Pasa al interior y ponte cómodo

7.2.08

Coplas a la muerte de Don Carnal


Pieter Brueghel. El combate entre don carnaval y doña cuaresma

Recobre el alma la siesta y olvide el sueño cabruno contemplando cómo se pasa la fiesta, cómo se viene el ayuno tan callando; cuán presto se va el humor, cómo después de enterrado da que hablar, cómo el precio del amor de cualquier beso olvidado es recordar.

Y pues vemos cómo el cura llama a todos los confesos al rosario, si juzgamos sin censura daremos con nuestros huesos en osario.
No se engañe nadie, eh, pensando que iba a durar muchos días, más que duró lo que fue pues el tiempo ha de ordenar las alegrías.
Nuestras vidas son los bares que no venden garrafón, que es el morir, allí van los escolares derechos al botellón a consumir; allí, los hombres adultos, allí los otros medianos y menores; en la calle no hay indultos para jóvenes, señoras y señores.
Dejo aquí las restricciones de la cuaresma empezada y vuelvo a la encrucijada del tiempo y sus estaciones.
Y al amor doy aposento pues es fecha de placer y caridad, a pesar de que ese cuento de quererte más que ayer sea verdad.
Febrero es mes de conquista, para al otro algunas cosas regalar, mas cumple ser consumista y comprar joyas y rosas para amar. Pues dicen que amor sin dones, en términos de mercado, no es amor. Y menos si no hay condones y bombones empapados de licor.
Y así, metidos en danza con amor en la mirada y oraciones, declaramos nuestra panza, de jamón muy bien cuidada, en vacaciones.
Y a pesar de lo que opinen los pastores del partido popular y el sermón que dictaminen los prelados del infierno en el altar, el humano que esto cuenta, que es al punto buen devoto de Carnal, no pondrá su alma en venta ni a la prédica ni al voto electoral.
¿Qué se fueron de los sabios disfrazados y comparsas de estos días? ¿Quién se pinta ahora los labios y la cara con las farsas más impías? Preparad el monedero, enemigos del placer y la oración, y gastad vuestro dinero con fe ciega y devoción.

13.1.08

Adriano González León


Ayer por la noche murió Adriano González León.
Yo tuve la suerte de conocerlo y de compartir con él momentos inolvidables: lúcidos al llegar el día y absolutamente ebrios por la noche. Pero también conocí a Carlos Contramaestre y a Caupolicán Ovalles, escritores venezolanos con quienes, Tomás Hijo y yo, creamos un vínculo de amistad y fascinación increíble.
En cierta manera, ambos somos herederos de su espíritu y de sus recuerdos. Algún día, llevaremos a la práctica nuestro compromiso con ellos de hacer una revista de poesía y arte con el título de “La iguana ebria”.

Transcribo a continuación un fragmento de su novela Viejo y parte de una entrevista inédita que le hicimos.

Y brindo por él y por Ángel González, que también abandonó esta vida, y hago por ellos la hoguera más alta en un lugar poco propicio para el amor.



[Viejo no significa enfermo, dicen los manuales optimistas. Pero, ¿qué es entonces este dolorcito en la espalda? ¿Qué pasa que no puedo cruzar y descruzar las piernas? ¿Por qué ya no es tan segura la pisada? Uno se engaña, se da fuerzas, se miente. No pasa nada. Es por el mal dormir. Y otra cosa: caminé más de lo debido. Uno no puede andar así como así, dando saltos, por la ciudad, metido entre vendedores ambulantes y tarantines y automóviles escandalosos. hay varios huecos que uno debe evitar con los brincos. Y aceras rotas. En algunas calles falta la reja de la alcantarilla y hay escombros, maderas, cartones olvidados, desperdicios. Es necesario saltarlos, esquivarlos. Movemos el cuerpo más de lo debido. Sí. Eso es. Por ello vienen después los dolores. Claro, pero eso. Dice uno. Pero lo dice, anda más. No lo cree. En el fondo sabe que hay algo en los músculos que no va. Algo que no marcha en los huesos Algo que no camina en la cabeza. Pero siempre hay las justificaciones. ¿Cómo no voy a tener dolor en los músculos si anoche lo que hice fue dar vueltas en la cama? Claro... Claro... El insomnio es lo que friega. Sin embargo el insomnio es duro y negro y es como un torbellino y es de nunca acabar. Es asfixiantes. Da en el pecho. En los codos. Le duerme a uno los brazos. Le late en la cabeza. Le pica en los oídos. Le salta en la nariz. Se le retuerce en el estómago. Dan ganas de orinar y uno se para y va hasta la poceta y no orina nada. Unas gotas nada más, unas gotas que le mojan el pantalón de la pijama y uno vuelve chorreado y húmedo a meterse en las sábanas. entonces el frío tampoco deja dormir, se pega la tela y al rato se vuelve a sentir ganas y uno regresa al baño, hace el esfuerzo, puja y tampoco sale nada y se vuelve a meter en la cama, y de vueltas, suda, respira, tose, siente que un ratón le corre debajo de la piel, siente una pluma sobre los labios, siente un tornillo en las sienes, siente un murciélago volando, siente un ruido de motor con río y máquina de moler piedras y pala mecánica y bola de hierro que golpea las paredes y una cierta nube que atosiga y confunde las visiones.Como es también el insomnio de verdad. Uno no inventa nada, no sueña. No tiene pesadillas, pues está bien despierto. Las cosas feas en los sueños ocurren como si estuvieran detrás de un vidrio. En el insomnio están aquí mismo, sin separación, bien sudadas. Porque ese sudor es lo más hostigante. Los presentimientos nos meten miedo. Nos meten fríos y temblores. Uno suda. Allí se va yendo la noche. Allí se va yendo la vida. Porque cuando uno se queda dormido ya es sólo un guiñapo. un trapo encogido , un muñeco de paja tirado entre las sábanas y el cobertor arrugado, hecho una lástima, una sobra de hombre , una porquería, un resto iluminado por le sol, despertado por el sol que se mete con un chorro furioso por la orilla de la ventana y nos da justo en la frente como una pedrada.]

