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sobre Talleres de Escritura Creativa

15.1.09

El Bubisher

Mi admirado Gonzalo Moure me envía un correo con buenas nuevas. Él y mucha otra gente, mencionados en la información de la Redacción del Bubisher que transcribo a continuación, han hecho posible que todos los niños del Sáhara tengan la oportunidad de disfrutar libros maravillosos gracias al Bubisher, un camión equipado como un bibliobús, que recorre los campos de refugiados para llevar ilusión, esperanza, amor y buena suerte.
Y yo sueño con la posibilidad de viajar al Sáhara de aquí a unos meses a compartir con niños y mayores cuanto he aprendido de la poesía.


El Bubisher es fruto de la unidad. Unión de ideas, unión de esfuerzos

El Proyecto nació en el Colegio San Narciso, en Marín, Pontevedra. Sus alumnos, que ya habían colaborado con los refugiados saharauis comprando un cargamento de audífonos para los niños de los campamentos, tuvieron la idea de hacer llegar a sus escuelas libros de lectura. Cuando "Escritores por el Sáhara" les habló de la dificultad de su traslado hasta allí, los alumnos pensaron en un bibliobús. Aparentemente ingenua, la idea resultó magnífica, y empezó a transformarse en realidad, de la mano de la citada asociación de escritores. Como también haría falta dinero, los alumnos del San Narciso decidieron recaudarlo, a razón de 30 céntimos de euro a la semana de sus propios gastos. Con ese dinero, unos 3.000 euros al año, se pretende sufragar los gastos de personal saharaui y el mantenimiento del bibliobús. Algo en lo que colaboran ayuntamientos como el de Fraga, Huesca, y asociaciones como El Puente, de la misma localidad.

Pero era necesario que alguien hiciera la donación del autobús, para ser reformado. Cerradas las puertas del Instituto Cervantes y de los ministerios del estado español, se recurrió al Gobierno Vasco, por sugerencia del parlamentario Txomin Aurrekoetxea, destacado defensor de la causa saharaui. La respuesta del Lehendakari fue casi instantánea. Y fue la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui del País Vasco la que abordó la transformación del vehículo en bibliobús, su decoración y su puesta a punto. Y de su bautizo: Bubisher, el ave que simboliza la buena suerte en el Sáhara, y que ya era título de una antología de poesía saharaui en castellano.

Buena suerte fue también encontrar la colaboración de Merche Caballud y Carmen Carramiñana, profesora y maestra, Premio Nacional de Fomento de la Lectura ambas por sus grupos de lectura “Leer Juntos”. Elaboraron un proyecto lector para llevar suficientes ejemplares hasta las escuelas saharauis de libros de lectura (para préstamo y para lectura), teniendo en cuenta las edades y niveles de los alumnos (entre 8 y 12 años). El plan lector fue enviado a las editoriales más destacadas del ámbito estatal, que sin excepciones reaccionaron con generosidad y sin recorte alguno: SM, Anaya, Edelvives, Everest, Kalandraka, Kókinos, Ekaré, Media Vaca…

De inmediato, el proyecto Bubisher fue acogido con entusiasmo por los ministerios de educación y cultura del gobierno saharaui y por su delegado en España. Y encontró su acomodo en un generoso plan educativo de la Universidad de Alicante , que empezará a ser puesto en marcha este mismo otoño.

El Bubisher estará ubicado en el campamento 27 de febrero, y desde allí cubrirá también las wilayas de El Aiun y Smara, en las que se concentra la mayor parte de la población exiliada. Obvio es decir que el proyecto no podrá ser completo hasta que no se cubran también las necesidades de la wilaya de Dajla, la más lejana, y la de Ausserd. El Bubisher necesita hermanos gemelos.

Por fin, hay que hablar de voluntarios. El Bubsiher será atendido por un conductor y un animador-bibliotecario saharaui, y dirigido por la Universidad de Alicante, pero necesita también voluntarios españoles familiarizados con la promoción de la lectura, para que su funcionamiento sea ideal. A pesar de no haber comenzado todavía a rodar, ya hay decenas de voluntarios de todo el estado español, e incluso de fuera de él, dispuestos a dar parte de sus vacaciones yendo a las escuelas saharauis a llevar libros, historias, y sueños a un pueblo que necesita la cultura para sobrevivir en la tierra más inhóspita del planeta.

Ha sido tanta la gente que de alguna manera ha querido colaborar con la idea de los niños del Colegio San Narciso que es posible que hayamos cometido algún olvido. Por eso no podemos dejar de mencionar al Poemario por un Sáhara Libre, que siempre ha entendido que la cultura es un pan invisible, pero tan necesario como el otro, o a la asociación “4x4 solidario”.

Ahora, sólo resta que el Bubisher traiga, como dice la sabiduría popular saharaui, la buena suerte.


Tenéis más información en este enlace:

http://www.bubisher.com/

Y para muestra, un botón:



EL PAJARO QUE TRAE LA BUENA SUERTE from Irene Bailo on Vimeo.

31.12.08

Operación Navidad

Chiste: Forges

Todo en estas fiestas son operaciones: la de salida y entrada, por carreteras nacionales y autopistas, en el nuevo año. La de los cirujanos que escayolan los huesos de quienes dieron vueltas y vueltas de campana sobre campana hasta caer en la cuneta o el arcén. Las operaciones contra los camellos y las burras (rin rin) cargadas de chocolate. Las dermoestéticas. La de los policías que siguen el rastro intermitente de la estrella de la paz en Euskadi y las operaciones bursátiles de los corredores de bolsa el día de San Silvestre.

Yo prefiero imaginar la Navidad de hace 2008 años. Inventar a la Virgen empadronando al niño, dándole la teta, vacunándolo contra la polio y la tosferina, cambiándole los pañales entre tomillo y romero y llevándolo al quirófano para operarlo de vegetaciones. Y desenchufar las luces del belén para escuchar el hipo de los peces del río. Remendarme y no quitarme el remiendo. Colocar en el portal un burro “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón” como el de Juan Ramón Jiménez.
Estoy enfermo de Navidad. Toso con los anuncios que nos venden ilusiones. Me sube la fiebre en las noches de este invierno ultracongelado. Estornudo, y me dicen Jesús, cuando miro al niño en los nacimientos de las librerías. Carraspeo en silencio por mis décimos de fiebre. Y para colmo se me caen los mocos en el pavo trufado. Así que sólo se me ocurre regalarles un pequeño romance:
Que se nos va un nuevo año, como un ladrón, de puntillas, delatado por el baño de limón de las bombillas.
Mientras sueñan los mendigos con besos de moscatel y explotan los polvorones en la estepa del mantel de la casa de la viuda. Mientras juegan las abuelas a casar higos con nueces que se enredan en las muelas, y el alcalde oye campanas sin saber dónde ni cuándo prometió no estar a uvas en el año que está entrando.
Mientras pienso en cuellos blancos y muñecas de famosas donde se posan las joyas igual que las mariposas. Mientras hay en nuestras calles obras de la caridad y el tráfico nos anuncia que estamos en Navidad.
Que el dos mil ocho se va y aún no tengo cotillón para hacer, si no hay remedio, de mis tripas corazón, disfrazarme de burbuja, balbucear estupideces, emborracharme y gritar: ¡Vaya unas felistas fieces!

