crustáceos pero también en aves y mamíferos”.

Emily, que es ave y es mamífero, nos habla en Animal de huida de su propia migración, su exilio voluntario lejos de casa.

Su inconformismo, su vitalidad y su espíritu de aventura le ponen alas más allá de murallas y cárceles interiores y, como ave de paso, va sellando, uno a uno, sus recuerdos, miedos y obsesiones en este libro pasaporte. Emily es animal de huida. Huye porque busca. Se busca. Dentro y fuera de casa se busca.

“La poesía empieza cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba pero aún tienes miedo” dice de nuevo Benjamín Prado en el mismo poema. Y estas palabras me recuerdan a Laura, a Emily, a Lila que huyen de las normas y las imposiciones. Les asustan los límites, las fronteras, el silencio. Por eso toman distancia y sueñan extramuros. Eligen no exponerse al disparo. “La vida misma es una elección”, dice en algún lugar. Y es por eso que la vida y el poema empiezan cuando el tren anuncia su salida, y el “príncipe de Estambul que va vestido de azul con una gorra y un pito” –como decía el poeta Manuel Díaz Luis– mueve su bandera en el andén para espantar los miedos. La vida empieza a muchos nudos de la palabra “casa” o a muchos pies de altura.

Sara R. Gallardo, autora del excelente prólogo del libro, desvela los puntos cardinales de la autora y las coordenadas su poesía. Como una controladora aérea sigue las señas y señales que deja a su paso su amiga Roberts. Conoce sus tránsitos, la altura a la que acostumbra a volar, sus destinos. Conoce el libro desde dentro y por eso hay tanta claridad en sus palabras. Pero también hay luz sobre el radar. Y Sara dice de Emily: “Yo solo quiero contar mi historia, dice en sus poemas, y pone trenza y pone pájaro, pone huida y pone mar. Y pone tierra”. Así tejen su libro Laura y Emily, poniendo tierra de por medio, trazando su huida por aire, por mar, por tierra. “Yo no escribo: / yo camino / alejándome de todo / mientras me trenzo el pelo” dice en su poema XX.

Luna Miguel la entrevistó en su blog, junto a otros poetas que forman parte de la antología Tenían veinte años y estaban locos. Esto es lo que afirmaba sobre el miedo a la repercusión, la crítica y el comentario:

“Siempre da miedo, supongo, pues se escribe para los demás, y la escritura es un trabajo muy íntimo: te estás desnudando, estas ofreciendo todo lo que tienes (experiencia, palabras), con la mayor ilusión y las mayores expectativas de gustar. Sin embargo, siempre hay que tener en cuenta que los gustos y las trayectorias de lecturas son muy diferentes y que, como en la vida, no se puede gustar a todo el mundo. También eso nos ayuda a ser más autocríticos y a ver las cosas desde otras perspectivas y no sólo desde la nuestra: muchas veces se puede aprender más de una mala experiencia (o comentario) que de uno bueno, aunque en primera instancia se agradezca más y sea necesario como apoyo para seguir trabajando.”

Alejandra Pizarnik, una poeta que ha dejado huella en la mirada de Emily, decía en su poema “Fuga en Lila” (qué dos palabras tan cercanas, Emily):

Había que escribir sin para qué, sin para quién.
El cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara.
El silencio es tentación y promesa.


Emily Roberts, nos dice Sara R. Gallardo en el prólogo, “fue la niña que despertó. Eso no quiere decir que no escriba a tientas, porque ella, como los poetas, escribe siempre para saber qué escribiría si escribiera”. Y así es, tal y como señalaba Margueritte Durás. Laura se escribe y reescribe una y otra vez. Se busca en el poema. Escribe para sí misma y nos ofrece lo que escribe como espejo y mirada.

Animal de huida no es un libro primerizo. Su autora lleva en su equipaje muchos relatos facturados, perfectamente doblados y colocados entre la ropa de abrigo, pero también poemas contundentes de todas las tallas que rellenan los huecos de su maleta dura y de su vida. En su equipaje de mano, además, lleva su novela Lila, escrita con veinte años en otra de sus huidas; la del útero a la gran ciudad, la del hogar a la intemperie. Lila está en mi biblioteca, junto al Azul de Rubén Darío. Es una suerte que el escáner de los puestos de control en aeropuertos y estaciones no desvele lo que llevamos en la cabeza, en las vísceras, en las médulas, en los libros.