De la novela Viejo, Alfaguara


P. Cuéntenos cómo a partir de una anécdota surgida con una iguana en la Plaza Mayor surgió "El Techo de la Ballena"...
R. : Bueno, se formó acá la idea de estimular un nombre como "El Techo de la Ballena". Había unos venezolanos amigos de Caupolicán Ovalles y Carlos Contramaestre que no sé cómo obtuvieron una iguana y, por supuesto, semejante animal en plena Plaza Mayor de Salamanca era un acontecimiento, ¿no? La cargaban viva y sostenida por unas cuerdas la llevaban a pasear. La gente se aglomeraba en la Plaza Mayor y los que ignoraban por completo qué era aquello decían: joder, que es un cocodrilo; que no, que es un animal del infierno, pero mírale esa cosa que tiene arriba parece lo que llaman un caimán, puede ser un loro reptil. Hicieron montones de teorías en torno al animalito que, en plan de juerga y de parranda, paseaban por la plaza Mayor y además después recogían monedas para después beber buen vino en las tascas utilizando al animal. Yo no sé cómo lo alimentaban pero lo lograron mantener vivo mucho tiempo y de vez en cuando le daban su veraneo y sus vacaciones en la orilla del Tajo y lo regresaban otra vez a la Plaza Mayor. Contramaestre y Caupolicán decidieron entonces, ante la precariedad de la existencia de la iguana, crear un animal más grande y simbólico y a través de las lecturas de los poemas escandinavos descubrieron que al cielo lo llamaban “El techo de la ballena” y así titularon su apartamento de estudiantes. Además, era un cielo muy convulsionado y muy sucio como generalmente los cielos de las residencias estudiantiles y estaba lleno de rayas y de chispas como las que suelta el surtidor de la ballena. A partir de ahí ellos comenzaron a jugar con que vivían en el techo de la ballena y del otro lado estaba la iguana a la cual empezaron a darle vino y la llamaron después la iguana ebria. Se constituyó también en el nombre de una pequeña colección literaria que se hizo después. Ese, un poco complejo, fue el origen del nombre “El techo de la ballena”. En Caracas coincidió que el primer acto que cumplió "El techo de la ballena" fue una exposición de pintura que se realizó en un garaje, en la parte aledaña a un chalet que también era de techo bajo y complejo y coincidía un poco con la idea del techo de la ballena que ellos habían tenido en Salamanca. A partir de ahí se bautizó esa exposición que se llamó “Para restituir el magma” y se acompañó con la presencia de un hombre orquesta, de esos que suelen tocar siete instrumentos al mismo tiempo y que ya han ido desapareciendo. Convulsionaron enormemente el vecindario porque no era una zona de galerías ni de arte, era un barrio común y corriente de Caracas que se vio de pronto sorprendido por un músico insólito que agitaba campanillas y tambores y por una pintura que no tenía nada que ver con lo que estaban acostumbrados. Además, a los circunstantes se les obsequiaba ron en orinales y todo eso era como una fiesta provocadora y arbitraria de la cual casi nadie se quería ir y la única manera para terminar con ello fue que se inundó el lugar donde se efectuaba la exposición artificialmente con una manguera para que la gente ante el temor de ahogarse tuvieran que retornar a sus casas. El techo de la ballena realizó después una exposición de burla a toda la literatura convencional del país y a la manera de expresarse los políticos que se llamó “Homenaje a la cursilería” y después seguimos con la publicación de libros como Duerma usted señor presidente de Caupolicán Ovalles, con prólogo mío, donde yo hablaba de una poesía que investigaba las basuras. Y entonces hicimos la exposición plástica más provocadora de Carlos Contramaestre que se llamó “Homenaje a la necrofilia” que era ir hacia el punto máximo de la presentación de la materia en el cuadro y como Contramaestre había sido médico rural en un pueblo de Venezuela reunió carne y pieles de corderos que sacrificaban los campesinos y se las trajo hasta Caracas y con eso elaboró cuadros: con la materia en vivo y sanguinolenta de los corderos componiendo la estructura más toda una teoría y contrateoría sobre la necrofilia que constituía en esos momentos una gran ironía contra la violencia que el gobierno nacional desataba y contra la agresión y la violencia que los Estados Unidos querían desatar en el Caribe contra Cuba en la famosa crisis que ustedes conocen. Es decir, que tenía varias lecturas esta exposición de la necrofilia que se inauguró un 2 de noviembre, día de los muertos, y a la que todos asistimos con frac negro, a sabiendas de que aquello era irrepetible, que comenzaba y se agotaba en sí mismo. Y en efecto comenzó y se agotó en sí mismo. A los pocos días los gatos dieron al traste con los cuadros expuestos. Eso era lo que la crítica tradicional no entendía, siempre lo encontró como una gran irreverencia pero los grupos tradicionales y conservadores y policiales entendieron que en verdad se trataba de una afrenta contra ellos y comenzó la persecución. Durante catorce días una cadena de periódicos compuesta por seis diarios y tres revistas mantuvieron un ataque frontal contra nosotros acusándonos de pervertidos, extremistas, provocadores, subversores del orden, es decir, todo lo que se le puede decir a una gente que hace una exposición como ésa que en cierto modo conmocionó.
Raúl Vacas y Tomás Hijo

Recuerdo para Ángel González

De izquierda a derecha: Inma Croche, Raúl Vacas, Ángel González, Fernando Díaz y Juan José Mediavilla


Conocí a Ángel González en Valladolid, en la clausura del Congreso "Poesía Necesaria". Le regalé varios libros dedicados y charlé brevemente con él, después de expresarle mi admiración.
Me sumo al recuerdo de este espléndido poeta, siempre cercano y sencillo, con un poema de Benjamín Prado.
Y recomiendo a quienes no conozcan su obra cualquiera de sus libros.


Una noche con Ángel González

Me enseñó que la suma de las huellas
no equivale a la nieve;
que en el ojo cerrado comienza lo invisible
como la sed se inicia en el vaso vacío.
Eso es lo que decía Ángel González:
busca la claridad
y comprende lo oscuro.

Me enseñó que un poema es un acuario
con peces de verdad y agua inventada;
que el hielo se deshace
lo mismo que se vuela una paloma;
que el hielo se deshace
lo mismo que se vuela una paloma;
que el muro en construcción ya contiene sus ruinas.

Eso es lo que me dijo:
todo acaba
y un hombre nunca sabe qué pasado le espera.

Yo cambié para oírle,
como cambian los ojos de quien mira las dunas.
Y a su lado,
cada uno
continuó viviendo con su corazón verde
o su corazón rojo,
igual que un árbol con una sola manzana.

Benjamín Prado
Iceberg

14.12.07

Así es el alcalde de la MUY NOBLE, LEAL, CULTA y HOSPITALARIA Ciudad de Salamanca. Sobran las palabras, nunca mejor dicho:

17.10.07

Porque sois buena gente

El desván del duende acaba de publicar su primer disco
"Eres buena gente". www.eldesvandelduende.com/

Esta es mi particular celebración:

A todas las gentes buenas se informa aquí que se vende (Razón: El desván del duende) un disco, y a manos llenas. Y al abrigo de las penas del corazón que retumba pero nunca se derrumba voy a cantar al desván un tiri ti tran tran tran al compás de alguna rumba.

Que hoy sin vértigo, a tu lado, estoy dispuesto a volar de tus labios hasta el bar. ¿Por qué está el suelo mojado? Porque dicen que han regado las macetas de colores de Cáceres y alrededores y en Mineápolis, creo. ¿Te apetece de papeo pinchitos y unos licores?
El primo José Manuel templa con ron la garganta y en los ratos que no canta se deshoja, a flor de piel, entre papel y papel. Llena sus cajas vacías con cogollos de marías y su locura ordinaria, y hasta en una funeraria te canta por alegrías.
Cuando se pone el sol feo, siempre al margen de la ley, el Antonio Rumbakey comienza a montar jaleo y a animar el bailoteo. Y en medio de la función es tal su re-percusión que en las cosas del amor y al compás del buen humor te toca hasta el corazón.
A Miguel vivas le gritan las niñas de puerto en puerto, y al acabar el concierto en su escotilla le citan y entre sus brazos tiritan. Con un nudo marinero en su corazón viajero va tocando la guitarra del escenario a la barra, poropo porompom pero.
Y en verano, a la solana, y al pie del ventilador, la sombra de un cantautor se entretiene en la ventana con ganas de armar jarana. Y no hay niña buena o mala, ni tímida colegiala que no le brinde un suspiro. Oye Jorge date el piro que la moza se acicala.
Brindo con fino y jerez por el bajo de este grupo y del que ahora me ocupo porque le toca la vez. No quisiera ser soez pero a este tipo guaperas le chiflan las enfermeras. De Badajoz a Sumatra no hay, como Carlos, pediatra, que te toque las paperas.
Ningún crítico de arte negará después de verla que esta chica es una perla y sabe como embrujarte, así que punto y aparte y a gritar juntos, a coro: ¡ay niña como te adoro! Y que nadie se preocupe porque si canta la Lupe se llena todo el aforo.
Antes de que cante el duende debéis de comprar el disco porque desgrava en el fisco y baratito se vende, que aquí el que no enseña aprende del derecho y del revés. Cuenta uno, dos y tres, no te vayas por las nubes, escribe tres dobles uves y el desván del duende es.

(A los amigos de El Desván del Duende)



12.8.07

¿Opinar es de sabios?


Indignante el artículo “Adiós a Espinoza” firmado por Alberto Estella y publicado en la sección de Opinión de LA GACETA REGIONAL de Salamanca el día 4 de agosto de 2007.
¿Qué fue de la elegancia, en el estilo y en las formas, del periodismo? ¿Qué ocurre con los medios de comunicación, de unos años a hoy, para que den voz a tantas y tantas palabras corrosivas y llenas de bilis, sobre todo en lo que a política se refiere?
¿Cree el señor Estella que la pérdida de comicios de la “izquierdorra salmantina”, tal y como la califica en su artículo, se debe precisamente a la sensatez y la cultura de su signo político? Ni mucho menos.
¿Cree, también, el señor Estella que referirse a Espinoza como “flor de la verdulería”, “ecolojeta”, “pleitista mayor de la provincia”, “indocto” “ex paria de la tierra” es propio de alguien que coordinó nada menos que un programa cultural en Salamanca en 2005? ¿Esa es la cultura y la limpieza que reza en el eslogan municipal?
El respeto y la elegancia son dos cualidades que distinguen al hombre culto. Esa forma de escribir, o de regurgitar, del señor Estella es lo que suscita el resentimiento y la división.
Señor Estella: tal vez debería rectificar sus palabras, sin poner en peligro sus ideas, y demostrar que la rectificación es cosa de sabios.
Creo que el verdadero currículo de las personas está en el compromiso con las ideas y en la sabia creencia de ser mucho más de lo que significan los títulos.
Es muy dichoso, tal y como escribió Fray Luis, el estado de quién busca la sencillez y la humildad y decide no ser envidiado ni envidioso”. ¿De qué le sirve a usted ser doctor para inocular, como lo hace, el virus del odio y la falta de respeto, entre tantísimos lectores? Creo que nos merecemos mucho más.