Versión de un texto publicado en Al fondo a la derecha

29.12.08

Mordazas en Salamanca


Con una mordaza de oro
se amordazó el corazón;
le sofocó la mordaza;
se murió del sofocón.

14 de noviembre, 1929
Miguel de Unamuno



Desde hace años, diferentes personas del mundo de la cultura de Salamanca sufrimos el veto sistemático del Ayuntamiento y de su alcalde, Julián Lanzarote Sastre, quien ha ordenado a sus técnicos que no cuenten con nosotros en la programación cultural de la ciudad. Esta decisión se debe a nuestra actitud crítica con relación a la política cultural del ayuntamiento y del propio alcalde.
No somos los únicos afectados por esta forma tan impopular de hacer política. Muchas otras personas, ya sean del mundo de la cultura o de otros ámbitos, también se sienten amordazadas y acalladas por el alcalde y su dictadura del miedo.
Nuestro propósito no es luchar, únicamente, por una causa personal sino por una forma diferente de hacer cultura en la que no se aparte de las fundaciones culturales a otros grupos políticos para hacer y deshacer a capricho, en la que la educación tenga el lugar que se merece de la mano del IME (Instituto Municipal de Educación) en claro peligro de extinción, en la que las asociaciones culturales tengan una mejor consideración y sirvan para promover la cultura en los barrios, en la que los artistas locales sean respetados y valorados por su trabajo, en la que el ciudadano se sienta partícipe de la cultura (no sólo consumidor) y en la que, en definitiva, se impongan la sensatez, el criterio y el interés común.
No queremos una cultura sometida a la vigilancia y al control. No queremos las ideologías políticas influyan en el modo de sentir la cultura. No queremos que el miedo a una actitud crítica se convierta en censura o en falta de solidaridad con algo que nos atañe a todos: la cultura.

Preguntado el alcalde por esta cuestión, en el último pleno municipal, su respuesta fue (en realidad él no contestó sino su teniente de alcalde, Fernando Rodríguez): “Las razones por las que ahora no se contrata a estas personas son las mismas por las que antes sí se las contrataba”, respuesta que equivale a aquella canción de Sabina: “como te digo una co..., te digo la o...”

Necesitamos que difundas este email entre tus contactos para que se conozca y se juzgue la situación cultural de Salamanca, una ciudad que presume de cultura pero que la practica muy poco.

Si estas de acuerdo con nosotros y compartes nuestras ideas puedes enviarnos unas líneas de adhesión al correo electrónico: lasmordazas@yahoo.es Colgaremos tus palabras en nuestro blog: http://www.lasmordazas.blogspot.com/ donde tendrás información puntual de todas las actividades que haremos para denunciar y tratar de concienciar a la gente sobre todas estas cuestiones.

Gracias por todo y un saludo

27.6.08

Microambientación


De izquierda a derecha: Carlos Marzal, Francisco Brines, Federico Martín Nebras y un servidor en el IV Encuentro de Animadores a la Lectura de Arenas de San Pedro.
Gracias por la foto, Isabel

14.6.08

Tiempo de cerezas



IV Encuentro de Animadores a la Lectura

Fruto de la poesía
La naturaleza de la creación.

No cantéis a la rosa, oh poetas
hacedla florecer en el poema

Vicente Huidobro


La poesía es fruto. Fruto de la mirada y el trabajo, de un proceso lento de germinación y cultivo que tiene su sentido último en el apetito lector. El poeta –como el hortelano– estercola la página; la prepara para recibir la simiente que dé origen al poema; mira a su alrededor; busca la forma de contener el mundo en esa pequeña semilla que prenderá, echará raíces, crecerá y dará su fruto.

Gottfried Benn y T. S. Eliot afirman sobre ese proceso de germinación: “Hay primero un embrión inerte o germen creativo y, por otra parte, el lenguaje, los recursos de las palabras bajo el imperio del poeta. Este tiene algo germinando dentro de sí, para lo cual debe encontrar palabras; pero no puede saber qué palabras quiere hasta que las ha encontrado: no puede identificar este embrión hasta que ha sido transformado en una disposición de las palabras justas en el orden justo.”
Y señala Jacques Maritain: “No hay experiencia poética sin que se dé un germen secreto, por insignificante que sea de un poema” El poeta se vale de la experiencia propia y ajena para escribir; lee a otros poetas; mira a su alrededor; prende la mirada en las cosas; busca sus raíces y esparce por el folio el resultado de esa labor atenta y delicada, hecha con amor, que es nombrar las cosas, darles vida propia, tal y como señala José Luis Puerto en su poema-letanía “Camino de las raíces” de su libro Señales:

CAMINO de las raíces,
Entre luces, entre sombras,
Río arriba, río arriba,
Hasta encontrar lo que importa.

Hasta encontrar la semilla
Que llevamos y nos nombra;
Hasta encontrar el jardín,
La lengua generadora.

La lengua que crea el mundo,
La que revela las cosas
Y la que llama a los seres
Con sílabas salvadoras.

Camino de las raíces,
Por el bosque, entre la fronda;
La voz del corazón dice:
Lo que amamos sólo importa


La semilla del poema es la idea misma, el sentimiento que impulsa al poeta a nominar las cosas. Cada idea necesita de la palabra que la haga eficaz, que la abone, que la convierta en emoción. La vida empieza en la semilla, en el semen, en el germen:

Así lo afirma José Ángel Valente en su poema “Rotación de la criatura”:

En el ojo de Dios verde y profundo
la primera semilla aún busca el fondo,
y todo gira allí del limo al hombre
para que el mundo empiece todavía.