“La forma más barata de viajar es la del dedo sobre el mapa”, dice Ramón Gómez de la Serna en una de sus greguerías. El viaje es para Emily su propia poética. Es huida y regreso. Es inicio y final. Es su modo de vivir y de aprender. No le cuesta escapar y perderse, ya sea en el desierto o en la selva. Planea sus fugas de forma meditada y deja atrás sus recuerdos: “La infancia no podía volar”, susurra. El hogar es núcleo pero también fisión. Emily se arropa en él pero a la vez escapa ante el menor peligro. El tiempo y la rutina son su coartada para la fuga. Y el miedo a no descubrir, a no sentir más allá del abrazo materno, a no soñar con ser otra en otro cuerpo y otra vida, todo lo que presiente en sus palabras. Le cuesta regresar porque siempre está yéndose. Por eso siempre deja abierta la vuelta. Quizá sienta el mismo temor que el propio Gómez de la Serna cuando afirma: “En el billete de ida y vuelta tememos que nos perforen la vuelta en vez de la ida, obligándonos a volver al revés, comenzando por ir otra vez para poder volver de nuevo”.

Emily sabe que es inútil huir. Lo aprendió de Clarice Lispector, en aquel texto en el que habla del silencio:

“Pero hay un momento en que del cuerpo descansado se eleva el espíritu atento, y de la tierra, la luna alta. Entonces él, el silencio, aparece.
El corazón late al reconocerlo.
Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron. Pero es inútil huir: el silencio está ahí”.


De nada sirve la huida permanente pues el silencio, como dice Clarice, siempre estará ahí, en forma de fantasma. Por eso Emily se rodea –fuera del poema– de vida, de bullicio, de mundanal ruido, por eso sus textos destilan vida, por eso sus palabras se aliñan con texturas, aromas, imágenes, colores. Frente al negro de los miedos y el dolor, el rojo de la vida y de los labios (“en el lugar de donde vengo / no existe el color rojo”, nos dice en un poema). El azul y el verde son, en cambio, para los caballos de la poesía y el blanco para después de la entrega: “todo era blanco: / nieve blanca, muslos blancos, lienzo blanco / para pintar la despedida.”

Hay un pulso narrativo en muchos de los poemas de este libro: “Esta no era una historia, pero nosotros la convertiríamos en una”, dice en su poema ix. Cada texto es un historia, cada historia un mundo, cada mundo un viaje, cada viaje un sueño, cada sueño una palabra, cada palabra una huida hacia sí misma. Excavar y amontonar, en eso consiste escribir según Javier Rodríguez Marcos: “la poesía es todo lo que se excava y la prosa todo lo que se amontona aunque eso no evita que haya prosa profunda y poesía del montón”, nos dice. Y Emily excava y socava en su memoria, minera de sí misma, para compartir con nosotros su deseo de estar siempre lejos: “la levedad del mundo en una caja de zapatos rojos / con los que desaparecer…” nos dice en su poema iv.

Hoy Emily regresa de su huida y nos confiesa en voz alta:

“Soy pequeña,
muy pequeña,
podrías llevarme
en la palma de tu mano
o en un bolsillo.
Soy pequeña
y mi amor
también es pequeño,
y mi amor
se derrama
propiciando una catástrofe
como un niño,
se derrama:
no se oye, apenas
llega,
tropieza,
llora,
como un niño,
se inunda”


Regresa con su vida hecha poemas y el equipaje lleno de nostalgia y de amor a repartir en partes iguales.

La poesía de Emily tiene su propia respiración. Hay música en sus versos, hay ritmo y hay latido pero también silencio. Conviene antes de pasar a un nuevo poema asegurarse de no introducir el pie entre coche y andén, después hay que tomar impulso y cambiar de línea. Cada texto es un trayecto, un recorrido, y entre todos conforman el destino que se advierte en las líneas de la mano de Emily, con su pasado, su presente y su futuro.

Esto es lo que Emily opina de la poesía en la entrevista –ya mencionada– que le hizo Luna Miguel:

Definiría mi poesía como muy personal, que no es lo mismo que autobiográfica. Para mí, la gran diferencia entre la poesía y la narrativa es la falta del personaje en la poesía, de ese gran disfraz que permite ocultarte. En la poesía, el yo está desnudo y solo: no hay diálogos, no hay más personajes, y, si los hay, siempre están teñidos de subjetividad por el yo poético. Por ello, mi poesía bebe mucho de la experiencia: es lo que más me inspira. Más que vivencias concretas, de sentimientos, estados de ánimo pasajeros a los que intento anclar el lenguaje, buscar una forma de expresarlos. Mis influencias son mi vida y las personas que me rodean, por eso mis principales temas de interés son el viaje, el hogar, el cuerpo, el otro y la búsqueda de la identidad como algo cambiante y a veces inaprensible: temas que al final se complementan y van unidos, que a veces no se distinguen bien unos de otros. A través de la poesía intento conocerme a mí misma y darme a conocer al “otro”, a ese gran desconocido que supone todo aquello ajeno a nosotros –a veces, incluso, nosotros mismos–. La poesía es un monólogo que se responde a sí mismo: eso es lo que la hace avanzar y evolucionar; siento que mi poesía cambia mucho más rápido que mi narrativa: porque a través de la narrativa intento conocer a los demás, y a través de la poesía a mí misma.