En defensa de nuestro compañero Luis Enrique Espinoza

COMUNICADO DE LA JUNTA DE PERSONAL DOCENTE E INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA A TODO EL PROFESORADO

25.7.07

REW



Fin del encierro. La manada descansa en los corrales. Poco después el público de la plaza, en pie, aplaude el paso de los toros, y se sienta para aguardar la llegada de los corredores y los toros al ruedo vacío.

Los mozos más rezagados corren delante de los toros en el callejón, donde un montón de corredores en el suelo se levantan y tropiezan para proseguir la carrera. Cerca de la curva de Telefónica hay una ambulancia. Una mujer acaricia el pelo de un joven ensangrentado que deja de gritar de dolor, separa los brazos de su cabeza, salta sobre el cuerno del toro, se pone en pie y vuelve la vista para ver al morlaco que se le acerca con peligro. Otro de los toros pisotea a un corredor que está en el suelo y lo empitona antes de caer y de correr torpemente por la calle Estafeta. Y un mozo siente el asta y acaricia el lomo de un jabonero que alcanza su paso antes de tropezar en la curva izquierda de Mercaderes y de golpearse después con la valla protectora a la que se encarama de un salto uno de los pastores.
La manada corre hasta la altura del Ayuntamiento. Cientos de mozos vuelven la cabeza para no perder de vista a los cabestros que preceden al grupo de vitorinos. Atrás queda el peligro de Santo Domingo donde la carrera se hace más rápida y apenas hay lugares seguros donde rehuir el miedo.
Los jóvenes se detienen. Algunos calientan los tobillos y se santiguan. Otros miran expectantes como los toros inician la carrera tras flanquear los corrales. La puerta se cierra a su paso. Suena un cohete. Los mozos cantan sus plegarias a San Fermín y agitan sus periódicos, ahora desenrollados, con los nervios cada vez más tranquilos. Dos o tres minutos y ochocientos metros separan la muerte de la vida. Corredores y público buscan su lugar en el encierro. Suena la canción de diana de La Pamplonesa. El alba da paso a la noche. Los toros corren, siguiendo a los pastores, hasta los Corrales del Gas. Suena el primer clarín. Va a comenzar el encierrillo. Los policías despejan el recorrido. El mayoral distribuye a los pastores. El reloj da las once.

3.7.07

Sobre el estado de la emoción



Señor Rajoy: después de escucharle en el debate sobre el estado de la nación, le invito a otro debate, mucho más íntimo, sobre el estado de su emoción, y a que piense, con la mayor objetividad del mundo (y no me refiero al periódico que le instruye), a pensar en la emociones de los ciudadanos que conforman el Estado en que vive.

Me parece una falta de responsabilidad política y moral que eche en cara a los socialistas el espíritu de revancha de la Ley de la Memoria Histórica, o que acuse al Gobierno de establecer una división entre buenos y malos. La principal división que ha habido en este país, más allá de la que existe actualmente por la política insidiosa de su partido, fue la conocida como “división azul” que luchó del lado del nazismo. Y no olvide que la memoria, cuya ley pone en duda, fue monopolio exclusivo de Franco y sus gobiernos afines que erigieron cientos de monumentos a su propia memoria, nominaron miles de calles y editaron lemas y consignas en fachadas, sellos y monedas que aún hoy, en medio de una convivencia pacífica, nos recuerdan el horror de una guerra y sirven de estímulo y guía para muchos de sus votantes.
Y me parece una falta de objetividad y de credo político, además de una imprudencia (usted que presume de ser extraordinariamente prudente) tachar los contenidos de la disciplina “Educación para la Ciudadanía” de “catecismo socialista” y de estrategia para influir moral e ideológicamente en los ciudadanos, cuando la doctrina social de la Cadena COPE, avalada por la Conferencia Episcopal y defensora de los valores de su partido, ha consistido única y exclusivamente en el engaño, la difamación, la manipulación, la demagogia y la mentira. ¿Cree usted verdaderamente que la mentira, tal vez la palabra que más emplea en sus acusaciones al Gobierno, podrá hacernos libres?
La demagogia, la retórica y la propaganda de su partido han hecho mella en muchas personas lúcidas y responsables que han acabado creyendo como válida la verdad resultante de muchas mentiras repetidas. Ese es el principal precio político de su gestión, carente de confianza en el diálogo, de proyecto futuro, de alternativas políticas y de lealtad.
Señor Rajoy, usted dijo en el debate que no pretende hacer leña del árbol caído, pero no sólo ha hecho leña, y en abundancia, sino que derriba intencionadamente verdades como árboles para asegurar la brasa de su discurso político, además del voto, con el único argumento del terrorismo
No ponga, por favor, en su boca sentimientos y frases de otros si no son para fines lícitos. Es una falta de rigor que cite a Ortega para hacer balance del número de errores del Gobierno cuando ustedes nunca han sabido reconocer y pedir perdón por los propios.
Permítame que cierre mi réplica con una convicción: usted me suscita las emociones más oscuras y cavernarias, por emplear su propia terminología, y un estado de anemia política que, no obstante, nunca me hará perder el juicio.
Si su primera intervención le pareció dolorosa, obligada como dijo por las circunstancias, espero que su dolor más íntimo, tras conocer los resultados de las próximas elecciones generales, sea mucho más recto y verdadero.
Y permítame una ironía: ¿Si al señor Zapatero le ha faltado gallardía, a usted no le ha faltado Gallardón?

Dos perlas de Rajoy:







Dale al play y escucha el
Politono Mariano Rajoy


1.7.07

El cuervo

Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)


Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!


21.6.07

Cantigas de seguir y biendizer


El verdadero impulsor de la actual Universidad Pontificia de Salamanca fue el Rey Alfonso X el Sabio, quien le otorgó el estatuto de 1254, conocido también como la Carta Magna del Estudio Salmantino, que representa un cuadro legal y una base económica espléndidos. Con este estatuto, la Universidad quedó definitivamente constituida en su doble carácter de Real y Pontificia.


a Alfonso X el Sabio

La memoria de este claustro
desempolva aquel amor
que, en favor
del dolor,
hizo nido en el olvido.
Hoy, maduro el corazón,
lejos de aquellos saberes
y placeres,
sé quién eres.
Y con mi sueño cumplido,
menesteres
y deberes
del perdón has merecido.

Pero que cante el recuerdo
y encienda la tarde aquella
en que, bella
como estrella,
te besé en este balcón.
Ahora, lejos de este patio,
con la mirada en la luna
la fortuna
es sólo una
y tiembla en el corazón.
Oportuna
en tal tribuna
mi voz teje esta canción.

¿Recuerdas las magistrales
enseñanzas del deseo,
el recreo,
el apogeo
de tus labios con los míos?
Cuánto placer, cuánta ciencia
en esta Universidad.
Ahora edad
y verdad
son fluir de nuestros ríos,
soledad
y heredad,
rumor de abecedaríos.

Sea pues este cantar,
de los cantares, tu guía,
teología
tuya y mía,
secreto que ahora confieso,
homenaje a nuestra lengua,
remembranza del pasado,
un pecado
mal clavado
en mi recuerdo aún ileso,
un bocado
celebrado
con sabor a ciencia y beso.

Que San Ignacio nos guarde,
que vele Tomás de Aquino
nuestro sino
libertino
con mucha pedagogía
y que los sueños oscuros
y el informático azar
den lugar
a juntar
mi piel y tu Compañía
y a aprobar
sin rezar
el Master de Clerecía.