Aunque la semilla, por sí sola, no garantiza la vida o el poema; es preciso el cuidado, la atención, la vigilia constante para que el agua, la luz y la tierra envuelvan la promesa del fruto. Pero no siempre tenemos la suficiente serenidad para organizar nuestra prisa y nuestra espera del mismo modo en que lo hace el moribundo del poema “La esperanza” de Gastón Baquero:

Recuerdo siempre al moribundo aquel,
el que prorrogaba su vida contemplando una rama,
al extremo de la cual solo quedaba una hoja,
nada más que una hoja resistiendo al cierzo
y a la tramontana: una hoja empeñada en no morir.


En esta espera es importante pensar en los agricultores que, año tras año, siembran las tierras para pasado un tiempo cosechar, o en quienes repueblan los bosques arrasados por las llamas con nuevos árboles o en la generosidad del que planta un árbol centenario para que lo disfruten generaciones futuras. También escribir es un trabajo de reforestación permanente; una manera eficaz de dar forma a las semillas de nuestra imaginación. Pero para que el resultado sea satisfactorio, tenga sentido y sea verdaderamente natural, debemos de ser pacientes. Toda precipitación es mala, y mucho más en la poesía.

El resultado de este trabajo, de esta labor conjunta entre el hombre y la naturaleza siempre vale la pena. Y así nos lo recuerda Manuel Diaz Luis en “Valdrá la pena”, uno de los poemas que forman parte del libro Labor de hombre:

Si no quedara nada para hablar
De lo que fuimos

Si la vida del hombre y su labor
Fueran baldías

Sólo por respirar en plenitud
Y haber amado

Valdría la pena ser abono y ser
Sustento y suelo

De otros que han de seguir los mismos pasos.


El cultivo del huerto y de la poesía son procesos similares; dos ciclos vitales que tienen su catenaria en la vida y la muerte. La materia orgánica no se crea ni se destruye sino que se transforma. La muerte es el origen de la vida; lo que da sentido a nuestra existencia. Sin la conciencia de la muerte, nuestro paso por el mundo sería distinto; de ahí la importancia de vivir y hacer vivir, año tras año, los frutos de nuestro huerto. Ese es el recado de Leopoldo de Luis en su poema “Por un vivir activo” y que forma parte de su libro Juego limpio:

1

No es verdad que tengamos que morirnos.
Nadie se muere si en la tierra deja
una clara semilla que la reja
del arado del tiempo ahínque. Irnos

quedando en los demás día tras día,
dándonos en amor y en esperanza.
Si nuestra voz segura se afianza
en la verdad, no sonará a vacía.

No sonará a desnuda, inútil caja,
sonará a corazón: verso, obra, hijo:
a lo que rumorosamente crece.

Arrancad a la vida esta mortaja
con vuestro propio ser: un amasijo
de tierra y sueño y luz que no perece.

2

De tierra y sueño y luz que no perece
es esta carne que a la tierra damos
porque somos igual que verdes ramos
por los que un árbol grande y vivo crece.

La vida de la tierra enriquecemos,
en nosotros su gran mar muere y nace
y estos huesos de cal que se deshace
en ese mar son necesarios remos.

Pequeños remos que a mover ayudan
el navío. La vida está encallada,
hundida está en un cieno indiferente.

Que los remos de cada uno acudan
y remuevan la negra agua estancada
y remen, remen más, contra corriente.

Es labor del poeta y del labriego bregar en esta vida, bregar con las palabras y la tierra, dar forma al fruto que la tierra y el amor nos deparan. Y una vez recolectado el beso o el poema, una vez saboreado el premio ya maduro de algún sueño o una idea, nuestra labor de hombre, nuestro esfuerzo, se verá compensado. Por eso poeta y labriego han de arar y cantar con entusiasmo, siempre con la esperanza y la mirada puesta en el fruto de su trabajo, aunque la desolación y el hastío empañen a veces su esfuerzo. Es la reflexión que hace Gabriel y Galán en este fragmento de su poema “Ara y canta”, del libro Campesinas. En él invita a la alegría a quienes piensan si vale la pena tanto sacrificio, si no es mejor poner la vista en otras lindes, más allá del folio o la tierra de labor que tan duro oficio acarrean:

I

Labriego, ¿vas a la arada?
Pues dudo que haya otoñada
más grata y más placentera
para cantar la tonada
de la dulce sementera.

¿Qué has dicho? ¿Qué al desgraciado
que pasa el eterno día
bregando tras un arado
jamás cantó la alegría,
si alguna vez ha cantado?

Es una queja embustera
la que me acabas de dar
¿No sabes que yo sé arar?
Pues déjame la mancera,
y oye, que voy a cantar.

II

“Labriego poco paciente:
si crees que sólo tu frente
vierte copioso sudor
que sorbe innúmera gente,
sal de tu error, labrador.

Lo dice quien es tu hermano,
quien canta tu lucha brava;
lo dice quien por su mano
siega la mies en verano
y el huerto en invierno cava.

¿Qué sabes tú del tributo
que el mundo al trabajo rinde,
ni qué sabes de su fruto,
si no has traspuesto la linde
del terruño diminuto?

Si el mundo aquel te impusiera
yugos que impone al mejor,
pensaras que tu mancera,
si no es la más llevadera,
tampoco es la cruz mayor.

[...]

¿Qué espíritu engañador
o torpe decirte quiso:
“Llora y suda, labrador,
que el mundo es un paraíso
regado con tu sudor”?

[...]

Ara tranquilo, labriego,
y piensa que no tan ciego
fue tu destino contigo,
que el campo es un buen amigo
y el dulce miel su sosiego,

y es saludo el puro día,
y estas bregas son vigor,
y este ambiente es armonía,
y esta luz es alegría...
¡Ara y canta, labrador!”

Ya hemos insistido en que el poema y el fruto son el premio al esfuerzo del poeta y el hombre de campo. La tierra es prodigio y madre, como lo es la imaginación. Nada hay bajo la tierra –señala Claudio Rodríguez en su poema “Cosecha eterna”– que no salga a la luz. Así también es la génesis del poema, que tarde o temprano aflora sobre el terreno virgen del folio y se nos revela como fruto:

Y, nada, nada
habrá bajo la tierra que no salga
a la luz, y ved bien, a pesar nuestro,
cómo llega la hora de la trilla
y se tienden las parvas,
así nos llegará el mes de agosto,
del feraz acarreo,
y romperá hacia el sol nuestro fiel grano
porque algún día se alzará la tierra.
¿Quién con su mano eterna
nos siembra claro y nos recoge espeso?
¿Qué otra sazón sino la suya cuaja
nuestra cosecha? ¿Qué bravío empieza
a dar sabor a nuestro fruto? ¡A ese,
parad a ese, a mí, paremos todos:
nuestra semilla al viento!
Pero qué importa. ¡Ved, ved nuestro surco
avanzar como la ola,
vedle romper contra el inmenso escollo
del tiempo! Pero qué importa. ¡A la tierra,
a esta mujer mal paridera, demos
nuestra salud, el agua
de la salud del hombre! ¡Que a sus hijos
nos sienta así, nos sienta
heñirla sin dolor su vientre a salvo!