Querida Emily. Yo escribo poesía porque estoy convencido de lo que dice Andrés Trapiello: “La poesía es la distancia más corta (una línea recta) entre nuestras dudas y nuestras incertidumbres”. Ojalá que los poemas nos ayuden a ir del corazón a los asuntos como a Miguel Hernández. Que nos arrojen luz y luciérnagas en los momentos oscuros de la vida. Que nos indiquen el camino en las encrucijadas. Que nos salven de esta gran incertidumbre que es vivir en estos tiempos. Que resuelvan nuestras dudas.

Gracias a Alberto Trinidad y a Ediciones Oblicuas por apostar por Emily. Enhorabuena a Violeta Bergara por la portada y a Mercedes Fernández Laguna por la fotografía en que está inspirada. Y enhorabuena también a Laura por este espléndido libro.

Permíteme, para terminar, que comparta contigo dos poemas. Uno de Jaime Sabines, “Lento, amargo animal” y otro titulado “Marca de agua” del libro de Esteban Peicovich Poemas plagiados:

Lento, amargo animal

Lento, amargo animal
Que soy, que he sido,
Amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
Que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

Amargo como esos minerales amargos
Que en las noches de exacta soledad
-Maldita y arruinada soledad
Sin uno mismo-
Trepan a la garganta
Y, costras de silencio,
Asfixian, matan, resucitan.

Amargo como esa voz amarga
Prenatal, presubstancial, que dijo
Nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
Que murió nuestra muerte,
Y que en todo momento descubrimos.

Amargo desde dentro,
Desde lo que no soy,
-Mi piel como mi lengua-
Desde el primer viviente,
Anuncio y profecía.

Lento desde hace siglos,
Remoto -nada hay detrás-,
Lejano, lejos, desconocido.

Lento, amargo animal


Y el segundo y último poema quiero dedicárselo a los que aún no creen en la poesía, que es tanto como decir que no creen en el amor, en los sueños, en la muerte, en la vida.

Marca de agua

-¿Su profesión?
-Soy poeta. Supongo.
-Nada de supongos aquí. Ponte derecho. No te apoyes en la pared. Mira al tribunal. ¿Tienes una profesión estable?
-Creía que eso era una profesión estable.
-Pero en términos generales, ¿cuál es tu especialidad?
-Soy poeta, traductor poeta.
-¿Quién te ha reconocido como poeta? ¿Quién te ha metido en las filas de los poetas?
-Nadie. ¿Quién me ha metido en las filas de la especie humana?
-¿Has estudiado para serlo?
-¿Para ser qué?
-Poeta. ¿No has encontrado la manera de proseguir tus estudios en el instituto, donde podías prepararte y aprender?
-Nunca he creído que eso fuera materia de enseñanza.
-Entonces, ¿qué?
-Creo que eso… viene de Dios.

(Diálogo que tuvo lugar la mañana del 18 de febrero de 1964 en el juzgado de distrito de Leningrado entre la jueza Irina Savaleva y el “parásito social y vago maleante” de 24 años Joseph Brodsky, quien 23 años después, -1987, y a sus 47- alcanzó el Premio Nobel de Literatura)


Hoy yo también quiero convertirme en Animal de huida y huir con este libro dedicado bajo el brazo susurrando estos versos que te pertenecen: “Nunca renuncies al viaje. Nunca renuncies al viaje. Nunca renuncies al viaje. La quietud es la muerte”.

Tal vez mi huida solo dure lo que dura su lectura (ahora podré leerlo de nuevo y pasar mis notas del borrador al libro). Me basta así, como bien dijo tu tocaya Emily Dickinson en su poema “Ensueño”, traducido por Carlos López Narváez:

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel


Yo viajo, tú escribes, él le... No dejes nunca, querida Emily, de conjugar estos tres verbos.

Raúl Vacas
Salamanca, 28 de diciembre de 2013