Raúl Vacas
Rodasviejas, mayo de 2007

19.6.07

Huellas (La poesía del bosque)

La identidad del bosque está en sus huellas porque cada rastro esconde o comparte una historia y cada historia, aún más si tiene la talla de leyenda, otorga al bosque una denominación especial. El hombre es una suma indefinida de huellas y de signos; las tres heridas de Miguel Hernández, la del amor, la de la muerte y la de la vida, dejan imborrables huellas en nuestras palabras y en nuestras historias particulares. Nuestra identidad también viene marcada por la huella que imprimimos en el carné. Todo a nuestro alrededor son huellas. Rastreamos infidelidades, sostenemos la sospecha en los indicios, interpretamos signos, borramos marcas y señales. Las huellas son mudas como la ache pero cuentan historias. Los forenses y criminólogos, como los indios, son expertos en leerlas. Saben si el dactilar es de hombre o de mujer, si lo imprimió con genio o gesto leve, si fue un extraño animal quien dejó el testimonio de su paso. Hay maestros, poetas, fotógrafos y domingueros que allá por donde van dejan huellas. También hay amores que se imprimen y tatúan en el corazón o en la mirada.Las huellas nos provocan curiosidad pero a la vez miedo y hay huellas absolutamente irreconocibles que dan lugar a fantásticas historias. No hay bosques sin huellas. No hay huellas sin bosques.
Perfumen el olfato, afinen el oído, predispónganse al tacto, siéntanse a gusto, regulen la mirada. Todo cuanto se insinúe antes ustedes tal vez sea una huella. Paseen por sus recuerdos. Cierren los ojos. Los ciegos tienen en las yemas de sus dedos la mejor de las miradas posibles. Sueñen, jueguen, escriban, lean y dejen su propia huella.



Llueve en la tierra fértil
más allá de los sauces.
Y tú, oh tú,
en la ballena de la muerte,
tan increíblemente sola.


Raúl Vacas
Inédito


Luz


Y cuando el lobo llegó a casa de la abuela observó como los enfermeros sacaban el cadáver de la anciana en una gran bolsa de plástico. Aguardó a que se fueran y entonces, sigilosamente, entró en el cuarto, se puso el camisón y la cofia y se acostó.
Pensaba ser amable y cariñoso con la niña de la capucha roja, evitar que la muerte hiriera su corazón en aquella hermosa tarde de verano.

Tomás Hijo


Ofelia

Nunca la noche estuvo tan hermosa como cuando la tísica flotó, aguas abajo, escoltada por un banco de sardinillas que jugaban a pasar entre sus dientes tan blancos; con los cabellos enredados de algas y lotos y los brazos extendidos como alas.
Sin embargo, el forense indicó a los guardias que impidieran a la gente acercarse por miedo a que la muerte les contagiara su estética; o en las noches venideras se las pasaría levantando cadáveres en un pueblo tan impresionable.

Isabel Castaño

Blues de la escalera


Por la escalera sube una mujer
con un caldero lleno de penas.
Por la escalera sube la mujer
con el caldero de las penas.

Encontré a una mujer en la escalera
y ella bajó sus ojos ante mí.
Encontré la mujer con el caldero.

Ya nunca tendré paz en la escalera.

Antonio Gamoneda
Blues castellano


Reservado ponentes

La poesía es todo
lo que hay entre un disparo y el animal herido

Benjamín Prado



Breve muestra de la Exposición "Huellas. La poesía del bosque" en Riocantos (Arenas de San Pedro) durante el III Encuentro de Animadores a la Lectura organizado por Pizpirigaña.

Idea y realización: Raúl Vacas e Isabel Castaño

Luces y sombras


Heptálogo poético

Hay poetas brillantes que iluminan con su ejemplo y sus palabras, que comparten destellos y auroras, que crean, que transforman. Poetas lúcidos, luminosos, deslumbrantes.
Y hay poetas oscuros, umbríos, lóbregos que tejen su sombra en los últimos días del invierno, que se esconden en bares y guaridas, que convierten en mitos las cavernas.
Pero también hay poetas que hablan, indistintamente, de la luz y de la sombra con absoluta claridad y sin oscuras pretensiones.
Todo poeta, al igual que el fotógrafo o el pintor, debe manejar la luz, domesticarla, acercarla al poema para vislumbrar sus palabras. Debe conocer los secretos de las luciérnagas, las fases de la luna, las clases de relámpagos, las especies abisales, las estrellas fugaces. Pero también debe conocer el lado oscuro del corazón, el interior de los sueños más profundos, la noche, las pasiones, nuestras sombras y asombros, los seres que inventaron nuestros miedos.
En todas las radiografías de todos los hombres y mujeres hay un poeta arrinconado, un esqueleto sensible e imaginativo al que la carne pone límite. Sólo el deseo, el trabajo, la paciencia y la mirada profunda distinguen al verdadero poeta.
Este heptálogo, y los textos que le acompañan nos ayudarán a entender las luces y las sombras de la poesía:


1. El poeta mira con los ojos cerrados y sueña con los ojos abiertos. Quienes mejor describen las cosas son los ciegos. Ellos entienden de metáforas, símiles y comparaciones porque describen con todos los sentidos.

Vi a una ciega que recorría con la punta del bastón el perímetro de un contendor de basuras.
No contaba con la presencia de ese obstáculo y se obstinaba en reconocerlo. Me pareció que estaba metida en un laberinto y la tomé del brazo para conducirla a la acera. El olor a pólvora era muy intenso y caminábamos sobre inmundicias de todos los tamaños. Escuché una sucesión de estallidos que procedían de una o dos calles más abajo. Un niño lloraba en algún sitio. Había anochecido y la niebla era espesa como un puré.
La invidente me explicó que había salido de la acera para no tropezar con el andamio. Miré a mi alrededor y no vi ningún andamio. Se lo dije, pero no me creyó. Sorteamos un coche volcado y tres papeleras esparcidas por el suelo antes de alcanzar la acera. ¿Dónde está el andamio?, insistió la mujer. Un estallido, acompañado de una ráfaga de luz, iluminó la calle. Repetí que no había ningún andamio a la vista. Tiene que estar por aquí, dijo ella. Empecé a tener miedo, pero no me atrevía a abandonarla. Se oyeron unos gritos ahogados por un estruendo ensordecedor. Una botella de cristal se hizo añicos a tres metros de nuestros pies. Pisé una rata.
La ciega me pidió que la siguiera acompañando. Todo empezaba a ser muy misterioso. yo sólo quería estar en mi cama, cubriéndome la cabeza con la almohada, que es la manera más desconsolada de llorar que conozco. Atravesamos tres calles y encontré un andamio. Se lo dije e hice ademán de marcharme. pero ella me tomó del brazo y comenzó a conducirme como si el invidente fuera yo. Entonces cerré los ojos y me dejé llevar. Los ruidos, los gritos y las porquerías del suelo adquirieron otra dimensión. Ignoraba si estábamos en Beirut, en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania o en la noche de fin de año madrileña. Y así estoy desde entonces, con los ojos cerrados para no ver nada.

“Final”, Articuento de Juan José Millás


2. El poeta busca el equilibrio, como buen funambulista, entre el abismo de la realidad y la altura de la ficción. Escribe sobre la luz y escribe sobre la sombra aunque en ocasiones la realidad y sus espejos las confundan.

Asusta que la flor se pase pronto.
Asusta querer mucho y que te quieran.
Asusta ver a un niño cara de hombre,
asusta que la noche…
que se tiemble por nada,
que se ría por nada asusta mucho.
Asusta que la paz por los jardines
asome sus orejas de colores,
asusta porque es mayo y es buen tiempo,
asusta por si pasas sobre todo,
asusta lo completo, lo posible,
la demasiada luz, la cobardía,
la gente que se casa, la tormenta.
los aires que se forman y la lluvia.
Los ruidos que en la noche nadie hace
–la silla vacía siempre cruje–,
asusta la maldad y la alegría,
el dolor, la serpiente, el mar, el libro,
asusta ser feliz, asusta el fuego,
sobrecoge la paz, se teme algo,
asusta todo trigo, todo pobre,
lo mejor no sentarse en una silla.

Gloria Fuertes. Poemas del suburbio


Aprovechó su amor y la entrega para, hábilmente, apoderarse de su sombra. Con besos y caricias, con historias fantásticas en las que las islas serían testigos de su vida en común, fue despegando la sombra de su cuerpo; y ella -absorta y seducida- no notaba nada. Sólo cuando el amante huyó con la sombra, los gritos se mezclaron con las lágrimas.