Y qué bien sabe el fruto del esfuerzo, el fruto hecho poema con las palabras que –en boca de Carlos Edmundo de Ory– el poeta hurtó del árbol, del dulce verbo celestial divinas.

He aquí una breve muestra de frutos: una patata cultivada por Domingo López Torres en su libro Lo imprevisto, una sandía de la huerta poética de Salvador Rueda y una hermosa naranja arrancada del árbol titulado Libro de las loas de Antonio Oliver:

LA PATATA

Descansabas, incauta, adormecida,
azul en tu indecisa adolescencia,
verde en la distracción de los quehaceres,
de tu casa, tu sexo, tu ventura.
La tierra, blanca, negra o colorada,
ponía ya un estigma a tu destino
de blanda, dura, amarga
o dulce carne.
Podías navegar por las alturas
de los mares más hondos,
o perderte en la insulsa algarabía
del discurrir más tonto
por el cauce normal de la costumbre.
Así, sin conocer el jubiloso grito
de la entrega sin qué, ni cómo, cuándo,
que multiplica en 7 lo que es 1,
un 16 cualquiera, entre mis manos,
temblorosa, indecisa, sucia, negra,
caíste.
El filo más agudo del deseo,
de mi sangriento amor,
mi ruin coraje,
te arrancaba la piel entre mis dedos,
y los gritos, lamentos y suspiros
se perdieron sin eco entre mis manos
de asesino inexperto.
Cuando tu cuerpo blanco, mutilado,
cayó sobre las aguas de tu cielo,
el gris estaño de tu desventura,
se partió en mil pedazos.

LA SANDÍA

Cual si de pronto se entreabriera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.
Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.
Tajada tras tajada, señalando
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.
Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas.

LA NARANJA

¡Qué gozo da, naranja,
tenerte entre las manos!
¡Qué gozo tu volumen
que sideral, alcanzo,
como quien de la noche
llega a coger un astro!

Si constelas
el árbol,
sobre la mesa pones
los resplandores áureos
que apartan la tiniebla,
el duelo y el quebranto.
Naranja, mundo en ciernes,
dulce globo terráqueo,
dicha redonda
al tacto.
Te miro, con delicia;
con arrobo, te palpo;
más que fruta, eres hembra
cuando apuro tus gajos.
En el balcón tu cáscara
es un rizo dorado,
tirabuzón de bella,
chorro de luz,
escándalo.
Gloriada sea la tierra
que te encendió en su parto
para que perfumases
la vida, el ser, el ámbito.


Gran milagro y prodigio el de la maduración de un poema o un fruto. Ambos exigen de una atenta espera, pero también de luz y agua, de savia, de aliento, antes de llegar al paladar, de regalar su pulpa y su esencia.
Pero a veces el fruto no madura y se malogra. O se pudre en silencio. Y vuelve a la tierra o al origen con el propósito de abonar y fertilizar la tierra pues no se presta al bocado. Atendamos pues al poema y al consejo de “La pera verde y podrida” de Concepción Arenal para que el fruto verde y el adolescente completen su maduración y no caigan del árbol antes de tiempo:

Iba un día con su abuelo
paseando un colegial
y debajo de un peral
halló una pera en el suelo.
Mírala, cógela, muerde;
mas presto arroja el bocado,
que muy podrida de un lado
estaba y del otro verde.
Abuelo, ¿cómo será,
decía el chico escupiendo,
que esta pera que estoy viendo
podrida, aunque verde, está?
El anciano con dulzura
dijo: vínole ese mal
por caerse del peral
sin que estuviera madura.

Lo propio sucede al necio
que, estando en la adolescencia,
desatiende la prudencia
de sus padres con desprecio;
al que en sí propio confía
como en recurso fecundo
e ignorando lo que es mundo
engólfase en él sin guía.
Quien así intenta negar
la veneración debida
en el campo de la vida
se pudre sin madurar

Abramos los ojos. Sepamos ver en el poema maduro la simiente de donde surgió, la emoción que palpita entre sus letras, la vida que contiene, su valor proteico. Y aprendamos del que sale al campo a respirar, a trepar por las ramas de los árboles y la fantasía, a soñar verso a verso, tallo a tallo. Y probemos con fruición versos y frutos. Saboreemos su carne y su jugo. Vivamos con intensidad el milagro de la vida. Sintamos la savia al respirar, intuyamos la raíz y los presentimientos, cortemos las rosas del instante. Cosechemos nuestros propios frutos. Sintamos la naturaleza –como afirma Aníbal Núñez en su libro Naturaleza no recuperable– germinar en nuestros sentidos, la ciencia de la vida en libertad, el fruto de la poesía:

Ir al campo bebernos todo el campo
subirnos a las ramas
¡qué maravilla andarse por las ramas!
confundirnos las bocas con cerezas
oler a jara el cuerpo
merendar la cascada y chocolate
trenzarte una corona de juncos del arroyo
contar las veces que la piedra roza
con el agua aprender
botánica sin flexo
zoología sin matrícula

Pero el señor rector y sus bedeles
nos tienen encerrados a la sombra
del Árbol de la Ciencia
y lo siguen regando
con tinta de tampón
¡Maldito frutal éste
que no da más que peros!


Raúl Vacas e Isabel Castaño
Escuela del Campo “De Vacas y Castaño”

Cartel: Marc Taeger


24.5.08

A volar

Aquí tenéis el último video de El desván del duende.
Enhorabuena, amigos, sois los mejores

22.5.08

Plan de Bibliotecas de Huesca

Manifiesto


En las Bibliotecas Escolares de la provincia de Huesca vivimos la tarea de acercar la literatura, la ilustración y otras manifestaciones culturales, educativas y artísticas a niños, adolescentes, padres y profesores.

