Pasa al interior y ponte cómodo

9.4.06

Cuestión de equilibrio. XI Aniversario del Museo de la Casa Lis


La vida es una cuestión de equilibrio. Una búsqueda constante del sustento, de la ecuanimidad, de la mesura, de la sensatez en los actos y juicios.

Buscamos el equilibrio cuando echamos a andar en los primeros años de vida. Lo perdemos en la cuerda floja de las dudas y problemas, tras una noche de alcohol o ante el vértigo de la realidad y del futuro.

Buscamos la estabilidad al final de la adolescencia y en el matrimonio. Ansiamos el júbilo y la armonía en la madurez tras muchos años de trabajo.

La naturaleza nos enseña a administrar el equilibrio. Los médicos nos recomiendan una vida equilibrada. Los acróbatas y trapecistas nos demuestran que el equilibrio total es posible.

La fachada sur de la Casa Lis es puro equilibrio, una acrobacia de estilo que se alza sobre la antigua muralla.

También muchas de las piezas de este museo, como la bailarina de antorchas, la encantadora de serpientes o la baquesa –con dos racimos de uvas en las manos y apoyada sobre una sola pierna – , reflejan la búsqueda constante del equilibrio y la belleza en el artista.

A pesar del abandono y la ruina de los años difíciles, la Casa Lis se mantuvo sin caerse y recuperó su equilibrio.

Y todos, después de unos años de falta de equilibrio en el Patronato, hemos sabido reconocer la importancia de la armonía, la sensatez y el orden para abordar el futuro de la Casa Lis con esperanza y orgullo.

Una de las piezas que mejor ejemplifican el equilibrio que todos deseamos es el arlequín trapecista.

Manuel Ramos Andrade conservó este arlequín acróbata en el salón de las muñecas de su casa, tal vez porque encerraba en la mirada algún recuerdo.

Este es uno de los muchos juguetes, gastados por el uso, que hace años exhibía el escaparate de alguna de las tiendas de los Campos Elíseos de París.
A él le dedico este poema titulado “Equilibrio”:

Suena la música y el arlequín
inicia su acrobacia en la escalera.
Su mirada profunda, de madera,
lleva escrito en el dorso un amor sin

riesgo ni equilibrio. Busca algún fin
en la armonía dulce y verdadera
de su número, en la inusual manera
de resistir al tiempo y al serrín

Con pulso y precisión de relojero,
sustenta su tristeza con un brazo
y una interrogación sobre la frente.

Qué afortunado el padre con dinero
que, envuelto en una caja y con un lazo,
regalara a su hijo tal presente.

1 comentario:

  1. Anónimo1:14 p. m.

    Sólo nos damos cuenta de lo que significa el equilibrio cuando estamos al borde del abismo. La vista desde allí es tan apasionante que a veces es mejor dejarse caer.
    Un beso. Siempre.

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