“El amante de las sombras”, de Rafael Pérez Estrada


3. El poeta no descansa. Trabaja con la mirada día y noche. Escribe sobre la sombra y a la sombra. Escribe bajo la luz natural o la del flexo y da a la luz sus creaciones. Verbos como cosechar, abonar, fertilizar, sembrar, plantar, regar, remover, cavar y profundizar, propios del campo, pueden emplearse también para definir la labor poética.

Esta palabra no ha sido pronunciada contra los dioses; esta palabra y la sombra de esta palabra han sido pronunciadas ante el vacío, para una multitud que no existe.
Cuando la muerte acabe, la raíz de esta palabra y la hoja de esta palabra arderán en un bosque que otro fuego consume.
Lo que fue amado como cuerpo, lo escrito en la docilidad del árbol único, será consolación en un paisaje lejano.
Como la inmóvil mirada del pájaro ante la ballesta, así la palabra y la sombra de esta palabra aguardan su permanencia más allá de la revelación de la muerte.
Sólo el aire, únicamente lo que del aire al aire mismo transmitimos como testamento de lo nombrado, permanecerá de nosotros.
La luz, la materia de esta palabra y el ruido de la sombra de esta palabra.

Juan Carlos Mestre


4. El poeta arroja luciérnagas sobre las dudas. Debe hacerse mil y una preguntas y buscar en sus versos, o en los ajenos, las respuestas.
Pablo Neruda escribió El libro de las preguntas. Bernardo Atxaga le hizo “37 preguntas a su único contacto al otro lado de la frontera”. Benjamín Prado escribió un poema con el título de “Acertijo” que exige, del lector, las respuestas.

¿Qué poeta
comparó al humo con el Laocoonte?
¿Qué poeta escribió:
basta que alguien me piense, para ser un recuerdo?
¿Quién afirma que la última gota es siempre una lágrima?

Era una noche oscura.
Y volví a preguntarlo:

¿Quién escribió:
quiero morir de día, cuando aman los leones?
¿Quién escribió:
todo lo que no ha sido contado, es infinito?
¿Quién afirma
que el canto de los gallos sólo existe en los sueños?

Era una noche oscura
y nadie respondía.

¿Qué poeta
comparaba al diamante con el vuelo de un pájaro?
¿Quién oía la lluvia
caer como las gotas de una espada?
¿Quién escribió:
este vaso que yo bebo,
quedará eternamente vacío para ti?

Y quién llamó a las rosas música aprisionada.
Y quién dijo: -La mano que valía
para el amor,
también servirá para el odio.
Y quién dijo que sólo nuestras obras más puras
deberían unirse al séquito del pasado.

Aquel que me responda;
aquel que sepa
quién me robó cada uno de esos versos:
aquel será mi hermano.

Benjamín Prado. Iceberg

Y Gonzalo Rojas, una y otra vez, se preguntó qué se ama cuando se ama.


¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

“¿Qué se ama cuando se ama?, Gonzalo Rojas


5. El poeta es paciente. Aguarda a que los días maduren su cosecha. Pero no todos sabemos manejar el tiempo. No todos tenemos la suficiente serenidad para organizar nuestra prisa y nuestra espera.
Tal vez no pensemos en los agricultores que, año tras año, siembran las tierras para pasado un tiempo cosechar, o en quienes repueblan los bosques arrasados por las llamas con nuevos árboles, o en la generosidad del que planta un árbol centenario.
Escribir es un trabajo de reforestación permanente, una manera eficaz de dar forma a las semillas de nuestra imaginación. Pero para que el resultado sea satisfactorio, tenga sentido y sea verdaderamente natural, debemos ser pacientes.

Ni tu nombre ni el mío son gran cosa,
sólo unas cuantas letras, un dibujo
si los vemos escritos, un sonido
si alguien pronuncia juntas esas letras.
Por eso no comprendo muy bien lo que me pasa,
por qué tiemblo o me asombro,
por qué sonrío o me impaciento,
por qué hago tonterías o me pongo tan triste
si me salen al paso las letras de tu nombre.
Ni siquiera es preciso que te nombren a ti,
siempre nombran la luz del mediodía,
la fruta, el paraíso
antes de la expulsión.


Amalia Bautista, Luz del mediodía


6. Cada poeta esconde un propósito en su poesía. “No importa cómo es un poema / sino en quién te convierte” dice Benjamín Prado, “Preguntarme qué pienso de la poesía es preguntarme dónde / y cuándo un poema me salvó y de qué” afirma Marjiatta Gottopo. “Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser”. suscribe Vicente Huidobro. “Más de una vez he pensado que la poesía es algo que se excava mientras que la prosa es algo que se amontona, aunque esto no evite que haya prosa profunda y poesía del montón...” piensa en voz alta Javier Rodríguez Marcos, “Ser poeta no es una ambición mía: es mi manera de estar solo” confiesa Fernando Pessoa, “La poesía es un proyecto más que una definición, un iceberg del que ignoramos volumen y desplazamiento”, concluye Antonio Piedra.


La aparición del pájaro que vuela
y vuelve y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz,
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.

José Ángel Valente. El Fulgor


7. El poeta cree en la utopía y en la fuerza transformadora de los libros. Dijo Gonzalo Moure en una ocasión: “En esos ratos en los que creeréis que no es posible hacer nada, que no hay manera de avanzar, que no es posible ni siquiera encender la luz de uno solo de vuestros alumnos, de vuestros vecinos, de vuestros compañeros, todavía os queda una luz por encender: encender la luz de vuestra lámpara y leer un libro”.

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar

Eduardo Galeano

19.5.07

Salamanca, la negra


Hace días Canal 4 ponía en evidencia los dobles sentidos de los lemas de campaña del Partido Popular. Pero no sólo han descuidado, desde hace mucho tiempo, sus palabras sino también su imagen. Si paseáis por la Avenida de Villamayor, entre otras muchas de Salamanca, veréis que los reclamos electorales del PP, con Juan Vicente Herrera y Lanzarote sonrientes, están colocados en muchas farolas junto a señales de tráfico que prohíben girar a la derecha.

(Dedicado a Josetxu Morán, Fernando Saldaña, Victorino García Calderón, y a todos los que son o han sido víctimas de alguna forma de censura o lista negra)

En todas las ciudades hay un patio que ver, alguna casa, un niño enfermo, un gran hotel y dos o tres museos. En todas las ciudades hay una calle más, algún depósito, un medallón de Franco, cementerios caros, zonas azules, azafatas que miran con un silencio aéreo.
En todas las ciudades hay turistas, abogados, dictadores, legionarios de Cristo, transeúntes, chatarreros y mujeres sin prisa con los labios rojos.
En todas las ciudades hay borrachos y palomas y balcones con geranios y señoras de luto y culturistas y academias llenas y extranjeros.
Cada ciudad esconde tras de sí otra ciudad muy diferente. Y esa ciudad, de la que viven los cronistas de sucesos, tiene otra historia y otra vida y otros hombres que pagan sus impuestos o sus culpas.
Aquí también hay dos ciudades. La Salamanca culta y limpia de los folletos de turismo. La muy noble, leal, apacible y hospitalaria. La Salamanca blanca. La renaciente maravilla de Unamuno. La que alentaba el corazón de los tenderos y los estudiantes con las muchas industrias de sus gentes y su historia, hija de la imaginación, la magia y la literatura. La del alto soto de Torres. La que vivía del arte y para el arte. La que nació de un sueño.
Y la oculta e impía. La negra. Esa otra ciudad sumergida que se obstina en vivir y morir cada minuto. La que, después de muchas páginas –algunas casi vírgenes en las bibliotecas- decidió olvidar su historia y vivir de las rentas. La que enseña sus escrúpulos y no deja dormir a los que sueñan. La Salamanca del hambre y la miseria, la violencia, el abandono y la incultura. La Salamanca derrotada por el tiempo; la que es mercado de saberes y de encuentros, de sueños urbanizados, de una cultura importada; la que empaña el color de las postales; la vendedora de noches y de piedras; la que calla y otorga. La Salamanca de postín y de fachadas. La del alto soto de grúas. La Salamanca Sociedad Anónima. La de los pueblos fronterizos. La Salamanca de las inmobiliarias. La de los bandos. La de charanga y pandereta, la derruida, la ostentosa, la sucia, la negra.
Aquella otra, la de la copla, era mantenida por cuatro carboneritos de los que entonces llegaban de la sierra con el mineral para ayudar a pobres y estudiantes a vencer el frío La negra, en cambio, se mantiene sola, intacta, ajena a la cultura y al pasado. Lejos de toda pretensión. La Salamanca que impone sus leyes, la que subyuga, la que invita al destierro, la de los medios que consienten, la de los fines ilícitos, la de los pícaros, la de los ciegos, la que censura a quienes la defienden.
Hay ciudades de vivos y de muertos, ciudades con historia y con futuro. Y hay ciudades (adiós, señor alcalde) que aprenderán un día. Ojalá que el 27 sea ese día.