Visitar dichas Bibliotecas, llenas de libros y de profesionales que, con su labor y empeño, hacen posible esta realidad es ilusionante. La curiosidad de los niños y la de los adultos se entremezclan dando sentido a un proyecto que va más allá de las estanterías donde se alojan los libros. Sorprende el número de encuentros puntuales que sostienen, en cada uno de los centros, esta labor educativa, a la que hay que sumar iniciativas como la de los Clubes de Lectura “Leer Juntos”, en los que vemos una verdadera labor de difusión cultural entre los padres, bibliotecarios y profesores, así como sus hijos y alumnos.

Las visitas a los colegios, institutos, bibliotecas y grupos de lectura, con agendas cerradas con calculada precisión, son posibles gracias al buen hacer y la amistad que comparten los profesionales que coordinan el plan en cada uno de los centros.

Sabemos que El Plan de Bibliotecas Escolares y Promoción de la Lectura y la Escritura de Huesca es una apuesta arriesgada e innovadora que da numerosos frutos y que cuenta con un importante reconocimiento en el ámbito de la formación, la creación y la edición; sabemos también que los propios intereses profesionales marcan el destino de los docentes y estamos convencidos de que los proyectos perduran y siguen funcionando si continúan las bases y las líneas de trabajo de quien mejor los conoce.

Por eso escritores, ilustradores, editores, escritores, bibliotecarios, y especialistas literarios tememos la pérdida de esta enorme labor y entendemos y apoyamos la continuidad del Plan de Bibliotecas Escolares y Promoción de la Lectura y la Escritura de Huesca con las directrices que lo han constituido desde su inicio.

Si apoyas este manifiesto envía un email a: amartinezra@educa.aragon.es con tu nombre, apellidos y D.N.I. Muchas gracias


Y un artículo sobre una biblioteca, de propina:


Sala de préstamos

Un día conocí a una verdadera musa. Fue en una biblioteca pública, junto a la sala de préstamos y ante la atenta mirada de la Teología.
Tal vez quiso el destino que se hiciera la voluntad Dios, de ese Dios que –omnipotente y todopoderoso– vio que en el principio era la nada y creó a la mujer, y todo era bueno. Y allí estaba, con todas sus costillas a la brasa, sus ojos perdidos en la trigonometría, sus labios empapados de palabras y su piel encuadernada. Y allí también estaba yo, con el amor al cuello como una vaca mansa, dudando de los métodos y los discursos, descartando deseos, entrando en su respiración como un niño descalzo, acolchando la almohada, libre de repente.
Ni las vías férreas de Santo Tomás, ni el Superhombre de Nietszche, ni el Evangelio según San Marcos, ni la electricidad estática o El Cantar de los Cantares serían suficientes para acompañar sus besos.
Ni el libro de las preguntas de Neruda, ni el libro de las respuestas –aún inédito–, ni el infierno de Dante o de Milton serían suficientes para vaciar el ansia, para sentarme a la derecha del padre, para mirarla desnudo –de reojo–, y rebañar sus párpados, para decirle que no hay moscas en febrero, para tocarla en silencio y desnudarla, en ese o cualquier otro paraíso, para morder el corazón de la manzana y entrar juntos al mundo como quien entra al mar, para abrazarla muy fuerte y muy despacio –con brazos de serpiente– como si no existiera.
Un día conocí el amor entre los fondos y trasfondos de la Teología. Un amor inesperado y lúbrico –tal vez platónico– lleno de llamas y de noches oscuras, tendido con dos pinzas en las cuerdas del sueño.
Allí estaba, sola como la luna, perfumada de matemáticas y cuentas de la vieja, mirándome a los ojos distraída, con el escote abierto en un triángulo equilátero, mostrando sus tangentes, sus senos, sus cosenos. Y yo a dos metros de su vida, en el ángulo indicado, atento como el búho de Atenea, llenando los estantes de mis sueños de libros de aventuras y caballerías, leyéndole las rayas de la mano como una Celestina, besándola, editándola, rindiéndola y fijándola a mi lengua, limpiando sus caricias, dándole esplendor.
Tal vez fuera la Beatriz de Dante, la Guiomar de Antonio, la Julieta de Shakespeare, la Melibea de Rojas, la Olivia de Popeye. Tal vez el dios pequeño del amor –valiente imbécil– vino a clavarme su reptil deseo, su risa, su ternura, su silencio, su utopía, Tomás Moro, su utopía.O tal vez fuera mi imaginación –o tanto estudio– y no hubiera molinos, ni ovejas, ni Toboso, ni biblioteca, ni musa, ni cuentas de la vieja, ni nada de nada. Como en el principio.


Publicado en Tribuna Universitaria
Imagen: Chema Madoz

26.4.08

Internet en la cárcel

Ayer me escribió Gonzalo Moure, gran amigo y mejor escritor, para solicitar mi ayuda con relación a un asunto. Transcribo el email para que la información sea de primera mano y os invito a que la divulgéis y os suméis a la causa:

"Estuve hace poco en una reunión apasionante con los alumnos de 4º A y B de ESO del Instituto Santa María del Mar, de Coruña. Allí, bajo un tutelaje suave de Pilar, desarrollan muchas iniciativas, normalmente en torno a la lectura. Entre otras, mantienen un contacto activo con las presas de la cárcel de mujeres de La Coruña, y en especial con su blog, Chicass10. Y en la reunión, cuando salió este tema, recordé algo que ya había visto en el Penal del Dueso: los presos no tienen libertad de navegación por internet. Todos nos comprometimos en el Santa María del Mar a tratar de llamar la atención de la sociedad sobre este tema. Se trata de difundir el siguiente manifiesto para reunir el mayor número posible de firmas, por lo que si a alguien le parece bien, puede mandarlo a sus contactos, y vamos recogiendo en mi correo electrónico gmt7258@wanadoo.es las firmas. Poned, por favor, nombre, profesión y DNI.

Este es el texto, provisional por si alguien quiere añadir algo importante, del manifiesto:

“Estudiantes, escritores, lectores, gentes preocupadas por la cultura y la libertad, por la justicia y por la verdad, reivindicamos un espacio de libertad para los presos. Pedimos que se abra la ventana de Internet a las presas y presos de nuestro país, reduciendo su castigo a la privación física de libertad, pero sin límite para su pensamiento. Internet es hoy una herramienta imprescindible para el estudio y el conocimiento. Creemos que impedir la libre navegación de los presos es separarlos dramáticamente de la realidad social, es reducir ésta a la recepción pasiva de la cultura escrita, la televisión y la radio sin capacidad de expresión propia. Conscientes de la necesidad de un control para determinados presos por otros determinados delitos, asumimos que esta libertad de navegación tiene que tener filtros tanto de entrada de determinados contenidos, por ejemplo pornográficos o violentos, así como de salida. Los filtros de entrada son ya software disponible para todos los ordenadores, pero para establecer filtros de salida habrá que crear mecanismos de control. Pero dejando fuera tanto esa recepción de contenidos como la posible salida de otros de la misma clase, el espacio que ofrece Internet para la rehabilitación y formación de los presos es infinito. Ni creemos que sea fácil, ni tampoco simple, y hasta puede que no inmediato. Pero pedimos del gobierno y de sus organismos pertinentes, como la Dirección General de Prisiones, una reflexión conjunta para encontrar ese camino de verdadera rehabilitación social de los presos, sin ignorar que la Red representa hoy una gran parte de la sociedad.”

Gonzalo Moure

10.4.08

La noche de los autómatas

El Adelanto, 6 - IV - 2008

Después de unas semanas de incógnita y cuando se suponía que, con motivo del décimo tercer aniversario de la Casa Lis, la Asociación de Amigos del museo iba a donar tres nuevos autómatas a la colección, se liberó la duda. No eran tres piezas reales, sino tres actores que, disfrazados de estos muñecos característicos de la institución, abrieron la bohemia Noche de las libélulas.
A los versos, Raúl Vacas presentaba a estos simulados androides (un director de orquesta, una bailarina y un payaso clochard): Se alza en el aire mudo la batuta / E inicia el director el movimiento / Llora un violín con lánguido lamento / La triste melodía que ejecuta / Un violonchelo adulto le disputa / al xilófono la gloria de un momento. Y la noche, con la temperatura y el escenario -esa gran claraboya modernista- acompañando, se tornó mágica. De fondo, el piano de Lauren Cintado y la voz de Cristabel Padró musicaron el recital.



En la Europa de los siglos XVIII y XIX muchos relojeros-mecánicos intentaron descubrir el secreto de la vida creando todo tipo de criaturas extraordinarias de una gran complejidad mecánica. Cada uno de estos seres era fruto de un minucioso y largo trabajo de elaboración pero con resultados impresionantes.
Pero también los seres humanos, como señala la web teatrodeautomatas.com, somos autómatas, robots genéticamente programados y dotados de una sofisticada mecánica: rótulas y tendones, musculosos fuelles, calibrados balancines, sonoras lengüetas...

Alejandro Romualdo, un extraordinario poeta peruano, escribió en su libro Mapa del paraíso un soneto en homenaje al antropoide que todos llevamos dentro; ese ser aún por domesticar:

CONTROL REMOTO

Anónimo, social y combativo,
mi tácito antropoide se levanta.
Come conmigo. Fuma, Silba. Canta.
Enamoro con él. Padezco y vivo.

Siempre corrige todo lo que escribo.
Siempre intuye el dolor. Y se agiganta.
Veloz, fuga de mí : se me adelanta.
Brutal, me empuja todo lo lascivo.

Desde su límite animal, suspira.
Desde su límite animal, me mira
el pobre : taciturno, humanizado.

¡Ah, mi civil, angélico antropoide,
paga en metal y cobra en metaloide
su derecho a vivir encarcelado !


También Francisco Umbral en su maravilloso libro Mortal y rosa reflexiona sobre un extraño ser que vive en nuestro interior y que en ocasiones se hace transparente. Dice Umbral:

Un antropoide vive y se despereza cada mañana en mi genitalidad [...]
A medida que yo me voy haciendo un poco antropoidal con los años, por la inercia del eterno retorno, el antropoide se va humanizando, se va civilizando, se torna filosófico y melancólico. El día que se me muera mi antropoide me habré convertido en un bibliotecario y estaré definitivamente acabado. Hay que llevar el antropoide como el domador lleva su tigre, pasearlo por la vida. [...]
Al antropoide le aburre que yo lea periódicos, y se pone a mirar para otro lado. Está impaciente por arrojarse al cuello de alguna mujer. Se pasa uno la vida tratando de educar al antropoide, y cuando lo tienes casi completamente urbanizado, resulta que eres tú mismo, que es lo mejor de ti lo que empieza a fallar, a selvatizarse, a rebelarse [...]
Me da pena, ya, verle tan bien educado, tan correcto, tan resignado. La melancolía del hombre adulto es una melancolía de domador. Lo mismo que debe sentir el domador, si es sensible, cuando ha conseguido someter al viejo tigre, urbanizar al noble león. [...]


Todos, tal y como afirma Umbral, llevamos dentro un antropoide que realiza día a día los mismos movimientos, masculla las mismas ideas y repite los mismos hábitos. Ese automatismo nos aleja del género humano para convertirnos en verdaderos antropoides.
Algunos políticos de Salamanca son un claro ejemplo de antropoides: repiten lo que les dicta su partido, heredan las mismas posturas de sus antecesores y reinciden en cada uno de sus movimientos.
Pero toda política, todo movimiento, tiene su oponente: el humano. Humanos de la marca Fernando Saldaña, Victorino García Calderón o Josetxu Morán, de maravillosa manufactura, pero que, inexplicablemente, son apartados de la escena cultural de la ciudad por la fuerza que ya hemos mencionado: los antropoides.

Pero vayamos al grano. Desde hace dos años es tradición en la Noche de las Libélulas mostrar alguno de los autómatas que forman parte de la colección del museo y darle vida, además de movimiento, con poesía y música.

Este año tenemos el gusto de poner en funcionamiento tres nuevos autómatas, adquiridos recientemente por la Asociación de Amigos del Museo de la Casa Lis: un director de orquesta, una bailarina de ballet y un payaso clochard.
Y tendremos el privilegio, al finalizar el acto, de asistir a una exhibición conjunta de los tres.

Será un placer compartirlo con todos, de la mano de Lauren Cintado y Cristabel Padró (en la música), del maestro relojero Diego Terrón y de un servidor. Contaremos también con la colaboración de algunos componentes de Kuro Neko Teatro, Teatro Katúa y Descuido Teatro que presentaremos al final.

La Casa Lis se complace en mostrarles el primero de los autómatas: un director de orquesta que data de 1930 y hace días fue donado a la Asociación de Amigos del Museo por el Conservatorio de Parma. Se cree que dicho autómata es una réplica de Arturo Toscanini, director de orquesta italiano, considerado por muchos de sus contemporáneos como el más grande director de orquesta de su época. Era célebre por su prodigioso oído y su memoria fotográfica.
Este autómata, del que se hicieron apenas veinte reproducciones, era un fantástico regalo para hijos de directores de orquesta, coleccionistas o entusiastas de la música.