7.5.07

A veces ocurren cosas


Ballobar es un municipio de la comarca del Bajo Cinca en la Provincia de Huesca. Un lugar apacible y lleno de vida donde tractores y libros cultivan, por igual, tierras y habitantes. Allí, junto al río Alcanadre, a veces ocurren cosas.

Todas las semanas un grupo de ballobarinas se reúne para leer y compartir su afición por los libros, hábito que, desde hace más de diez años, forma parte de sus ocupaciones diarias y que llevan a la mesa de sus casas como el pan diario.
Alegría, carnicera del pueblo y según Gonzalo Moure auténtica metáfora de Ballobar, es una lectora comprometida y un derroche de júbilo. Al igual que el resto de madres y abuelas que leen juntas, su deseo es contagiar a jóvenes y niños su entusiasmo y hacer posible un mundo mejor. “Más libros, más libres”, dice Moure.
Si atendemos al significado de la palabra “labrar”, podemos considerar la literatura y la ilustración como aperos típicos del pueblo. Porque labrar es trabajar, hacer, formar algo y hoy, Ballobar, es un referente para muchos otros lugares donde la lectura, relegada al ámbito de lo personal, quiere ser un fenómeno colectivo.
Hace apenas unas semanas concluyeron las III Jornadas Aragonesas de Bibliotecas y Promoción de la Lectura y la Escritura en esta localidad. Bibliotecarios, Escritores, Maestros y lectores de todas partes de España pusieron en común sus cosechas literarias. Dichas jornadas, impulsadas por Carmen Carramiñana y Mercedes Caballud con ayuda de Gonzalo Moure, Mariona Martínez, Samuel Alonso y Antonio Martínez, son prueba del compromiso y el esfuerzo diarios por acercar la literatura a la familia, la escuela y la biblioteca de forma activa y duradera.
Y en este empeño maravilloso colaboran madres e hijos, abuelos y nietos, maestros y alumnos, bibliotecarios y lectores. Cada cual aporta su experiencia de vida, su herencia literaria, su trabajo.
Todo en las jornadas pasa por las manos de la gente: desde las presentaciones en las mesas redondas hasta la intendencia. Un claro ejercicio de entrega y generosidad que emociona a todo el que se acerca hasta allí, una gran fiesta (que no feria) del libro sin ninguna pompa ni oficialidad. Una sueño cumplido y aún por madurar.
Humildad, cercanía, cariño, espontaneidad y voluntad conforman el índice de ese gran libro abierto que es Ballobar y del que acabo de leer y vivir el primero de los capítulos.

5.5.07

Bicicletas para el recuerdo


El Comité de Bici Urbana de Salamanca "Guardabarros", junto con Amigos de la Bici, Ecologistas en Acción, la Univeridad de Salamanca y la Fundación de Iniciativas Locales han elaborado un completo programa de actividades en torno a la bici: cineforum, paseo reivindicativo, visitas culturales, desayunos para los usuarios, fiestas, recorridos en bicicleta por la ciudad y provincia y varias exposiciones.

Yo he tenido el placer de colaborar con ellos, gracias a Almudena, seleccionando los textos que acompañan a las bicicletas expuestas en la Facultad de Geografía e Historia con el título de Bicicletas para el recuerdo, cedidas para la muestra por la Fundación Gómez Planche.


VA SOBRE RUEDAS

"¿Por qué en los días de lluvia cruza una bicicleta
en silencio por nuestro corazón?”

Ángel González


La bicicleta, nadie puede negarlo, es el medio de locomoción que mejor evoca nuestros recuerdos de infancia. Subirse a una bicicleta, después de muchos años sin hacerlo, es subirse a la palabra nostalgia. De repente recordamos mil y una historias, mil y una caídas, el día en que aprendimos a montar sin ayuda de nadie ni accesorios, el día en que aprendimos a pedalear sin manos o el día en que abandonamos, en el pueblo, nuestra bicicleta.
Muchos directores de cine, cantautores, poetas, fotógrafos, artistas plásticos han visto en la bicicleta un auténtica pieza de arte. No vamos a hacer aquí inventario de todas ellas. Basta únicamente teclear en google la palabra “bicicleta” para tomar conciencia de hasta dónde ha sido capaz de llegar con sus pedales este vehículo y de cómo muchos usuarios, como dice Mario Benedetti, decidieron “dejarse media vida en los pedales de la bicicleta”.
Sería interesante que todo artista incluyera en su repertorio la bicicleta. Y sería aún más interesante que las bibliotecas les dedicaran alguna guía bibliográfica o alguna sección.
Queremos que estas bicis con historia y muchos recuerdos, formen parte de vuestras vidas. Que os evoquen vuestras propias historias. Que os animen a compartir vuestros sueños.
En muchos de estos escritores se advierte una admiración personal por la bicicleta, otros incluso se sienten comprometidos con las Asociaciones que defienden su protagonismo en la ciudad. Miguel D’Ors, incluso, llegó a escribir, pedaleando, algún que otro poema.
Julio Cortázar nos recuerda, señalando a Horacio: “Más cosas hay en una bicicleta de las que imagina tu filosofía”. Nosotros hacemos nuestra esta idea para invitaros a imaginar las historias que callan cada una de estas bicicletas: cuántas manos, piernas, miradas, ideales habrán movido la cadena de cada una de estas bicicletas. Una de ellas, diseñada por Schindler, tal vez salvó del holocausto a algún judío. Otra paseó a más de una mujer, sin temor de que sus finísimos vestidos se engancharan en los radios. Otra enseñó a más de una pareja a ver la vida en común. Otra avivó la ilusión en muchos niños de ser auténticos caballeros. Otra tal vez sirvió de utilidad a algún limpiacristales. Y otra enseñó, a más de una mirada, que la imaginación también se asienta sobre una bicicleta.
Bicis curiosas, raras, con historia que alientan nuestra fantasía y nos invitan a pensar en una ciudad de verdad donde todo puede ir sobre ruedas, o donde, tal y como dijo Benedetti en un poema, “los concejales vayan en bicicleta / del otoño al verano y viceversa”.

Estos son algunos de los textos:


APARICIÓN

Los talleres, el lento despertar
de un motor que preludia el desencanto.
Comienza el barrio a hablar.
Sudor y contrabando.
Bajo un lunes de plomo, la ciudad
grita lo que se veden.
Aliento gris, colmillos de cristal;
así vive la gente.
Pero dejemos ya
de traficar con la tristeza;
entre tanta magnolia de alquitrán,
tú en bicicleta.

Ramón Repiso
Colchonería moderna



ODA A LA BICICLETA

Iba
por el camino
crepitante:
el sol se desgranaba
como maíz ardiendo
y era
la tierra
calurosa
un infinito círculo
con cielo arriba
azul, deshabitado.

Pasaron
junto a mí
las bicicletas,
los únicos
insectos
de aquel
minuto
seco del verano,
sigilosas,
veloces,
transparentes:
me parecieron
sólo
movimientos del aire.

Obreros y muchachas
a las fábricas
iban
entregando
los ojos
al verano,
las cabezas al cielo,
sentados
en los
élitros
de las vertiginosas
bicicletas
que silbaban
cruzando
puentes, rosales, zarza
y mediodía.

Pensé en la tarde cuando los muchachos
se laven,
canten, coman, levanten
una copa
de vino
en honor
del amor
y de la vida,
y a la puerta
esperando
la bicicleta
inmóvil
porque
sólo
de movimiento fue su alma
y allí caída
no es
insecto transparente
que recorre
el verano,
sino
esqueleto
frío
que sólo
recupera
un cuerpo errante
con la urgencia
y la luz,
es decir,
con
la
resurrección
de cada día.

Pablo Neruda
Tercer libro de las odas


I

Un ángel checo pasea en bicicleta.
Conduce despreocupado.
Le persiguen dos caballos.
Por unas cuantas monedas
-muchas menos de treinta-
lleva tu carta en la mano,
deja mi amor en tu puerta.