Se alza en el aire mudo la batuta
e inicia el director el movimiento,
llora un violín con lánguido lamento
la triste melodía que ejecuta.

Un violonchelo adulto le disputa
al xilófono la gloria de un momento,
la flauta travesera toma aliento
y el arpa, allá en lo oscuro, ni se inmuta.

La sinfonía inunda los sentidos
del público que sueña, siente y calla
y afina su emoción y sus latidos.

Y la batuta rasga, ordena, estalla
cuando los músicos más atrevidos
se besan con amor brujo de Falla.

A continuación les mostramos el segundo autómata: una bailarina de ballet con tutú de crepé largo con múltiples capas de tules. Se atribuye la confección del traje a Karinska, madre del vestuario del ballet clásico. Fue ella quien señaló que “el tutú es como un soplo de vida”.
Esta delicada muñeca, que baila con el sonido de caja de música fue un juguete muy distinguido entre las damas parisinas. La pieza fue adquirida en el Museo de los Autómatas de Grenoble.



Suena la música y la bailarina
gira con el sigilo de un planeta,
salta, se dobla, vuela, se está quieta
deja su rúbrica en cada retina.
Con su tutú de tul y seda fina
y su mirada tierna, azul, discreta,
quiere ser ave y sobre una veleta
bailar al son que el viento determina.
Sueña con cisnes y con cascanueces,
con piruetas nunca imaginadas
con el vuelo rasante de los peces.
Y con las luces frías y apagadas
ensaya cada paso tantas veces
que están sus zapatillas desgastadas.

Tenemos el placer de compartir con ustedes el tercer Autómata: un payaso clochard cedido a la Asociación de Amigos del Museo de la Casa Lis por un particular que no quiere desvelar su nombre.



¿Quién hay más melancólico en el mundo
que trate de hacer risa con su pena
y aúlle aunque la luna no esté llena
que un clochard solitario y vagabundo?

¿De quién es el suspiro más profundo?
¿Quién llora tierno como madalena?
¿Quién colorea la tristeza ajena
sólo con su mirada en un segundo?

Tal vez sienta el payaso que el amor
tan serio y tan formal en ocasiones
no pueda concebirse sin humor,

por eso no se admiten confusiones:
su llanto en realidad es de una flor
su risa como un parque de atracciones.


Llegamos a la sorpresa final. Lo que van a ver ustedes, señoras y señores, es una recreación de la famosa escena del clochard y la bailarina de la Ópera Buffa “El amor puro”.
Se trata de una ópera napolitana con tema cómico de la primera mitad del siglo XVIII. Dicha ópera narra el encuentro furtivo entre una bella bailarina y su enamorado el joven payaso. La bailarina, de origen humilde, se ha prometido con un director de orquesta para poder sacar de la miseria a su familia. El director los descubre en su cita, sin que ellos adviertan su presencia y, comprendiendo la verdadera naturaleza del amor de la bailarina, decide renunciar a ella y marcharse para dejar que los enamorados disfruten de su pasión.



El amor puro

Cuenta una dama leída
que una bella bailarina
de la corte parisina,
con un hombre prometida
y con otro comprometida
era esclava de un amor
tan rico y prometedor
que la sumía en desvelos,
dichas, lágrimas, recelos,
y algún que otro rubor.

Es la dulce bailarina
de exquisito movimiento
presa de enamoramiento
de un clochard que en una esquina
ríe a cambio de propina
sin saber que su querida
está recién prometida
con un director de orquesta
que tampoco sabe que esta
lo engaña cual concubina.

Cuentan que aquel amor
no era real en esencia
sino pura conveniencia
pues, no en vano, el director
era dueño y poseedor
de la más grande fortuna.
Y ella que de humilde cuna
y mísero parentesco
intuyó dinero fresco
pensó acabar con la hambruna.

Una noche de verano
bajo la única estrella
el clochard se vio con ella
sin saber que el melomano
les vigilaba a trasmano.
Y al ver el hombre de orquesta
que aquella no era su fiesta
se desmayó y volvió en sí.
¿Quién me mandaría a mí
enamorarme de esta?

Los amantes a escondidas
se miraban, se rehuían,
se besaban, se reían
se lamían las heridas
que el tiempo dejó en sus vidas.
Y en medio de la espesura
él la amaba con locura,
con amor limpio y platónico,
mecánico y electrónico
y la intención noble y pura

El director conmovido,
resignado y moderato
después de verlos un rato
en su romántico nido,
con el pulso sostenido
comprendió la melodía
de esa bella sinfonía
y antes de darse a la fuga
en su más flamante buga
derrochó galantería.

Y al comprobar que la dama
abrazaba al vagabundo
con sentimiento profundo
detrás de un espesa rama,
decidió entrar en la trama
y acercándose al clochard
le quiso felicitar,
aunque el amor de este cuento
por razón de un instrumento
no se pudo consumar.

Y como fuera que el caso
siguiera tal derrotero,
el maestro relojero
consideró, por si acaso
acabara en un fracaso
esta opereta de mierda,
no volver a darles cuerda
y deshacerse de la llave.
Y tan sólo es él quien sabe
que ya nadie los recuerda.

Aplaudan a estos actores
que se ganan el sustento
sólo con su movimiento
y permítanme, señores
y señoras, los honores
para el viejo relojero
que con tacto y con esmero
ha hecho posible este invento.
Y aquí se acaba este cuento
sin telón ni telonero.



Gracias a Josetxu Morán, por su trabajo y su dedicación no sólo en este espectáculo sino durante muchos años en la Casa Lis. A Pilar Borrego, por enfundarse el tutú y hacernos disfrutar con su papel de bailarina. A David Galeano, por todo el humor y la ternura que nos ha contagiado. A Diego Terrón, por dar cuerda a estos maravillosos autómatas. A Sebi Galeano, por su apoyo en la parte técnica. A Lauren y Cristabel por su buena nota musical. A todos ustedes, por su atención. Y a la Asociación de Amigos de la Casa Lis por confiarme un año más la tarea de animar esta fiesta y hacerme sentir como en casa.

Con un recuerdo especial para el señor Buch y nuestra enhorabuena a don Jesús Málaga por el nombramiento de socio de honor les invitamos a brindar por esta fiesta y a disfrutar de la noche.