Ángel M. Gómez Espada
Un amor checo



NOS AMAMOS EN UNA BICICLETA


Ayer tú y yo, en un solo beso para la vida,
en el amor que nos conoció a los quince años
y yo pedaleando para un nunca llegar tarde a tu corazón.
Fuimos nosotros los que inventamos el beso en una bicicleta,
la edad de las miradas con un cuaderno en la mano.
Fuimos nosotros, los que sin respirar, nos cansamos de viajar,
y ayer, sólo ayer, las calles dicen: Allí van, son ellos!,
pero fue tan rápido que pedazo a pedazo nos despedimos.
Tú y yo, querida, ahora quizás dónde, dónde volveríamos a rodar,
dónde volveríamos a comandar dos ruedas como a un barco,
dónde volveríamos a conquistar los mundos con un sueño.
Eso no me importa, porque en mi memoria tengo un niño despierto,
llevo a ese revoltoso quinceañero en los dedos del alma,
tengo aún, eso años diminutos como zapatos de liceano.
Entonces, será a las siete, te pasaré a buscar como cochero
subirás en mi caballo veloz con rayos de aluminio,
dispuesta a saltar a la gloria al besar cada calle,
recostándote en cada parada para retomar las fuerzas.
Entonces, será a las siete, cuando llegue a tu casa,
salgas a recibirme como ansiosa de la nueva carrera.
Entonces, son las siete y recuerdo tu mano en la mía,
riendo del pedaleo en mañana y tarde,
cuando nos amamos en una bicicleta sobre la vida,
cuando se me vienen los quince felices años,
ahora que son más, sin bicicletas ni sueños.

Santiago Azar
Canto a la Colorina y otros poemas


DE LO QUE CONTESÇIÓ AL ARCIPRESTE CON LA SSERRANA BICICLETA E DE LAS FIGURAS DELLA


La habría el Arcipreste amado a la bicicleta con gozo nupcial, la habría en cada cuerda acariciado, deseado por vedette piernilarga en el carrousel de aqueste gran fornicio que es la Tierra, profundizado con ciencia de aceite por máquina suntuosa, pedaleado hasta el paroxismo olor a fucsia en la fermosura de la moza.
Montado así en arrebato tan desigual cómo hubiérala nadado con arte esquivo haciendo uno timón y manubrio sin saber por dónde desembarcar, alazana como es la imantación de la seda entre rueda y muslo, cómo por medieval que parezca el gallo y la cresta del mester del gallo, bodas hubiera habido por el suelo de algún Don Arcipreste abrupto que otrora fuera carnal y sacramental, bodas con
extremaunción y alambre, bodas de risa con misa y otras astucias, ¿quién lo manda a desear la costilla de su prójimo, a verdear con cualquier loca por allí, a andar viendo mujer en cada escoba con joroba?, ¿aluminio donde no hay más que exterminio?, ¿quería maja? Bueno, ahí tiene mortaja

Gonzalo Rojas


A UNA CICLISTA

Por la calle se desliza
la pérfida bicicleta. Jorge Guillén

Entre autobuses, entre corazones,
entre los olmos, entre los vallados,
entre almas atónitas, por puentes,
exhalada tu firme bicicleta.
Te sigue el río de la carretera,
tierno su duro arbitrio conmovido,
respondiendo a tu llanta con lamentos:
Te pierdes. No te pierdes. Te persigo.
¡Qué júbilo sin prisa en lo que es llano!
¡Qué salto en los collados repentinos!
¡Qué dejarse caer por las cañadas,
exhalada tras ti, la carretera!
Siguiéndote va, helada, cuando tuerces,
y ¡qué lento suspiro cuando un valle te traga,
qué alto grito cuando una loma justa te devuelve!
Bella ciclista,
tu ave de pedales conduces por un aire de jardines,
de prados, aguardando entre los troncos
a que estalle final la primavera.
El viento en tus oídos te proclama
única emperatriz de los ciclistas.
Te persigue, te pide los cabellos;
tú se los das y te los va peinando.
-«Nadie me espera, nadie me despide;
mis cabellos y el viento, los pedales,
los troncos y los ríos so los puentes;
sin partida o llegada, siempre voy.»
Siempre va, siempre va, aunque suspiren
árboles melancólicos, y lloren
los ojos de los puentes ríos de llanto.
No pesa el corazón de los veloces

José Antonio Muñoz Rojas


CAPERUCITA BLANCA

El vendedor de bicicletas se adentró en el bosque. El otoño también.
Los animales más tímidos saludaban alegres al paso de un furgón desvencijado que dejaba en el aire un sonido metálico. En el barro, unas huellas extrañas de animal mitológico advertían del paso del depredador.
Aquel rugido ronco de motor oxidado y el extraño graznido del claxon alborotaron el color del bosque.
La paz de aquel paisaje –dormida en el colchón de hojas de eucalipto– sacudió su silencio, agitó el plumaje y voló en estampida.
Al fondo del bosque siempre hubo una casa: tejado de pizarra con varias sumas y fracciones aún por resolver, puerta de forja, pared de adobe, ventanas de pavés y chimenea altísima.
En el jardín, en medio de los caracoles, una joven desnuda recogía la ropa de la cuerda curtida por el sol.
Una abuelita escondía la mirada entre las páginas de un cuento mecida en el columpio del jardín.
–Buenos días, señora –dijo el vendedor de bicicletas después de salpicar sobre las flores el café de los charcos, y prosiguió su camino a lomos del vehículo.
–Hoy vamos a ir a visitar al lobo –dijo la joven, ahora vestida.
–Hoy –repitió la abuela.
–¿Qué tal estoy? –preguntó la joven haciendo girar su vestido blanco, lleno de margaritas.
–Muy hermosa –contestó la abuela sin levantar los ojos de aquel libro.
–Hoy es un día grande –gritó la niña.
Minutos después, abuela y niña, cabalgaron en sus bicicletas por el bosque silbando una canción azul.
–La ciudad nos aguarda, hijita.
En la cestita de su bicicleta, la abuela había colocado con extremo cuidado varias docenas de huevos y un ramo de magnolias frescas.
Pronto llegarían a la ciudad, donde los altos hornos de las fábricas dibujaban sobre el cielo extraños árboles de humo.
–Ningún leñador –pensó la niña– sería capaz de abatir de un solo golpe de hacha aquellos duros troncos de las chimeneas.
Abuela y joven dejaron en la plaza sus cansadas bicicletas y pasearon de la mano hasta la iglesia. Una vez allí –era domingo–, la joven caminó vestida de princesa hasta el altar.
–Buenos días, señor Lobo.
–Buenos días –contestó amenazadoramente el señor cura.
–Buenos días –dijeron todos los presentes, incluida una niña pálida con sus siete amigos.
Afuera, en la calle, aguardaba el futuro. Tal vez uno de esos finales con perdices y un cohete saliendo por una de las chimeneas.
Junto a las escaleras de la iglesia, relucientes como insectos de domingo, pastaban en la hierba ocho bonitas bicicletas.

Raúl Vacas
Inédito


Podéis hacernos llegar vuestros textos sobre bicicletas a guardabarros@hotmail.com

1.5.07

Mil palabras?

¿Una imagen vale más que...

La poesía visual nos enseña a mirar las cosas de otro modo, a poner en marcha la imaginación, a unir y desunir las piezas invisibles del puzle de la fantasía. Tal y como hacíamos cuando éramos niños. ¿Quién no veía una espada donde sólo había un palo? ¿Quién no imaginaba una hermosa casita donde sólo había unos cuantos cartones? Siempre que la mirada creativa o narrativa entre en juego, el resultado tendrá mucho de poesía visual. La ambigüedad, el humor, la ironía, la crítica, la belleza, la imaginación, la sorpresa son ingredientes fundamentales para construir con imágenes y con palabras.
Los días 17 y 18 de abril realicé dos Talleres de Poesía Visual en el IES Mateo Hernández de Salamanca. Ambas actividades se completaron con una pequeña muestra de poemas visuales propios (20 piezas) en la Biblioteca del instituto.
Antes de recorrer la exposición, los alumnos debían leer un pequeño folleto en el que decía: "Pasa al interior y mira con atención cada pieza. Bajo la aparente simplicidad puede esconderse un pensamiento. No juzgues los objetos. Trata de buscar sus conexiones, de imaginar la historia que callan o que cuentan y de averiguar si una imagen vale más que mil palabras. Hay muchas interpretaciones posibles. Busca la tuya propia. Coge un folleto y anota, junto al número que corresponde a cada una de las piezas, un título sugerente (hay tres piezas que ya lo llevan). Piénsalo con calma. No escribas cualquier cosa. Trata de esforzarte. Cuando hayas reunido los diecisiete, escribe tu nombre y apellidos y el curso en el que estás, dobla la hoja y déjala en la pequeña urna de plástico.El mejor trabajo recibirá como premio un ejemplar del libro Consumir preferentemente."

Cerca de 90 alumnos realizaron la tarea. La ganadora fue María Benito Pérez, de 2º E.
A continuación podéis ver algunas de las piezas con los títulos que eligió María:



La llama del amor


Todo envejece


La sangre de Cristo


¿Pájaros imbéciles?



Fotosíntesis



Gracias a todos los alumnos por su interés y su participación. Gracias a Joan Brossa, Chema Madoz, Francisco Pino y Antonio Gómez, entre otros, por enseñarnos a mirar.

Y gracias a Conchita; la directora, a Rosa Ramajo y a Amparo Herrera, por su inagotable entusiasmo.

26.3.07

Guerra, S.L.



En recuerdo de los 4 años de Guerra en Irak


Alguien ha expropiado el corazón del hombre. Alguien que ha pronunciado en vano el nombre de la Paz, que ha adorado a becerros y a tiranos, que ha abanderado sin bandera la palabra guerra, que abandonó su piel y sus escrúpulos para venderse al odio y al petróleo.

Alguien ha calculado en vidas su venganza. Alguien que, ajeno a la razón y al miedo, se ha lavado las manos con la sangre futura y ha negado las voces que defienden la vida. Alguien que ha propiciado el crimen y la rabia.
Por eso, y porque el sueño y el deseo de la Paz aún tienen luz y defensores (a pesar de la guerra), os pido que gritéis todos los días como el que siente cerca el ruido del disparo.
No permitáis que el mundo se resuelva a nuestra espalda. No consintáis el uso de la vida en manos del verdugo. No admitáis el fracaso y la desesperanza. No os conforméis con detonar el grito. No toleréis que el pulso de los hombres se discuta con armas y resoluciones, que la muerte sea excusa o garantía para librar al hombre de otros hombres, que la fuerza se imponga a la cordura.
No alentéis a los hombres que olvidaron un día la palabra amor. No abráis la puerta al lobo de las pesadillas. No sostengáis el peso de la destrucción y el frío. No apuntaléis los sueños abatidos ni mostréis la verdad y las heridas sin dignidad y arrojo. No enmascaréis al ogro de los cuentos para hacerlos más tibios e inocentes. No silenciéis a aquellos que negocian el precio de la vida, a aquellos que ahuyentaron los sueños de los débiles, a todo el que declara la renta de sus balas. Nunca honréis a la muerte como a vosotros mismos. Nunca rindáis el grito y la saliva. Nunca juzguéis al hombre que saneó su juicio. No admitáis eufemismos ni chantajes. No calculéis la angustia y el abismo que separa al relámpago del trueno, al grito de las bombas, a la muerte del sueño y de la luz.
Tal vez un día el corazón del hombre –a punto de pudrirse– madure y se haga dulce como un beso. Tal vez la vida no cierre sus puertas esta primavera por defunción o miedo. Tal vez los hombres y mujeres que soñaron dormidos una madrugada –a pesar de las bombas y sirenas– no pierdan nunca la esperanza. Tal vez no pierdan nunca las palabras. Tal vez no pierdan. Tal vez no. Tal vez.
No a las armas. No a las imposiciones. No a las mentiras. No al terrorismo. No a los bastardos unidos. No a las dictaduras. No a la guerra.

(Artículo publicado en el libro Al fondo a la derecha.)

La verdad



Nunca como ahora la verdad fue tan maleable y estuvo tan devaluada. La verdad del que jura con solemnidad ante el juez. La verdad del periodista que cree en la cláusula de conciencia. La verdad dialéctica del parlamentario. La verdad que nos ha de hacer libres, como profetizaba San Juan.

Hoy, la verdad verdadera es tan sólo el eslogan de una compañía de móviles. Poco más.
Una y otra vez se invoca a la verdad desde la duda y la mentira sin importar su verdadero valor o su constitución, únicamente sus consecuencias. Una y otra vez las medias verdades, o las mentiras, se enarbolan con fines políticos o partidistas. Una y otra vez dudamos si la verdad ya es únicamente patrimonio de niños y borrachos. Se cree y se confía en la verdad como castigo (verdades como puños que golpean) o como prueba testifical, pero nunca como valor añadido.
La verdad está en boca de todos pero no en el ánimo, el corazón o la mente. El desuso o la mala utilización que hacemos de ella ha conseguido destruir su inmutabilidad. La verdad ya no es indubitable.
Dice el refranero que “la verdad más firme, surge de una mentira solidamente repetida” ¿Es esta verdad la que nos hará libres? ¿Es ésta la verdad que esclarece? ¿Qué uso hacemos, individual o colectivamente, de la verdad?
Ahora se impone el rumor, la ambigüedad, la falacia, la confusión. Y a medida que avanzan las discusiones ―señala de nuevo el refranero― retrocede la verdad.
Todos, de un modo u otro, hemos faltado en alguna ocasión a la verdad para obtener un pequeño favor o un beneficio, para defendernos de la opinión mayoritaria o para salir indemnes o con éxito de una situación difícil. Mentimos, si es necesario, para encubrir o defender a un amigo, o incluso para regalarle los oídos: “Si dices las verdades, pierdes las amistades”, insiste de nuevo el refranero. Pero ahora el uso es indiscriminado. Ahora cualquiera puede arrogarse con aquello de “Yo soy la verdad”.
Y hay quien se acostumbra a la mentira y la prefiere, aunque piadosa, a una verdad.
“Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera... pero ella prefería escuchar mentiras piadosas”, canta Sabina.
Nunca la verdad estuvo tan devaluada. La verdad de los políticos y de los curas. La verdad de los editoriales. La verdad del tomate. La verdad de la máquina de la verdad. La verdad de los jueces. Y hasta la verdad de Perogrullo.
A decir verdad ya pocos creen en la verdad.

Artículo publicado en el semanario "Avuelapluma"

4.2.07

Las manos


Tal vez lo más valioso de mi cuerpo sean las manos. Unas manos que se aferran al cuerpo y que conocen la caricia exacta, el apretón sincero.

Me gustan las prendas hechas a mano, las palabras manoseadas, las manos capaces de hacer magia, las manos que operan, los mano a mano.
No me gustan las manos que manipulan, ni las manos de hierro, ni las manos largas o las manos blandas como las de los hombres sin hueso ni los besamanos.
Me gustan las manos limpias, las manos llenas de chapapote, las manos pintadas solicitando el vuelo de la paz, las manos que hacen música en el manubrio, la mano izquierda.
No me gustan los que roban a manos llenas, los que untan la mano, los que se traen entre manos maniobras extrañas, los que levantan la mano (y no para hablar). No me gustan las bombas de mano.
Me gusta ser mano en el juego, echar una mano, estar siempre a mano, ponerme en buenas manos. Me gusta la mano que mantiene, la mano que masturba, la mano que manufactura, la mano bien metida en la falda, la mano que da vida a unas sombras, el equipaje de mano.
No me gusta echarme las manos a la cabeza, la mano dura, ir de mano en mano como la falsa moneda, ni llegar a las manos o a manotazos. Y tampoco me gusta estar a trasmano.
Me gusta tener siempre a mano un periódico para buscar, en los anuncios por palabras, alguna oferta de segunda mano: se necesita mano de obra para construir un sueño a medida. Se ofrecen manos para manicura. Empresa líder en el sector busca amanuense para escribir un manifiesto contra la mano siniestra. Recibimos con la mano abierta, de antemano. Abstenerse todos aquellos que se lavan las manos.
Pero también te quiero a ti por tus manos. Y con la mano en el corazón, y con palabras de Benedetti, te pediría una y otra vez la mano: “Tus manos son mi caricia / mis acordes cotidianos / te quiero porque tus manos / trabajan por la justicia”
(A los amigos de “A mano cultura” de Salamanca)


Fotografía: Pedro Pablo Sara

Publicado en el semanario "Avuelapluma" de Cáceres