24.3.08

10 palabras para sobrevivir a un diluvio

[... ] El Diluvio Universal me lo sabía de memoria. Nos lo habían contado mil veces, pues la Biblia era en aquella época una fuente inagotable de relatos. Si un niño oye que se está produciendo el Diluvio Universal, cree a pies juntillas que se está produciendo el Diluvio Universal que, lógicamente, no tardaría en llegar a Madrid. Me metía en la cama imaginando formas de escapar cuando las aguas empaparan mi colchón y me preguntaba cómo, siendo mi padre una buena persona, no había sido advertido con tiempo para que fabricara un Arca como la de Noé en la que librarnos de aquella maldición. [...]

Juan José Millás
Postales con lodo


No puedes plegar un diluvio y
guardarlo en la gaveta.

Emily Dickinson



Diez palabras

Dime cuáles son para ti
las diez palabras más bellas de la lengua castellana
y te diré quién eres

Nicanor Parra


Para mí
la primera barcarola
porque es mentira y además se puede
cantar en más de dos idiomas

la 2 podría ser
un adjetivo en femenino

blanca

la tres, tálamo,
no necesita explicación

4 cincel
5 amapola
epitalamio puede ser la sexta
aunque tal vez suena algo rebuscada
amor sería más fácil
pero también más tonto
la siete bocamanga

podría escoger ángel
pero prefiero feria
sí, feria es la octava
la novena palabra es artefacto
(siempre me gustó)
la décima vergel

Gonzalo Escarpa
Fatiga de Materiales

Paraguas
La palabra “paraguas” nos permite resguardarnos del agua cuando diluvia sobre los tejados y los corazones.

Pero como dice Rafael Pérez Estrada en uno de sus poemas:
"En ocasiones es fácil confundir a los paracaidistas náufragos
con las grandes medusas"
l
Diccionario
El diccionario está lleno de palabras. Es el arca de la RAE, donde los académicos de nuestra lengua meten casi todo lo que está a nuestro alrededor o en nuestro interior. En un diccionario cabe la palabra "mundo" pero también la palabra "corazón" o la palabra "montaña".

Diccionario, no eres
tumba, sepulcro, féretro,
túmulo, mausoleo,
sino preservación,
fuego escondido,
plantación de rubíes,
perpetuidad viviente
de la esencia,
granero del idioma.

Pablo Neruda
Nuevas odas elementales

Botella
Hay quienes ahogan sus penas en alcohol porque nunca se atrevieron a enfrentarse a la realidad.
Y hay quienes confían en las botellas como portadoras de mensajes, con la esperanza de que lleguen a alguien que pueda salvarnos. Incluso hay quienes son capaces de meter barcos en ellas.

SOS

El náufrago trató de arreglar la radio, pero estaba indeciso con el cable: ¿ese o ese?

Raúl Vacas
Letra pequeña. Abecedario mínimo


Botella al mar

Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles

Mario Benedetti
Fragmento de "Botella al mar"


Libro
Leer y escribir nos permiten sobrevivir a cualquier diluvio. Un libro, si no es muy pesado, puede ser la mejor balsa; el mejor arca donde guarecernos. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, por ejemplo, nos cuenta muchas formas de sobrevivir siendo náufrago.


Los libros. Su cálida,
tierna, serena piel. Amorosa
compañía. Dispuestos siempre
a compartir el sol
de sus aguas. Tan dóciles,
tan callados, tan leales.
Tan luminosos en su
blanca y vegetal y cerrada
melancolía. Amados
como ningunos otros compañeros
del alma. Tan musicales
en el fluvial y rebosante
ardor de cada día.

En un ejemplar de las Geórgicas

Cebolla
El llanto es una buena forma de sobrevivir. Las lágrimas desahogan.
Todos los sentimientos encuentran en el kleenex su mejor tabla de salvación. Dice Luis Pastor: “Puedes olvidar con quien has reído pero nunca olvidarás con quien has llorado”.



Prismáticos
La mirada puede salvarnos de cualquier diluvio. Si estamos atentos para avistar tierra, para interpretar los signos del cielo, para observar cuanto sucede a nuestro alrededor seguro que llegaremos a buen puerto.
Todo lo que está ante nosotros es poesía. Sólo tenemos que aprender a mirar.



Mi mirada me espera en las cosas,
para mirarme desde ellas

Roberto Juarroz.
Sexta poesía vertical

Arca
La palabra “arca” significa, además de “embarcación que construyó Noé”, “caja, comúnmente de madera sin forrar y con tapa llana que aseguran varios goznes o bisagras por uno de los lados, y uno o más candados o cerraduras en el opuesto”. En un arca, como en nuestro corazón o en nuestra mirada, guardamos muchas cosas valiosas que no queremos perder. También los espejos guardan el reflejo de casi todo.

Mi alma es esa casa de madera que arrastra el vendaval.
A veces en la noche yo siento acercarse a un huésped invisible y oigo girar su llave y escucho avanzar sus pasos.

Entonces la poesía, cada pluma arrancada a las alas de un ángel, es la semejanza de una casa en el aire, el portal luminoso, las ventanas abiertas, el que empuja la puerta y el que entra seguro y se acerca hasta el arca y reparte los dones.

Juan Carlos Mestre, en “El arca de los dones”

Tapón
Quitar el tapón de la bañera supone dejar que el agua que limpia nuestro cuerpo fluya hacia los desagües.
También nosotros podemos, en ocasiones, quitar el tapón de nuestra cabeza para que sueños, ideas, proyectos y poemas desborden nuestra vida.
La imaginación es un auténtico diluvio del que podemos sacar provecho o en el que nos podemos ahogar.

Barcarola

barcarola. (Del it. barcarola). 2. Canto de marineros, en compás de seis
por ocho, que imita por su ritmo el movimiento de los remos.
D.R.A.E.

La música nos salva del miedo, nos ayuda a crecer, a ocupar nuestro tiempo. Los marineros cantaban canciones para sentirse vivos, acompañados por el compás de las olas. Pero procuraban no perder nunca el rumbo ni dejarse embaucar por el canto de las sirenas.

El sonido del corazón, su golpeo continuo, es la mejor de las músicas, sobre todo cuando irrumpe el amor

Dios
Creer es importante. Hay quienes creen en el Dios que pactó con Noé (tras el diluvio) una alianza y que recordamos al ver una paloma (señal de paz) o el arcoiris. Pero también hay quienes creen en otros dioses muy distintos, incluso se agarran al amor, a la esperanza, a la vida para tener una razón que les permita crecer y luchar.Si el mundo estuviera en nuestras manos. Si fuésemos Dios que haríamos...


Chicos de Gençana en el taller: